El bosque es un lugar demasiado oscuro y profundo, tengo promesas que cumplir y mucho que viajar antes de poder dormir...

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Red State (Kevin Smith, 2011)

Título original: Red State   Género: Thriller, Terror
Duración: 85 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Kevin Smith   Guión: Kevin Smith

Tres adolescentes  contestan a un anuncio de una mujer madura que busca sexo. Lo que empieza como una fantasía da un oscuro giro cuando se topan cara a cara con una terrorífica fuerza "sagrada" con una agenda pendiente fatal. Caerán así en la trampa mortal de un grupo fanático religioso liderado por el predicador Cooper, personaje inspirado en la figura real de Fred Phelps, líder y fundador de la Iglesia Bautista de Westboro, comunidad con un odio extremo hacia los homosexuales.


Turno ahora para una de las películas más polémicas de los ultimos meses, no porque la historia que cuenta sea escabrosa o muestre cosas que nunca antes hayamos visto, sino porque viene firmada por un Kevin Smith -el director indie clave en los años '90- que se desmarca de sus géneros habituales, y porque se ha establecido como una de esas películas que no tiene término medio: o te gusta o la detestas, dualidad que se ha acentuado después de que Red State se alzara con el galardón de Mejor Película en el Festival de Sitges de este año 2011. En mi opinión, es una película decente que, aunque podía haber dado mucho más de sí, no es el truño infumable que muchos han visto en ella. Cuestión de gustos...


En un principio la historia parece discurrir por los derroteros clásicos del cine de terror convencional. Tenemos un trío de adolescentes que, debido a sus revolucionadas hormonas, se dirigen hacia lo que cualquier espectador ducho en el género distinguiría como una trampa muy evidente. Pero claro, ajenos a ese saber empírico que viene otorgado por largas horas fagocitando cine de terror, los chavales se meten de lleno en la boca del lobo y caen prisioneros. Hasta aquí se extiende el primer acto, apenas una tramposa carta de presentación en la que Kevin Smith intenta hacer creer al espectador que se encuentra ante una película de género convencional.


Es entonces cuando el director de Clerks (1994) y Mallrats (1995) descubre parte de sus cartas y nos muestra qué tiene entre manos: los chicos acaban de caer en manos de una congregación religiosa extremadamente fanática y fundamentalista, liderada por el reverendo Abin Cooper -tremenda actuación por parte de Michael Parks, convincente al cien por cien como líder ultracristiano exacerbado y majareta-, que se marca un sermón realmente estremecedor en el que deja bien claro su aversión hacía los homosexuales y somos testigos del terrible destino que Dios y él mismo les tiene reservado a los jóvenes, que han sido confundidos con gays. Otra que brilla con luz propia gracias a su buena interpretación es Melissa Leo, en esta ocasión dando vida a Sara, una de las mujeres protagonistas de esta familia religiosa un tanto desquiciada. Este segundo acto es escalofriante por momentos, con grandes dosis de terror "real" provocado no por criaturas extrañas ni por asesinos del más allá, sino por monstruos humanos que asustan cuando muestran los oscuros recovecos de su alma, manejada por un loco a su antojo. Mención especial para la gran tensión contenida y finalmente desatada que se vive en este tramo de film,y baste como muestra una trepidante persecución dentro del edificio de la congregación y otro par más de escenas que prefiero no desvelar. Eso sí, la crítica al fundamentalismo religioso extremo y a la intolerancia de los fanatismos no puede ser más explícita en este tramo de la historia.


A partir de aquí es cuando entran en escena la ATF (Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives) con el agente Joseph Keenan al mando -personaje que recae sobre John Goodman en lo que supone la otra gran interpretación del film- y se desata una espiral de violencia y destrucción que abarca un adrenalítico tercer acto cimentado totalmente en un aumento considerable de la acción y que esconde otra nítida crítica, esta vez a las formas y procedimientos de las fuerzas de seguridad. Está claro que todos reciben lo suyo por parte de un Kevin Smith que atiza a diestro y siniestro. El punto y final lo pone un epílogo centrado en el personaje de John Goodman con una conversación -casi un monólogo- con el que se vuelve a criticar al gobierno de los EE.UU.


