En unos EE.UU. post-apocalípticos azotados por una terrible plaga que ha convertido a gran parte de la población en vampiros, un joven huérfano y un
veterano cazador de vampiros emprenden una peligrosa y dramática
ruta hacia Canadá en busca de un lugar para sobrevivir ajeno a la
enfermedad y a la locura.
En esta época tan dura que nos ha tocado vivir, donde unos pocos osan mancillar la historia del cine con historias sobre vampiros que van al instituto diurno e incluso brillan ridículamente cuando la luz del sol les baña, se agradece que alguien propine un puñetazo sobre la mesa y retrate a estos seres de leyenda como lo que siempre han sido: criaturas de la noche capaces de cualquier cosa con tal de llevarse a los labios la dosis de sangre humana necesaria para saciar su irracional sed. Así, dirigida y co-escrita por Jim Mickle, Stake Land constituye un retrato digno de la parte más salvaje del mito vampírico y una propuesta sobria y solvente muy a tener en cuenta en los tiempos que corren, ofreciéndonos el lado más duro y realista posible sobre el mito del vampiro.
Ambientada en un futuro apocalíptico en el que la humanidad ha sido diezmada por una epidemia que transforma a los humanos en vampiros, la historia nos muestra el viaje en pos de la supervivencia que emprenden Mister (Nick Damici), un cazavampiros que recorre los EE.UU. rumbo Canadá exterminando el mayor número de criaturas posibles y Martin (Connor Paolo), un chaval al que acaba de salvar la vida y con el que establecerá una especie de relación paterno-filial, al mismo tiempo que le alecciona con los conocimientos necesarios para sobrevivir en medio de semejante caos. Además, no sólo se enfrentarán a los chupasangres y a la plaga que ha acabado con gran parte de la población, sino también con los restos de una civilización decrépita en la que los caníbales y La Hermandad -una especie de secta religiosa ultracristiana- suponen un peligro a tener muy en cuenta.
Muy convincente la interpretación de Nick Damici -que además es co-guionista- creando un cazavampiros duro y carismático, sin rasgos estridentes en su carácter, y correcta la réplica del joven Connor Paolo, quizás con menos fuerza pero sí con cierta evolución en su personaje. Los personajes femeninos que interpretan Danielle Harris y Kelly McGillis no hacen sino aumentar de una forma u otra el dramatismo y la crudeza de la historia, la primera -una emergente nueva scream queen- interpretando a una joven embarazada y la segunda -veterana conocida por ser la protagonista femenina en Top Gun (1986)- en el papel de una monja.
La historia trata de ir más allá del simple hecho de la plaga de vampiros -de hecho podrían haber sido zombies perfectamente- y pretende ofrecernos una panorámica dramática de las relaciones entre los supervivientes y su deteriorada situación en mitad de semejante marco apocalíptico. Esa mirada con cierta profundidad sobre el sufrimiento y el titubeante estado de la ética y la moral se me antoja bastante acertada y necesaria para lograr un resultado diferente. Evidentemente, no llega al grado de crudeza que alcanzó John Hillcoat con La Carretera (The Road, 2009), pero es de agradecer que trate de ofrecernos otro punto de vista menos frenético pero sí más humano y realista dentro del género de películas post-apocalípticas con criaturas terroríficas -e incluyo humanos en la ecuación- de por medio. Además, tiene cierto bouquet a road-movie y, por qué no decirlo, algo de western crepuscular, cosa que se agradece.
De presupuesto ajustado pero convincente -el maquillaje de los chupasangres está muy logrado, al igual que los efectos especiales en las escenas de acción-, Stake Land no tiene nada que envidiarle a producciones similares que han dilapidado una inversión sensiblemente superior, y aunque no deja de ser una amalgama de géneros que no brilla por su originalidad, sí que lo hace por sus ganas de destacar a base de seriedad, sobriedad y sinceridad y por su capacidad de hacer reflexionar al espectador sobre qué hacer o qué no hacer en una situación igual de catastrófica. Aquí, por suerte, lo único que brilla es la sangre a la luz de la luna.
