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Laid to Rest (Robert Hall, 2009)

Título original: Laid to Rest   Género: Terror, Slasher
Duración: 90 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Robert Hall   Guión: Robert Hall

Una joven se despierta dentro de un ataúd con una herida en la cabeza y no recuerda quién es. Pronto se da cuenta de que ha sido secuestrada por un desquiciado asesino en serie y que se encuentra en un pequeño pueblo aislado donde deberá sobrevivir durante la noche y ser más lista que el asesino, que está dispuesta a acabar lo que ha empezado.

Voy a hacer con esta reseña lo mismo que Robert Hall (director de esta película) hizo en su momento cuando se puso delante de la cámara: ir al grano y dejar de lado cualquier tipo de rodeo o explicación. Laid to Rest te gustará si eres un acérrimo fan del género slasher, no eres nada exigente con el argumento y estás hecho a prueba de situaciones estúpidas e inverosímiles colocadas a drede para ponérselo relativamente fácil al psychokiller de turno. Y es que en esta ocasión, el guión no es que sea flojo... Sencillamente, es apenas inexistente, apenas hay trama o argumento y contiene una ingente cantidad de situaciones esperpénticas y encrucijadas que cualquier niño de cinco años sabría resolver con mayor acierto. Todo se resume en un tipo siniestro e implacable en su empeño de acabar con la vida de una chica, acabando con la vida de cualquier persona que se interpone en su camino.


A pesar de tan tremendo vacío argumental, la experiencia me ha resultado entretenida y se pueden sacar aspectos positivos de esta película de serie B rodada con un estilo muy videoclipero que termina dotándola de un aspecto moderno e innovador. Lo primero que cabe resaltar es el villano de la función, al que se le ha bautizado como ChromeSkull: un tipo alto, espigado, cuya sola presencia impone temor y respeto, totalmente vestido de negro y con el rostro cubierto por una terrorífica máscara cromada en forma de calavera. Completa la bella estampa un cuchillo de proporciones gigantescas y una pequeña cámara al hombro, mediante la cual graba en vídeo sus carnicerías. Y ojo porque la brutalidad que despliega este tío en pantalla es espectacular, como pocas veces se ha visto en los últimos años, más propia de tiempos pretéritos, cuando el slasher estaba totalmente en auge y Jason Voorhees dominaba el género a golpe de machete.


El resto del reparto no merece casi ningún tipo de comentario dado lo escaso y paupérrimo del argumento. Podríamos mencionar a un par de protagonistas femeninas: por un lado, la final girl que se pasa la película huyendo de ChromeSkull, interpretada por Bobbi Sue Luther (la mujer del director), que en ocasiones resulta un pelín ridícula; por otro lado, nuestra querida Cersei Lannister en Juego de Tronos, Lena Headey, en un papel breve, pero intenso.

Y tenemos que hablar sí o sí de los efectos especiales, totalmente creibles y de un realismo a destacar en una producción de serie B con escaso presupuesto y rozando el carácter independiente. Las escenas son generosas en cuanto a violencia, sangre y gore, y el culpable de este buen resultado es el propio director, con una larga trayectoria como responsable de efectos especiales y maquillaje en infinidad de films.


En resumidas cuentas, Laid to Rest es una película entretenida si disfrutas con cualquier tipo de slasher, máxime cuando no existe un leit-motiv definido en una historia como la que nos trae Robert Hall, rebosante de violencia y asesinatos a manos de un psychokiller que puede convertirse en referencia del género a poco que en sus próximas apariciones se le dote de un poco de carisma, personalidad y se cultive un poco más la historia.

Ghostface

Nombre: Dado que Ghostface es una identidad que adoptan varios personajes a lo largo de la tetralogía de Scream, son varios los nombres de los que en alguna ocasión se han enfundado el traje y la máscara que definen al personaje y lo han convertido en el icono que revitalizó el slasher a finales de los '90. Además, en ocasiones se han referido a él como El Asesino de Woodsboro.