En resumidas cuentas, Red State no es una maravilla de película, pero sí que tiene a su favor una serie de puntos fuertes a tener en cuenta. Lo primero es que considero ese deambular entre géneros -aunque titubeante- un acierto ya que el espectador es sorprendido una y otra vez con cada giro que da el argumento y con ese baile de situaciones que van desde el terror al drama, pasando por algo thriller y un poco de acción, todo ello con algunas pinceladas de humor negro dispuesto de manera sutil. También cuenta a su favor con tres grandes interpretaciones -Michael Parks, John Goodman, Melissa Leo- que sobresalen por encima del resto del reparto. Por último hay que reconocer que aunque puede que se quede corto a la hora de la verdad, la apuesta de Kevin Smith es arriesgada al criticar sin tapujos a los tres estamentos mencionados anteriormente. Pero también tiene sus defectos, claro está: un guión en ocasiones confuso, situaciones demasiado forzadas, una conversación final que -en mi opinión- sobraba y la sensación generalizada de que podía haber sido más, mucho más. Pero insisto: es una historia relativamente correcta si tenemos en cuenta que es la primera película de Kevin Smith que se aleja de su hábitat natural.


Oldboy [올드보이] (Chan-wook Park, 2003)

Título original: 올드보이   Género: Drama, Thriller
Duración: 120 minutos   País: Corea del Sur
Música: Hyun-jung Shim  

Un día de 1988, Oh Dae-su es secuestrado. Cuando se despierta, está encerrado, sin saber dónde ni por qué. Mientras está confinado escucha en las noticias que su esposa ha sido brutalmente asesinada y la policía le busca como principal sospechoso ya que se ha encontrado sangre suya en el lugar del crimen. El tiempo pasa, y decide escribir todo lo que ha hecho en su vida que haya podido causar dolor a otros, además de jurar que se vengará del hombre que ha destruido su felicidad. Hasta que llega el día en que es liberado 15 años después, dejándole un teléfono móvil y una cartera llena de dinero. Recibe la llamada de un extraño, que le dice que ahora le toca descubrir el porqué de su encarcelamiento. 


Oldboy es una de esas películas que dejan un imborrable sabor de boca una vez disfrutada y otro de esos films que pasan directamente a mi olimpo particular de historias imprescindibles. Y es curioso, porque una vez más se trata de una producción oriental que en este caso llega desde Corea del Sur y que se basa, en gran parte, en el manga japonés homónimo (Old Boy aka オールド・ボーイ aka Ōrudo Bōi) escrito por Garon Tsuchiya e ilustrado por Nobuaki Minegishi. Reconozco que últimamente las mejores películas que he visto provienen en su mayoría de Asia, y no creo que sea mera casualidad, por lo que buscar en el cine de dicho continente con más frecuencia...

En esta ocasión, el director Chan-wook Park nos ofrece una historia que gira en torno a los sentimientos humanos, centrada más concretamente en el deseo y la obsesión por la venganza. Dae-Su -un enorme Min-sik Choi- es el atormentado personaje principal que será secuestrado durante quince largos años por un completo desconocido que, cuando le libera, le invita a averiguar el por qué de su dilatado encierro. Además, mientras está recluido, su mujer es asesinada y éste es señalado como principal sospechoso. Con todo esto, no es de extrañar que cuando queda en libertad el odio haya devorado su alma y sólo tenga deseos de llevar a cabo su terrible venganza sobre el hombre que le ha privado de casi todo lo que tenía. Poco a poco Dae-Su irá desentramando los oscuros secretos de su captor y los motivos de su secuestro, a la vez que la venganza, convertida en motor de su nueva vida, le acerca cada vez más al abismo de la autodestrucción atravesando una montaña rusa de dolor, violencia, odio y venganza de la que somos totalmente partícipes.
Ríe, y el mundo entero reirá contigo. Llora y llorarás sólo.
Al enorme atractivo narrativo de la historia -un delicioso thriller dramático que mezcla acción, misterio, tragedia y romance a partes iguales con toques de auténtico humor negro- hay que sumarle el enorme nivel técnico del film, excelente a todos los niveles: una fotografía preciosa, planos tremendamente originales,  una genial banda sonora que guía al espectador durante todo el metraje, un potente y atractivo velo audiovisual que te atrapa y no te suelta hasta el desenlace -que, todo hay que decirlo, es uno de esos finales que permanecen en la memoria para siempre- y un ritmo ágil e hipnótico que nunca decae a pesar de que la densidad de la historia. Y además, somos testigos de un buen puñado de escenas de esas que permanecen grabadas a fuego en nuestro subconsciente para siempre, pudiendo mencionar algunos ejemplos que van desde el famoso plano-secuencia del pasillo y el martillo, hasta el momento en el que Dae-Su se come un pulpo vivo, pasando por la delicadeza de una ortodoncia a base de martillazos. Son escenas potentes, algunas violentas pero en ningún momento desagradables, y repletas de fuerza y de belleza casi poética. Las palabras se quedan cortas para describir el aura de la película.