En esta ocasión la dirección corre a cargo del dúo formado por Måns Mårlind y Björn Stein, y lo más preocupante, a priori, es el hecho de que el guión ha sido escrito por hasta seis personas diferentes, lo que suele ser síntoma de no haber tenido las cosas demasiado claras a la hora de articular un hilo argumental potable. De momento, y para ir abriendo boca y como ejercicio para hacernos una idea de lo que nos espera, os dejo con el trailer en castellano:
Serie del Año, al menos en lo que a mí respecta. Esa es lo primero que me viene a la cabeza cuando toca hablar de American Horror Story, el último producto surgido de la estrecha colaboración entre Ryan Murphy y Brad Falchuk, el dúo que ya fue responsable en su día de la transgresora Nip/Tuck, A Golpe de Bisturí (2003-2010). Ambos han concebido un producto totalmente innovador en el panorama televisivo de los últimos años -ellos mismos lo definen como un thriller psicosexual-, una apuesta arriesgada que trata al mismo tiempo de entretener, transgredir, sorprender e incluso atemorizarnos un poco. Y lo han conseguido con una propuesta que por momentos ha rozado lo grotesco y lo subversivo, pero que te cautiva desde el primer episodio y no te abandona ni siquiera después de que hayan desfilado ante tus ojos los créditos finales del decimosegundo y último capítulo que cierra esta primera temporada con la que he disfrutado como un enano con la familia Harmon y su experiencia en "la casa del crimen".
La serie de culto del año nos cuenta la historia de Ben (Dylan McDermott) y Vivien Harmon (Connie Britton), una pareja de Boston que después de sufrir en su matrimonio un par de contundentes mazazos -ella sufre un aborto traumático y él le es infiel tras esta desgracia con una de sus alumnas...- se mudan a una mansión en las afueras de Los Angeles con la intención de empezar de cero y salvar así su relación. Les acompaña su hija Violet (Taissa Farmiga), una atormentada adolescente situada en el ojo del huracán provocado por las diferencias entre sus progenitores. Pronto conocerán a su vecina, la inquietante Constance Langdon (una inmensa Jessica Lange), una mujer que parece conocer a la perfección los extraños sucesos que han tenido lugar desde hace años en la mansión recién adquirida por los Harmon. Los dos hijos de Constance, Adelaide (Jamie Brewer) y Tate (Evan Peters), empezarán a convertirse en asiduos visitantes de la mansión, hasta el punto de que Tate Langdon se erigirá en un personaje clave para el devenir de esta primera temporada, con un carisma y una personalidad psicopática realmente arrolladora e hipnótica que cuenta a su favor con la fascinación que provoca lo prohibido.
Vivien, Ben, Constance, Larry, Violet, Tate y Frances en sus dos versiones...
Moira O'Hara se establece como el ama de llaves de la mansión, constituyendo un personaje que también tiene mucho que contar sobre la historia de la "casa del crimen". Curioso personaje, pues la criada aparece como una mujer de avanzada edad (Frances Conroy), aunque Ben la mira con otros ojos y ve en ella a una ardiente y provocadora asistenta (una guapísima Alexandra Breckenridge). El extraño Larry Harvey (Denis O'Hare) también se convertirá en una presencia asidua de la casa, así como Hayden (Kate Mara), la esquizofrénica alumna amante de Ben Harmon; o antiguos propietarios como Chad (intervención especial de la mano de Zachary Quinto), Nora (Lily Rabe) y Charles Montgomery (Matt Ross).
Aunque el argumento de American Horror Story gira en torno a la historia de la familia Harmon y sus interacciones con la extraña mansión a la que se mudan, a lo largo de la temporada hemos asistido a cómo dicho argumento bebía de una infinidad de fuentes que le han convertido en un pastiche único construido a base de elementos de diversa índole: un generoso número de asesinatos y situaciones escabrosas varias; sangre, vísceras y gore en cantidades no habituales en la pequeña pantalla; fantasmas, espectros y otras apariciones del más alla; grandes dosis de erotismo y sensualidad e incluso pinceladas de sadomasoquismo -Rubber Man!-; ciertos escarceos con el thriller policíaco y el drama familiar; numerosas referencias a la cultura popular del terror y las leyendas urbanas norteamericanas; y, en definitiva, situaciones y planteamientos perturbadores que, aunque nos pese, apenas tienen cabida hoy por hoy en el cine o la televisión actual. Todo ello hace que la serie resulte entretenida, descarada y atrevida, aunque no todo son virtudes y es cierto que algunos flecos del guión quedan sueltos o torpemente hilvanados, y que incluso su desenlace se me ha antojado ciertamente precipitado y algo forzado. Si hubieran seguido con el tono transgresor que han enarbolado durante toda la temporada y hubieran concebido un final apoteósico, estaríamos ante una de las grandes temporadas de debut en lo que a series se refiere de la historia. Ahora nos queda esperar a la segunda temporada para descubrir qué nos tienen preparado el dúo Murphy/Flalchuk, del que podemos esperar cualquier cosa, al igual que ocurre con American Horror Story, ya que cuando parece que nada más puede pasar, ocurre. Y vaya si ocurre...