Interpretado por:  Skeet Ulrich como Billy Loomis y Matthew Lillard como Stu Macher en la primera entrega; Timothy Olyphant en el papel de Mickey Altieri y Laurie Metcalf como Debbie Salt en la segunda parte; Scott Foley dando vida a Roman Bridger en la tercera entrega; y la pareja formada por Emma Roberts como Jill Roberts y Rory Culkin como Charlie Walker en la cuarta y, hasta la fecha, última entrega de la saga.


Nº de películas: Cuatro son las películas en las que hemos podido ver a Ghostace perseguir a sus víctimas cuchillo en mano: Scream: Vigila quién Llama (1996), Scream 2 (1997), Scream 3 (2000) y Scream 4 (2011).

Bodycount: En las cuatro películas que forman la saga hasta la fecha han sido 35 las víctimas que han fallecido a manos de este serial-killer de personalidad múltiple.

Modus Operandi: No cabe duda de que el arma favorita e icónica de Ghostface es un cuchillo de caza (del tipo Bowie, para ser más exactos), casi tan imprescindible como la máscara que cubre su rostro y el distorsionador de voz. Aún así, en ocasiones tiene que recurrir a su ingenio y también a las siempre socorridas armas de fuego.

Descripción: Ghostface irrumpió con fuerza en el cine de terror de finales de los '90 y alcanzó casi ipso facto el status de icono del cine slasher, debido en buena parte a su curiosa y acertada vestimenta y gracias a su marcada personalidad.. Para empezar, la máscara que representa a este psychokiller y que causó furor desde sus inicios parece una especie de rostro fantasmal ligeramente deformado y está inspirada en el cuadro El Grito, la famosa obra de Edvard Munch. Por contra, la túnica que viste no deja de ser un mero disfraz de Halloween.

Con un perfecto y extenso conocimiento del cine de terror, Ghostface no duda en interactuar con sus víctimas antes de acabar con ellas, formulando una serie de preguntas como si de un sádico y mortal juego se tratara, con consecuencias realmente fatales si la interrogada no conoce o falla la respuesta.

Movido en ocasiones por la venganza y en otras por la fama, el objetivo principal de este psychokiller ha sido siempre acabar con la vida de Sydney Prescott (una casi desconocida Neve Campbell que venía de participar ese mismo año en Jóvenes y Brujas), cuya madre, Maureen Prescott, fue de algún modo el detonante de todo el universo Scream al ser asesinada un año antes de lo que se nos narra en la primera parte de la saga.

Su final: En cada una de las películas que forman parte de la saga Scream, los personajes que interpretan a Ghostface acaban cayendo víctimas de la heroína de turno, que en esta ocasión no es otra que la mencionada Sydney Prescott, que siempre ha contado con colaboración de las autoridades locales (sobre todo con la ayuda del agente/sheriff Dewey, al que da vida David Arquette)

La frase: ¿Cuál es tu película de terror preferida? (What's your favorite scary movie?)

Dream Home (Ho-Cheung Pang, 2010)

Título original: Wai dor lei ah yut ho   Género: Terror, Slasher
Duración: 96 minutos   País: Hong Kong

Cheng Lai-Sheung está harta de buscar piso en Hong Kong. Los precios son realmente desorbitados y es prácticamente imposible acceder a una vivienda digna. Cuando por fin encuentra la casa de sus sueños, la joven se propone hacer todo lo que haga falta para que su dueño baje el precio...

Era de esperar: se olía a kilómetros que el cine de terror iba a recurrir tarde o temprano a un tema tan tristemente de moda en los últimos años como el de la especulación en la vivienda y posterior crisis inmobiliaria, y los que se han atrevido a echar mano de dicho trasfondo argumental han sido los osados asiáticos, concretamente el director hongkonés Ho-Cheung Pang, que ha ambientado Dream Home justo antes del estallido de la burbuja inmobiliaria en Hong Kong, un lugar del mundo donde acceder a una vivienda es tarea especialmente complicada debido a su elevadísimo coste. El resultado es una historia dura y controvertida que pese a su brutalidad quizás no se encuentre tan distante como creemos de una hipotética realidad futura.


Para muchas personas, tener acceso a una vivienda pasa, en ocasiones, por vivir una auténtica pesadilla de números, bancos, avales e hipotecas. Nuestra protagonista lo pasa mal cuando la casa de sus sueños, aquella que siempre ha deseado, se vuelve poco menos que un imposible, pero será ella quien nos sumerja en una auténtica pesadilla de violento horror urbanita donde el drama social de la vivienda se mezcla con el más puro slasher para crear una historia ciertamente impactante y no apta para todos los públicos.