Ya hemos comentado que Choi Min-sik se come la pantalla interpretando a Dae-Su con una actuación bestial que denota entrega y pasión por su trabajo. Lo de este actor nacido en Seúl en 1962 empieza a ser de escándalo y sus continuas actuaciones de nivel piden a gritos un gran premio internacional. En esta ocasión nos regala la dramática evolución, a todos los niveles, de un personaje totalmente atormentado que transita entre la venganza y la redención, la soledad y el odio, para llegar a niveles que rozan la locura. Junto a él, dos pilares sustentan la historia a nivel interpretativo: uno es Yu Ji-tae dando vida a Lee Woo-jin, el "villano" de la función -y uso aquí las comillas porque ésta es una de esas historias en las que llega un punto donde el bien y el mal se confunden, haciendo imposible distinguir a los buenos de los malos-, personaje brillante y turbador, responsable del secuestro de Dae-Su y poseedor de un secreto con bastante peso en el film. La tercera en discordia es Kang Hye-jung, la protagonista femenina que da vida con candidez e inocencia a Mido, otro personaje que esconde secretos y cuya relación con Dae-Su será clave en el devenir de la historia. La intensa y misteriosa relación del trío protagonista es, junto a sus motivaciones, sus miedos, y sus deseos, el auténtico motor de la historia, y el mérito recae, a partes iguales, en la habilidad del guión engarzando sus historias y en la excelente labor interpretativa de los tres.


Película fascinante y embriagadora, sencillamente imprescindible y con un poderío narrativo y visual impresionante que a mí, personalmente, me ha cautivado. Es un torrente de emociones que van desde la soledad hasta el drama, pasando por la culpabilidad, la venganza, la redención, el amor, el odio, y la locura hasta desembocar en el tremendo desenlace, fijado en mi cabeza desde el primer día en que la disfruté. Por si fuera poco todo esto, juega a su favor la baza de la ambigüedad moral cuando el bien y el mal empiezan a confundirse por momentos y no se puede distinguir entre buenos y malos, entre héroes y monstruos. A eso le sumamos sus buenos personajes, actuaciones memorables -¡enorme Choi Min-sik!- y grandes escenas para el recuerdo. Todo ello la convierte, vuelvo a insistir, en una auténtica obra maestra que debería proyectarse sí o sí en cualquier clase, curso o asignatura sobre el Séptimo Arte.



Contagio (Steven Soderbergh, 2011)

Título original: Contagion   Género: Drama, Thriller, Sci-Fi
Duración: 106 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Steven Soderbergh   Guión: Scott Z.Burns

Un virus letal que se transmite por el aire y mata en cuestión de días amenaza con extenderse por todo el planeta y acabar con buena parte de la población mundial. A medida que va creciendo la epidemia, la comunidad médica mundial lucha contrarreloj para encontrar una cura y controlar el pánico, que se extiende incluso más rápido que el propio virus. Al mismo tiempo, la gente lucha por sobrevivir en una sociedad que se desmorona.
Hay que reconocer que si eres hipocondríaco y algo paranoico, Contagio no es tu película, porque la cosa va de virus, infecciones, epidemias y, cómo no, infinidad de contagios y de mil y una maneras. Con un realismo sobrecogedor, Steven Soderbergh se ha encargado de plasmar en la gran pantalla el terrible e implacable proceso de expansión de una pandemia mortal desde sus primeros pasos hasta la inevitable infección global. Para ello, y como suele ser habitual en buena parte de las películas del realizador de Atlanta, Soderbergh se ha rodeado de rostros muy conocidos a nivel interpretativo para componer su mosaico habitual de personajes cruzados, en este caso bajo el descorazonador marco de una apocaliptica epidemia mundial.


Soderbergh, quien dijo hace tiempo que próximamente se retiraría del mundo del cine para negarlo posteriormente (cosa que si cumple será una verdadera pena) es un profesional como la copa de un pino y un director de esos que siempre, en menor o mayor medida, da la talla con sus películas y nunca suele defraudar. La regularidad de su cine es su mayor baza y Contagio es una nueva muestra de su buen hacer tras las cámaras y de su habilidad entrelazando historias y desgranando vidas, resultando una película muy entretenida a pesar de que el enfoque que se le ha dado al tema de la pandemia prescinde de la acción, la espectacularidad y la grandilocuencia de otras películas sobre este tipo de desastres como Estallido (1995) o 28 Días Después (2002). En esta ocasión el tema es tratado bajo un prisma mucho más realista, con una frialdad tremenda marca de la casa y una carga enorme de cruda realidad. El espectador asiste así a una recreación hipotética que resulta estremecedora dada la enorme carga de realismo con la que el film ataca nuestro subconsciente, describiendo una situación que podría no sólo ocurrir, sino desarrollarse tal y como la historia plantea: focos de nacimiento de la pandemia, expansión y desarrollo de la misma, reacciones de las instituciones médicas mundiales, el papel de las nuevas tecnologias a la hora de comunicar y enfocar el problema y, como daño colateral, el más que probable desmoronamiento de la sociedad ante una situación catastrófica de semejante envergadura... Todo esto se plantea y se desarrolla sin excentricidades, sin hipérboles innecesarias y con una sencillez totalmente aséptica, y así la historia entra limpiamente en el espectador como un bisturí en el cerebro al que disecciona.