Nuestra scream queen de hoy comenzó su carrera llamando la atención desde las páginas de Penthouse, revista en la que consiguió ser chica del mes en julio de 1981. A partir de ahí empezó a ejercer de doble de cuerpo en algunas películas y comenzó una breve carrera en el mundo del porno, apareciendo en cintas como Bad Girls (1981), Cafe Flesh (1982) o Pony Girl (1985), usando para ellos seudónimos como Pia Snow o Kim Bittner.
Aunque a finales de los '90 aseguró que se retiraba del mundo del cine para dedicarle más tiempo a su familia, volvió poco después para seguir formando parte, aunque esporádicamente, del mundillo del cine, ese que le otorgó la fama además del respeto de los directores que contaron con ella y del cariño de innumerables fans.
Justo ayer echábamos un vistazo al primer póster de The Cabin in the Woods (2011), dirigida por Drew Goddard y escrita en colaboración con Joss Whedon, y ahora es el turno de degustar el primer trailer de un film de terror que comienza a estar en boca de todos cuando aún faltan unos meses para su estreno.
El avance no revela prácticamente nada de su verdadero argumento y sí que deja bien claro que estamos ante una propuesta arriesgada, un cóctel de sensaciones y mezcla de géneros que, la verdad, puede dar mucho de sí. Ahora sólo falta confirmar las buenas sensaciones que está despertando cuando se estrene en la primavera del próximo 2012.
El debut tras las cámaras de Drew Goddard se estaba haciendo de rogar, y The Cabin in the Woods llegará a las pantallas de todo el mundo el próximo 13 de abril de 2012, con más de dos años de retraso. Escrita por el propio Goddard en colaboración con Joss Whedon -el director encargado de reunir a Los Vengadores-, la historia no parece aportar a priori nada nuevo al género de terror. Una cabaña en el bosque y un grupo de adolescentes son el punto de partida de una historia cuya escueta linea argumental reza lo siguiente: Un grupo de amigos van a una remota cabaña en el bosque. Pasan cosas malas. Si crees que conoces esta historia, te equivocas.
Los rumores apuntan a que la cinta supondrá una pequeña revolución dentro del género de terror -la verdad es que no vendría nada mal- y contará para ello con un reparto integrado por Chris Hemsworth, Jesse Williams, Richard Jenkins, Bradley Whitford, Kristen Connolly, Anna Hutchison o Brian White entre otros. Además, si echamos un vistazo en IMDB al reparto, encontraremos que hay personajes en la película con el nombre de Nosferatu, The Clown, Zombie, Goblin, Werewolf o Merman, todos ellos personajes recurrentes dentro del género de terror.
Habrá que esperar a la próxima primavera para ver si el continuo retraso de su fecha de estreno ha merecido la pena y para comprobar si realmente es un soplo de aire fresco para el género. De momento, tenemos un póster realmente muy logrado en el que esa cabaña del bosque en protagonista absoluta.
El director británico Ken Russell nos dejó ayer 27 de noviembre a los 84 años de edad mientras dormía. Russel, nacido en Southampton el 3 de julio de 1927, comenzó su carrera en el mundo del cine y de la televisión ejerciendo como cámara para la BBC, antes de erigirse en uno de los directores más provocadores e innovadores desde finales de los '60, alcanzando cierto éxito con films como Mujeres Enamoradas (Women in Love,1969), con
Glenda Jackson —que ganó el Oscar a la mejor actriz principal—, Alan Bates y Oliver Reed, película por la que fue nominado al Oscar al Mejor Director
en la edición de 1971.
Jamie es un hombre solitario, depresivo y divorciado que
un día comienza a sentir los olores, sonidos y demás sentidos de una
mujer que no conoce. Pensaba que divorciarse de su mujer era lo peor que
le podía pasar, pero eso era antes de que una serie de experiencias
inexplicables y paranormales destruyan su vida y le hagan preguntarse si
no se ha vuelto loco...
Quinto episodio, emitido en su día el 25 de noviembre de 2005 en EE.UU, y una nueva decepción, esta vez de la mano de Mick Garris, padre de la serie y realizador fetiche y amigo personal de Stephen King, autor del que ha realizado numerosas adaptaciones de sus novelas, casi todas ellas en forma de miniserie para tv. Y aún así, a pesar de su dilatada trayectoria y de ser el creador e impulsor de la iniciativa, va el señor Garris y perpetra, sin duda alguna, el peor episodio de la temporada.
Este episodio no hace honor al nombre de la serie, y el horror brilla aquí por su ausencia. Lo que Garris nos presenta es un previsible thriller totalmente descafeinado con una ligera pátina de cine fantástico, algo de suspense detectivesco y un intento, vano e inútil, de introducir unas pinceladas de erotismo en la historia. Y eso que, a priori, la idea tenía potencial al plantear en su inicio una historia de almas gemelas que poco a poco se vuelve obsesiva hasta desembocar en un terrible sentimiento de frustración que derivara en asesinato. La cuestión es que la impersonalidad, la frialdad y la errática labor de dirección terminan por arruinar por completo el proyecto.