Genial Josie Ho, la actriz que da vida a Cheng Lai-Sheung, esa chica en cuyo cuerpo habitan dos personalidades bien distintas, ambas obsesionadas con cumplir su sueño de una vida mejor en un hogar que anhela pero que no puede permitirse debido a los especuladores inmobiliarios y la situación que ellos han propiciado. La actuación es brillante y supuso para Josie Ho el galardón de Mejor Actriz en el pasado Festival de Sitges, y no es para menos: ella es quien soporta el peso del film sobre sus hombros, mostrando la cara del drama y la de la locura según requiere el devenir de la historia en una dicotomía interpretativa inquietante.


Una escena inicial impactante nos deja bien claro qué es lo que nos vamos a encontrar en Dream Home, una historia cuya narración se apoya en numerosos flash-backs y elipsis temporales que nos ofrecen retazos del pasado de la protagonista, los cuales nos servirán para llegar a entender su situación actual y su radical decisión (y cuando digo "entender" quiero decir "entender", no "compartir"), en la que la locura, la brutalidad y la violencia se tornan protagonistas con una frialdad digna del más implacable psychokiller. Además, esa mirada atrás en la vida de la protagonista nos ofrece un respiro en la narración para seguir afrontando la masacre.


Poco más se le puede pedir a una película que, sin ser la maravilla que muchos proclaman, entretiene y puede incluso servir como denuncia social al  abordar de manera atrevida y sin tapujos un tema de candente y rabiosa actualidad (la situación inmobiliaria) con un director valiente y dedicado al frente del proyecto y una actriz que borda su papel en un digno ejemplo de entrega interpretativa. A eso le podemos añadir unos efectos especiales solventes y un buen maquillaje premiado también en el pasado Festival de Sitges, junto a numerosas pinceladas de humor negro y una brutalidad que en ocasiones alcanza cotas realmente elevadas. Recomendable si quieres ver el lado dramático del problema de la vivienda y la radicalidad de la solución propuesta.

Insane (Anders Jacobsson & Tomas Sandquist, 2010)

Título original: Insane   Género: Terror
Duración: 87 minutos   País: Suecia

Sarah es una joven que busca a su hermana, en paradero desconocido desde hace dos semanas. En su búsqueda, decide pasar la noche en el Bridgeburn, un hotel de carretera regentado por un amable y detallista "chico para todo" que intentará agasajarla con todo tipo de comodidades. 

Insane es la tentativa sueca de realizar una de esas típicas películas slasher de psychokillers que tanto abundan en el cine de los EE.UU. (lógico si tenemos en cuenta que prácticamente ellos fueron los pioneros y sentaron las bases del género). Pero estos chavales suecos han querido ir un paso más allá, darle otro aire a este tipo de film, y me temo que la cosa no ha funcionado, al menos no como ellos esperaban.


Para empezar, han querido ambientar su historia en suelo americano, pero la película ha sido rodada íntegramente en Suecia, y se nota a la legua tanto en la atmósfera general como en otros muchos detalles. Lo siento, pero no basta que en la recepción del motel de carretera en el que se desarrolla la historia hayan colocado la típica banderita de los EE.UU... Además, el ritmo de este slasher sueco es muy diferente al que los norteamericanos suelen imprimir a sus películas. Es una película bastante más pausada y fría, claramente más europea. El reparto, totalmente desconocido, ofrece una de cal y otra de arena. Correcto el protagonista, resultando inquietante y ambiguo en sus intenciones tal y como se pretende, pero demasiado amateurs el resto de actores.


El guión no ofrece novedad alguna respecto a otras historias similares anteriores, e incluso es latente el enorme parecido que esta película tiene con la mítica Psicosis, que Alfred Hitchcock filmara en 1960. Tenemos un motel de carretera donde no para nadie, el protagonista que regenta el motel nos recuerda horrores a Norman Bates, y hasta aquí puedo leer, pero los paralelismos no acaban ahí ni mucho menos...