El protagonista está interpretado por Henry Thomas -el niño de E.T. el Extraterrestre (1982)- que hace lo que puede con el flojo guión, y la respuesta femenina la aporta Katharine Horsman, que interpreta a Sue, la chica cuyas sensaciones empieza a sentir de manera inexplicable Jamie, el protagonista.
No merece la pena seguir hablando de ello: episodio vacío y sin consistencia dramática: absolutamente nada en él despierta el interés, y resulta, sin duda, el episodio más aburrido y prescindible de toda esta primera temporada de Masters of Horror. Como alguien dijo una vez, es "una mierda como una catedral".
El bloque de viviendas sociales de un suburbio del sur de Londres es el hogar de una pandilla de adolescentes problemáticos que una noche, tras la caida de un meteorito, acaban con la vida de una extraña criatura. Lo que los jóvenes desconocen es que se trata de una invasión alienígena en toda regla formada por criaturas letales que han elegido el peor lugar posible de Londres para iniciar su conquista.
Attack the Block supone el debut en la dirección de Joe Cornish -colega de Edgar Wright (Shaun of the Dead, 2004) y guionista de la reciente Las aventuras de´Tintín: El Secreto del Unicornio (2011)- y el resultado se traduce en una curiosa aportación al cine de invasiones alienígenas, alejado esta vez de grandilocuentes y mastodónticas operaciones orquestadas para invadir la Tierra a gran escala que siempre se centraban en territorio norteamericano. En esta ocasión, las criaturas extraterrestres aterrizan en el Viejo Continente -más concretamente en unos suburbios de Londres- y los encargados de expulsar a estos alienígenas a base de patadas en el culo son unos chicos un tanto problemáticos que pasan de robar y asaltar a transeúntes en las inmediaciones de su barrio a tener que salvar el mundo de los súbitos invasores del espacio exterior.
El film viene de cosechar una extensa lista de críticas positivas y hasta de conseguir el premio de la Crítica, el del Público, mejor Banda Sonora y Mención Especial del Jurado en el reciente Festival de Sitges 2011 y, a pesar de ello, no me ha parecido un film digno de toda esa retahíla de elogios ni tan destacable, original y divertido como muchos lo califican. No cabe duda de que se trata de una propuesta resultona a nivel visual dado su reducido presupuesto -8 millones de libras- y que intenta enfocar el género de las invasiones extraterrestres bajo un prisma diferente y no tan manido, pero la innovación no es tan determinante y cuando tratan de introducir cierta crítica a la sociedad actual se quedan en lo dicho: en el intento.
El desarrollo es típico, tópico por momentos y, en ocasiones, bastante pueril. El intento de situar al espectador en la vicisitud de tener que posicionarse del lado de los extraterrestres o de los chicos malos de barrio queda desmontado a las primeras de cambio -yo prefiero mil veces a los bicharracos del espacio exterior antes que a la panda de ninis protagonista- y, además, ninguno de los personajes hacen gala de una personalidad destacable ni muestran un carisma desbordante, a excepción de Moses, personaje a cargo de un John Boyega que ofrece la mejor interpretación del fim. En el lado opuesto tenemos a Nick Frost con un rol totalmente secundario, prescindible y que no aporta nada a la historia más que el nombre para servir como reclamo comercial a la hora de captar espectadores. También habría que comentar un guión que cuenta con algunos momentos realmente forzados y situaciones resueltas de manera apresurada y superficial.
Tampoco es que cuente con unos efectos especiales espectaculares, aunque si cumplidores y efectivos si tenemos en cuenta el presupuesto. Donde más se nota la austeridad es en el diseño simple de las criaturas, una especie de perros o monos del espacio negros como la boca del lobo y con una dentadura fluorescente, pero sin el cerebro ni la mala baba necesaria para poner en mayores aprietos al grupúsculo adolescente protagonista. Originales son, no cabe duda, pero bastante inocentes también, y hubiera dado mucho más juego "humanizar" a estas criaturas y dotarlas de algo más de inteligencia para concebir un enemigo mucho más potente.
Si tenemos en cuenta que en esta historia el terror brilla por su ausencia y la ciencia ficción apenas está representada por las criaturas extraterrestres, nos queda un film entusiasta para adolescentes con algo de acción y mucha aventura. En cuanto a su capacidad para entretener, no cabe duda de que es un film voluntarioso, pero tengo que reconocer que la tuve que ver en varias partes porque me aburría soberanamente. Sinceramente, película para pasar el rato sin más.
Tres adolescentes contestan a un anuncio de una mujer madura que busca sexo. Lo que empieza como una fantasía da un oscuro giro cuando se topan cara a cara con una terrorífica fuerza "sagrada" con una agenda pendiente fatal. Caerán así en la trampa mortal de un grupo fanático religioso liderado por el predicador Cooper, personaje inspirado en la figura real de Fred Phelps, líder y fundador de la Iglesia Bautista de Westboro, comunidad con un odio extremo hacia los homosexuales.
Turno ahora para una de las películas más polémicas de los ultimos meses, no porque la historia que cuenta sea escabrosa o muestre cosas que nunca antes hayamos visto, sino porque viene firmada por un Kevin Smith -el director indie clave en los años '90- que se desmarca de sus géneros habituales, y porque se ha establecido como una de esas películas que no tiene término medio: o te gusta o la detestas, dualidad que se ha acentuado después de que Red State se alzara con el galardón de Mejor Película en el Festival de Sitges de este año 2011. En mi opinión, es una película decente que, aunque podía haber dado mucho más de sí, no es el truño infumable que muchos han visto en ella. Cuestión de gustos...
En un principio la historia parece discurrir por los derroteros clásicos del cine de terror convencional. Tenemos un trío de adolescentes que, debido a sus revolucionadas hormonas, se dirigen hacia lo que cualquier espectador ducho en el género distinguiría como una trampa muy evidente. Pero claro, ajenos a ese saber empírico que viene otorgado por largas horas fagocitando cine de terror, los chavales se meten de lleno en la boca del lobo y caen prisioneros. Hasta aquí se extiende el primer acto, apenas una tramposa carta de presentación en la que Kevin Smith intenta hacer creer al espectador que se encuentra ante una película de género convencional.
Es entonces cuando el director de Clerks (1994) y Mallrats (1995) descubre parte de sus cartas y nos muestra qué tiene entre manos: los chicos acaban de caer en manos de una congregación religiosa extremadamente fanática y fundamentalista, liderada por el reverendoAbin Cooper-tremenda actuación por parte de Michael Parks, convincente al cien por cien como líder ultracristianoexacerbado y majareta-, que se marca un sermón realmente estremecedor en el que deja bien claro su aversión hacía los homosexuales y somos testigos del terrible destino que Dios y él mismo les tiene reservado a los jóvenes, que han sido confundidos con gays. Otra que brilla con luz propia gracias a su buena interpretación es Melissa Leo, en esta ocasión dando vida a Sara, una de las mujeres protagonistas de esta familia religiosa un tanto desquiciada. Este segundo acto es escalofriante por momentos, con grandes dosis de terror "real" provocado no por criaturas extrañas ni por asesinos del más allá, sino por monstruos humanos que asustan cuando muestran los oscuros recovecos de su alma, manejada por un loco a su antojo. Mención especial para la gran tensión contenida y finalmente desatada que se vive en este tramo de film,y baste como muestra una trepidante persecución dentro del edificio de la congregación y otro par más de escenas que prefiero no desvelar. Eso sí, la crítica al fundamentalismo religioso extremo y a la intolerancia de los fanatismos no puede ser más explícita en este tramo de la historia.
A partir de aquí es cuando entran en escena la ATF (Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives) con el agente Joseph Keenan al mando -personaje que recae sobre John Goodman en lo que supone la otra gran interpretación del film- y se desata una espiral de violencia y destrucción que abarca un adrenalítico tercer acto cimentado totalmente en un aumento considerable de la acción y que esconde otra nítida crítica, esta vez a las formas y procedimientos de las fuerzas de seguridad. Está claro que todos reciben lo suyo por parte de un Kevin Smith que atiza a diestro y siniestro. El punto y final lo pone un epílogo centrado en el personaje de John Goodman con una conversación -casi un monólogo- con el que se vuelve a criticar al gobierno de los EE.UU.
En resumidas cuentas, Red State no es una maravilla de película, pero sí que tiene a su favor una serie de puntos fuertes a tener en cuenta. Lo primero es que considero ese deambular entre géneros -aunque titubeante- un acierto ya que el espectador es sorprendido una y otra vez con cada giro que da el argumento y con ese baile de situaciones que van desde el terror al drama, pasando por algo thriller y un poco de acción, todo ello con algunas pinceladas de humor negro dispuesto de manera sutil. También cuenta a su favor con tres grandes interpretaciones -Michael Parks, John Goodman, Melissa Leo- que sobresalen por encima del resto del reparto. Por último hay que reconocer que aunque puede que se quede corto a la hora de la verdad, la apuesta de Kevin Smith es arriesgada al criticar sin tapujos a los tres estamentos mencionados anteriormente. Pero también tiene sus defectos, claro está: un guión en ocasiones confuso, situaciones demasiado forzadas, una conversación final que -en mi opinión- sobraba y la sensación generalizada de que podía haber sido más, mucho más. Pero insisto: es una historia relativamente correcta si tenemos en cuenta que es la primera película de Kevin Smith que se aleja de su hábitat natural.