Por contra, los escasos efectos especiales no están mal y, como todo buen slasher que se precie, hay alguna que otra escena gore digna para el recuerdo, aunque me temo que eso no sirve para salvar el pobre y simple resultado final de un film que, aunque no se pierde nada por echarle un vistazo, si que es cierto que no nos va a aportar nada nuevo respecto a un género tan manido.



Hatchet 2 (Adam Green, 2010)

Título original: Hatchet 2   Género: Terror (Slasher/Gore)
Duración: 89 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Adam Green   Guión: Adam Green

Después de conseguir escapar de Victor Crowley, Marybeth ya sabe la verdad sobre la maldición de este monstruoso individuo y decide volver al pantano embrujado de Nueva Orleans donde éste reside para buscar venganza para su familia y acabar con él de una vez por todas...

No hace mucho (en octubre del pasado 2010) pude echarle un vistazo a Hatchet (Adam Green, 2006) y os comentaba entonces que me había parecido una historia sin demasiadas pretensiones, "sencilla y entretenida, para recordar los clichés y manidos mecanismos del género slasher". Ahora es el turno de hablaros de Hatchet II, la esperada secuela, que también llega de la mano de un Adam Green que poco a poco se está haciendo un pequeño hueco en el negocio del cine de terror. No hace demasiado tiempo tuve la oportunidad de ver Frozen (2010), donde Green deja de lado los tópicos del slasher y plantea una película de tensión pura y dura con pinceladas de terror que se deja ver y es incluso disfrutable.


Hatchet II empieza justo donde termina la primera parte y es una continuación inmediata de la historia, siguiendo el mismo tono de sincero y sencillo homenaje a las películas slasher de toda la vida. Los primeros 45-50 minutos sirven para que el director indague en el pasado de Victor Crowley, nuestro psychokiller de turno, y conozcamos numerosos detalles de sus orígenes y sus motivaciones. Me llamo la atención la elevada dosis de protagonismo de Tony Todd en el papel del Reverendo Zombie, ese charlatán de poca monta que en la primera entrega de la saga aparecía de forma anecdótica y aquí se marca un papel básico, narrando con misticismo y encanto la macabra leyenda de Crowley. Bien por el señor Todd, todo un clásico de dilatada carrera en el cine de terror.


Hablando de actores, podríamos mencionar también a Danielle Harris, que interpreta a Marybeth, la superviviente de la primera entrega, sustituyendo así a la Marybeth original, que en Hatchet I fue Tamara Feldman. Danielle Harris es una de esas scream queen modernas, pues ya ha participado en Leyenda Urbana (1998),  Halloween: El Origen (2007) y Halloween II (2009), ambas dirigidas por Rob Zombie, o en Blood Night: The Legend of Mary Hatchet (2009). Digamos que lo de gritar, correr y sollozar por su vida no tiene secretos para ella. Otros nombres con cierta fama dentro del género son Tom Holland (director de Noche de Miedo en 1985, Muñeco Diabólico en 1988 o Thinner en 1996, por ejemplo) y R.A. Mihailoff (Caracuero en La Matanza de Texas III en 1990), que aquí realizan sendas interpretaciones, el primero con un personaje de más enjundia que el segundo, que apenas si articula palabra alguna.


Los últimos 25 minutos son una orgía de sangre y muerte donde el protagonista absoluto es Victor Crowley, al que nuevamente da vida Kane Hodder, el gigantón que interpretara a Jason Voorhees durante cuatro entregas en la saga de Viernes 13. Crowley es la estrella de la función y demuestra más salvajismos aún, si cabe, que en la primera entrega. Además, no se corta un pelo a la hora de acabar con sus víctimas de cualquier forma, usando lo que tenga más a mano (en muchas ocasiones es como si llevara el Leroy Merlín a cuestas...). El espectador amante del gore y la casquería quedará más que satisfecho con el panorama que deja este enorme gigante asesino a su paso.


 En defnitiva, Hatchet II es más de lo mismo: una historia simple y gamberra (aunque menos que la primera entrega, donde había más humor) de genuino sabor ochentero,  con psychokiller despiadado que arrastra trauma infantil y acaba con todo y con tod@s, que contiene (como mencionaban en la promo americana) cubos, y cubos, y cubos de sangre. Molan los créditos, tanto los del principio, a ritmo de Ministry ("Just one fix"), como los finales, con Overkill y su "Old School". Yo la recomiendo para fans del slasher y los nostálgicos del terror de los '80.