Interpretado por:Tony Todd es el actor que ha encarnado a Candyman en las tres ocasiones que el personaje ha sido llevado a la gran pantalla, y dudo que nadie pueda manejar el garfio con la maestría de este clásico actor de género.
Bodycount: Alrededor de 20 han sido los insensatos que han caido víctimas de la saña y la ira de Candyman a lo largo de la trilogía que compone su leyenda hasta la fecha.
Modus Operandi: Después de pronunciar su nombre cinco veces delante de un espejo (en la primera película de la saga bastaba con hacerlo sólo en tres ocasiones), Candyman se materializa para acabar con su víctima con el terrible gancho que tiene donde antaño lucía su amputada mano derecha. Sin duda alguna, ese gancho es el arma preferida por este personaje que deambula donde la realidad y la fantasía se confunden.
Descripción: Para entender al personaje de Candyman y la leyenda que le rodea debemos remontarnos hasta finales del siglo XIX, concretamente a 1890, cuando Daniel Robitaille, hijo de un esclavo negro y con un talento especial para la pintura, es elegido por un rico terrateniente para que realice un retrato de su hija. Pero ocurre lo inesperado: ambos se enamoran a pesar de las diferencias raciales e incluso ella queda embarazada. Cuando el padre de la muchacha se percata de la relación entre ambos, se las apaña para que Daniel sea linchado por una multitud enloquecida que le amputa la mano derecha con una sierra, le embadurnan con miel para que sea pasto de las abejas mientras gritan "¡Candyman!" como posesos y, no contentos con todo ello, le queman mientras se debate entre la vida y la muerte debido a las picaduras. Es entonces cuando nace el mito viviente de Candyman, una leyenda urbana de horror y muerte que se alimenta y vive gracias a la creencia de la gente en su mito. Envuelto en el enorme abrigo que oculta el zumbido de las abejas que devoran su cuerpo y ese muñón armado con un garfio donde otrora ostentaba la mano con la que pintaba auténticas piezas de arte, Candyman aguarda agazapado al otro lado del espejo, esperando que uno de esos incrédulos que desprecian su historia pronuncien su nombre el número de veces suficiente como para que la pesadilla se haga realidad.
Basada en el relato The Forbidden (Lo Prohibido) del genial Clive Barker, la película de Bernard Rose constituyó uno de los mejores films de terror de principios de los '90, ofreciendo un punto de vista mucho más maduro y serio del género slasher o de psychokillers, que por aquel entonces se cimentaba en películas intrascendentes orientadas hacia el público adolescente. La historia de Barker era poseedora de un tono mucho más oscuro y tétrico que lo que imperaba por aquel entonces, y tanto el film supo aprovecharse de ello, usando la baza del terror psicológico y el binomio realidad/leyenda urbana para crear una historia de gran magnetismo, tintes oníricos y con un personaje imponente, carismático e icónico que necesita víctimas para seguir existiendo.
Su final:Candyman es otro de esos psychokillers sobrenaturales que siempre vuelven del más allá. En la primera entrega es quemado en una enorme hoguera, para reaparecer en la segunda parte y ser enviado al más alla luego de romper un espejo donde presuntamente se alojaba su alma. No obstante, regresa de nuevo en la tercera película hasta la fecha en la que su tataranieta le destruye de nuevo reduciendo a cenizas un retrato suyo.
La frase: "Dirán que he derramado sangre inocente pero, ¿para qué es la sangre sino para derramarla?" (They will say that I have shed innocent blood. What's blood for, if not for shedding?)
Un descubrimiento que abre posibilidades inimaginables se convierte en
una lucha por la supervivencia cuando un grupo de investigadores
internacionales descubre a un alienígena. La criatura tiene la habilidad
de cambiar de forma a voluntad y convertirse en la copia perfecta de
cualquier ser humano. La paranoia se extiende como la pólvora entre los
científicos infectados por el misterio llegado de otro planeta. La
paleontóloga Kate Lloyd y el piloto Braxton Carter unirán sus fuerzas
para impedir que la criatura mate uno a uno a los miembros del equipo.
Hace casi treinta años que el maestro John Carpenter parió una de las mejores películas de terror y ciencia ficción de la historia: en 1982 dirigió La Cosa (The Thing), a su vez un remake de El enigma...de otro mundo (1951), y aunque en su día el film no alcanzó un éxito comercial notorio, el paso del tiempo hizo justicia y se convirtió en película de culto y pieza imprescindible para el género. Y la opinión de éste que os escribe no iba a ser una excepción: la considero una película de cabecera, un clásico atemporal de obligado visionado donde encontrar muchas de las pautas claves del cine de terror, vigentes y de enorme valía aún en la actualidad. En definitiva, PELICULON con mayúsculas y sin paliativos, pura Historia del Cine.
Y ahora, tres décadas más tarde, nos llega una nueva revisión de dicha obra maestra, con una especie de precuela que, en realidad, tiene bastante de remake encubierto. La Cosa (2011) es una película que narra los hechos acontencidos justo antes de lo que la película de Carpenter narraba, hasta el punto de que el final de la precuela enlaza directamente con el comienzo del film original, lo cual constituye un gran acierto y una solución de continuidad que agradará al fiel seguidor del film clásico, a la vez que servirá de conexión directa entre ambos films. Además, a nadie se le escapa que todo lo que vemos desde el comienzo de la historia hasta su desenlace es un respetuoso homenaje a la cinta de Carpenter, si bien la película de 1982 funcionaba mejor a todos los niveles que la precuela de este año 2011.
Lo que en la historia original era brillante, en esta precuela es simplemente correcto, aunque tal y como está el género hoy en día, esta nueva versión acaba siendo una buena película de terror. Así, con los mismos mimbres que Carpenter usó en 1982, el debutante van Heijningen Jr. elabora una película de terror con más acción y mucho más comercial y palomitera que la original. Tenemos personajes similares en situaciones casi calcadas y prácticamente todo en esta nueva versión recuerda a la obra maestra de 1982.
Al frente del reparto encontramos a una recientemente omnipresente Mary Elizabeth Winstead encargada de erigirse -en su versión femenina y salvando las distancias- en el nuevo McReady, interpretado en su día por el actor fetiche de Carpenter, el gran Kurt Russell. Aquí se mete en la piel de la paleontóloga Kate Lloyd y, aunque la joven actriz nacida en Carolina del Norte no tiene el carisma y la fuerza de Russell, consigue aguantar el ritmo y el peso del film, apoyándose en secundarios que rayan a gran altura como Jørgen Langhelle en el papel de Lars -el noruego grandullón que no habla ni pizca de inglés- o Ulrich Thomsen, que interpreta al doctor Sander Halvorson, uno de esos científicos de ego hinchado y sin escrúpulos. Tampoco debemos olvidarnos del australiano Joel Edgerton como el piloto Sam Carter, recientemente elegido como protagonista para 300: Battle of Artemisia, la secuela de 300 (2006), de Zack Snyder.
Y no podemos olvidarnos del protagonista absoluto del film, que no es otro que la criatura, la "cosa", esa criatura alienígena que tratará por todos los medios de confundir al grupo de humanos para salir victoriosa. En el film original dicha criatura era mostrada con cuentagotas y gracias a unos excelentes FX a base de animatronics y maquillaje totalmente artesanal que dotaba al ser de una terrorífica sensación de realidad. En esta nueva versión nos hartamos de ver a la criatura, creada sobre todo con CGI y efectos digitales que, aunque escalofriantes y repugnantes, siguen a la sombra de los de 1982 en cuanto a sensaciones de veracidad. Usando una metáfora comparativa teniendo en cuenta las apariciones del monstruo y los efectos especiales, el film de Carpenter era una película erótica y esta precuela una película totalmente pornográfica.
No sé si esta precuela era estrictamente necesaria, pero sí que es una película recomendable. Para empezar, nos pone en situación y narra los hechos inmediatamente anteriores a lo que vemos en el film de Carpenter -ya hemos comentado el excelente final que enlaza con el comienzo de dicha película- y consigue que una ingente cantidad de detalles concuerden en ambas películas, creando una excelente solución de continuidad sin apenas fallos de raccord. Y, como quiera que hay tantos detalles que enlazan con el film de Carpenter y un buen puñado de guiños a su film, La Cosa (2011) constituye un más que correcto homenaje a esa obra maestra de principios de los '80. Para adaptarse al cine de hoy en día, eleva el ritmo narrativo y contiene mucha más acción a cambio de sacrificar buena parte del suspense y la tensión marca de la casa en la versión de 1982, y a pesar de ello no le falta el respeto al original en ningún momento. Además, es muy probable que las nuevas generaciones de espectadores sientan curiosidad y se acerquen a La Cosa (1982) después de haber ido a ver esta precuela al cine. Si eso es así, la película de van Heijningen Jr. habrá servido para que muchos jóvenes de hoy en día descubran una de las joyas de la Historia del Cine. En ningún momento le hace sombra a la versión Carpenter -algo prácticamente imposible- pero es entretenida, disfrutable y a mí, fan acérrimo de la original, me ha encantado.