Hatchet (Adam Green, 2006)

Título original: Hatchet
Año: 2006
Duración: 85 minutos
País: EE.UU.
Género: Terror, Slasher
Dirección: Adam Green
Guión: Adam Green
Música: Andy Garfield
Web: www.hatchetmovie.com

Victor Crowley fue asesinado cruelmente a hachazos por su padre. Ahora ha vuelto como a la tierra de los vivos para consumar su venganza, hacha en mano. Un grupo de turistas que visitan Nueva Orleans tienen la desgracia de cruzarse con Crownley, con lo que sus vacaciones se convertirán en una auténtica pesadilla...
No es un remake. No es una secuela. Y no está basado en una película japonesa.
Muchas veces os preguntareís consternados: ¿pero qué tipo de películas ve este tío? La respuesta es bien sencilla: veo de todo, me guío por mi instinto, por recomendaciones de amig@s y conocid@s, pero procuro hacerle un hueco a todo tipo géneros y estilos. Y en esta ocasión vi Hatchet porque me la vendieron como “horror de la vieja escuela americana” (Old School American Horror, como reza la coletilla del título, además del cachondísimo eslogan que aparece sobre estas líneas...), con el añadido que supone el que goce de cierto status entre los aficionados al género slasher, entre los cuales me incluyo desde que quedara prendado, allá por mi lejana juventud, de Viernes 13 y el gran Jason Voorhees.


Y es que Hatchet sólo gusta si es tomada como lo que es: un sencillo y honesto homenaje a esas películas que tanto proliferaron en la década de los ´80, protagonizadas por psicópatas cargados de objetos punzantes y cortantes que se dedicaban a repartir de lo lindo masacrando, sobre todo, a grupos de jóvenes  ineptos y desprevenidos. Es tal su ansia de homenajear ese tipo de cine, que lo hace sin recurrir a modernos efectos especiales  digitales de última generación. En esta película todo es como antaño, a la antigua usanza: montones de sangre, prótesis a mogollón y látex por doquier. Y qué quereís que os diga: a veces echo de menos los viejos tiempos.


Además, se nota que el director se ha empapado a base de bien de los cánones del género. Como resultado, Hatchet contiene muchos de esos clichés: el psicópata es un ser deforme víctima de un trauma de juventud que, armado con un hacha,  se dedica a vengarse cargándose a todo lo que se le pone por delante.


En este caso, los  estereotipados agraciados son un grupo de turistas que se encuentran de excursión por los pantanos de Nueva Orleans en pleno Mardi Grass (tenemos al joven tímido, a su colega gracioso, a la chica misteriosa, una pareja de ancianos e incluso son de la partida la típica rubia tonta y su amiga, que enseñan las tetas a la menor oportunidad...). Si a todo esto le unimos las brutales y constantes muertes (a cual más exagerada) y el típico juego del gato y el ratón entre psychokiller y víctimas, tenemos la actualización de un típico y tópico slasher ochentero.


Como guinda, desfilan por pantalla varios rostros conocidísimos del cine de terror, aunque algunos de ellos lo hagan de forma casi testimonial. Así, podemos ver a Robert Englund en una escena que abre la película, a Tony Todd en una breve escena en clave de humor, y es el gigantesco Kane Hodder (conocido en este mundillo del cine por ser el enorme actor que dió vida a Jason Voorhees durante cuatro entregas de la saga) el que interpreta a Victor Crowley, el psychokiller de turno.

Película sencilla y entretenida, para recordar los clichés y manidos mecanismos  del slasher, un género bandera de los ´80. Recomiendo verla con cierta predisposición y el suficiente sentido del humor como para que muchas de las cosas que aparecen en pantalla nos resulten en cierto modo cómicas y nos arranquen una sonrisilla, en lugar de que nos parezcan auténticas y ridículas estupideces. Buena compañía, palomitas y alguna que otra cerveza ayudarán a conseguir el efecto deseado.




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