Tercera entrega de la ya famosa saga de terror casero especialmente
destinada a los amantes y curiosos de la parapsicología. Una precuela que nos cuenta los orígenes del horror que envolvió a las
hermanas Katie y Kristi. La película nos traslada a su infancia,
hacia finales de los años ochenta, cuando ambas apenas son unas niñas cuando lo paranormal empieza a rondar sus vidas...
No hay dos sin tres, como se suele decir, y en el negocio del cine esta máxima se cumple a rajatabla cuando hay por medio grandes posibilidades económicas aún por exprimir. Con esta saga de terror ocurre eso exactamente: Paranormal Activity (Oren Peli, 2007) dió el pistoletazo de salida a esta rentable saga con una película de terror que caló hondo en el subconsciente de los espectadores gracias a su velo de realidad y apoyada en esa forma de mostrarnos los hechos, en teoría grabados tal y como ocurrieron. Una buena campaña de marketing viral hizo el resto y la elevó a los neo-altares del cine de terror contemporáneo. Paranormal Activity 2 (Tod Williams, 2010) llegó poco después como la previsible e imprescindible secuela que aprovecharía el tirón de la original para amasar aún más dinero repitiendo el mismo esquema pero sin la capacidad de sorpresa de la primera entrega. A mí, personalmente, me pareció tediosa y lamentable, y juré que no le daría más oportunidades a esta saga...
Pero claro, donde dije digo, digo Diego -nunca mejor dicho...-, y hete aquí que un buen día me encuentro sentado en la butaca del cine para dar buena cuenta de un enorme cubo de palomitas y una Coca Cola Zero -por aquello de las calorías- en una sala donde proyectaban Paranormal Activity 3. Y tengo que reconocer que finalmente no me lo pasé tan mal y, qué diantres, me ha parecido la mejor de la saga hasta la fecha, aunque es cierto que lo tenía muy fácil teniendo en cuenta sus antecedentes.
El argumento es el de siempre, así que no espereís algo desbordante de originalidad. En esta ocasión nos trasladamos a finales de los años '80 para conocer en primera persona cómo comenzó la pesadilla que persigue a las hermanas Katie y Kristi desde su infancia. Seremos testigos de cómo noche tras noche se van sucediendo todo tipo de fenómenos en su casa: ruidos de procedencia desconocida, golpes, objetos que se mueven solos, extraños comportamientos por parte de las niñas... Y todo ello, cómo no, siendo grabado por las cámaras caseras que, por uno u otro motivo, siempre acaban estando presentes para ofrecernos ese punto de vista.
Mención especial para la gran idea de colocar una cámara sobre el mecanismo giratorio de un ventilador. Me pareció un recurso brillante a la hora de crear tensión con esa cámara que va y viene de izquierda a derecha y viceversa, generando una atmósfera repleta de expectación, dudas y miedo ante lo que puede estar acechando en cuanto la cámara gire. En ese sentido, el film juega muy bien las bazas en cuanto a tensión, sobresaltos y sustos varios. Incluso juegan con el espectador, pues algunas de las escenas que aparecen en los trailers no entran en el montaje proyectado en cines y sí otras que no hemos visto antes. Quizás lo hayan dejado para una posterior edición extendida en DVD y Bluray. Además, de las tres películas que forman la saga hasta la fecha, es la más dinámica y la que menos tarda en mostrar sus cartas. Sin duda alguna creo que el espectador agradecerá ese cambio de ritmo que precipita los acontecimientos sin rodeos innecesarios.
Otro pequeño gran acierto en esta ocasión es el reparto, sobre todo la elección de las dos niñas protagonistas. Su actuación rebosa naturalidad y frescura, e incluso la más pequeña de ellas consigue en algunos momentos provocar la desconfianza y el recelo en el espectador, por no decir que acojona directamente en algunas escenas. Los adultos en esta ocasión son meras comparsas en una historia en la que el protagonismo recae, y de forma acertad además, en las dos pequeñas intérpretes.
En resumen, y para no andarme por las ramas, esta es la película más dinámica de las tres que forman la saga de Paranormal Activity, y yo me atrevería a decir que también es la mejor, sin que eso tenga que contituir necesariamente un cumplido. Tiene tensión, tiene momentos de sobresalto -algunos logrados, otros muy facilones- y aburrirá menos al espectador que sus dos predecesoras. Por lo demás, es más de lo mismo: un extraño híbrido bastardo entre Poltergeist (1982) y El Proyecto de la bruja de Blair (1999) -con un final que se me antoja deudor de la cinta de Daniel Myrick y Eduardo Sánchez- adaptado a los tiempos que corren. Desde luego ni ésta entrega ni la trilogía de la que forma parte son la maravillosa película de terror que nos quieren vender.