Todo ello sin necesidad de focalizar el protagonismo en ninguno de los grandes nombres con los que cuenta Soderbergh para desarrollar la historia, ni de establecer prioridades entre actores, aunque bien es cierto que el drama personal del personaje interpretado por Matt Damon ocupa buena parte de la historia, aunque como ya os digo, todas las tramas tienen su dosis de importancia y se articulan en torno al nódulo central: la pandemia, sus causas, efectos y estragos en la sociedad mundial. No sabría destacar a ninguno en particular, aunque me gustó de manera especial el personaje de Jude Law (en parte porque representa el lado salvaje y el poder incontrolable de la comunicación en la red, para bien y para mal...), quizás un tanto desaprovechado y que podría haber dado mucho más de sí como azote de la burocracia y las compañias farmaceúticas. Y por cierto, en ese sentido, me pareció captar cierto posicionamiento por parte del realizador para con el bando de las multinacionales, organizaciones gubernamentales y demás organismos oficiales, en detrimento de personaje de Jude Law que representa el deseo de saber y de llegar hasta el fondo de la verdad por parte del grueso de la sociedad.


Resumiendo, una película narrada sin prisa pero sin pausa, con el sello indiscutible de Soderbergh y con un buen elenco de actores al servicio de una historia que tiene visos de poder convertirse en realidad en un futuro no muy lejano y que muestra el más que probable proceso de diferentes estamentos a la hora de afrontar semejante problema, y también las reacciones de una sociedad puesta al límite y azotada por una amenaza de tales proporciones, llegando incluso al resquebrajamiento de valores éticos y cívicos. Los que esperen una cinta apocalíptica repleta de explosiones y acción a raudales se sentirán decepcionados. El resto disfrutará de una historia bien contada con visos de documental que como gran hándicap tiene el hecho de que quizás podría haber dado más de sí.


I Saw the Devil [ 악마를 보았다 ] (Jee-woon Kim, 2010)

Título original: 악마를 보았다   Género: Thriller
Duración: 144 minutos   País: Corea del Sur
Dirección: Ji-woon Kim   Guión: Hoon-jung Park
Música: Mowg   Web: isawthedevilmovie.com/

La policía coreana trata de encontrar a un depravado asesino en serie que lleva tiempo sembrando el terror en la zona. Soo-hyun, un agente secreto del gobierno, comienza una caza implacable cuando su novía se convierte en la última víctima del asesino. De esa forma dará comienzo un macabro juego del gato y el ratón sin concesiones.

 Dentro de esta racha de cine asiático en la que estoy inmerso en los últimos días, hoy es el turno de reseñar el que muchos han calificado como el mejor thriller de los últimos años: I Saw the Devil (Encontré al Diablo), una trepidante historia de persecución y venganza que viene de la mano de Ji-woon Kim, director de Dos Hermanas (2003) o El Bueno, el Malo y el Raro (2008). La verdad es que no cabe duda de que estamos ante un film espectacular, en el que todos los aspectos se han cuidado hasta el más mínimo detalle. El resultado es una trepidante historia de venganza con un ritmo endiablado en la que no faltan detalles que la convierten, por momentos, en un drama policíaco o en una escalofriante película de terror psicológico.


El film, como ya he comentado, se sustenta sobre una tremenda historia de venganza, una frenética cacería humana en la que dos personajes geniales se enfrentarán en un brutal juego del ratón y el gato, un toma y daca sin concesiones entre dos hombres sin nada que perder, con el único fin de acabar uno con el otro, enmarcado todo ello en una espiral de violencia casi sin límites. Uno de esos personajes es Kim Soo-hyeon, agente secreto de la policía coreana que se convertirá en improvisado e implacable justiciero al margen de la ley cuando su prometida es violada, asesinada y descuartizada por un psicópata sin escrúpulos que lleva tiempo sembrando el terror en la zona.


La interpretación de este agente corre a cargo de Byung-hun Lee, actor con una larga trayectoria en el cine asiático que díó el salto al streaming hollywoodiense con G.I.Joe (2009), y que se mete a la perfección en el papel de hombre atormentado que se convierte en monstruo para acabar con otro monstruo. Buena actuación aunque algo fría en general, que se sustenta en un rostro inexpugnable, rebosante de furia contenida que se libera por momentos en los violentos encuentros con el inhumano asesino en serie, un duelo sobre el que pivota por completo el film. Aún así, la auténtica estrella de la función es el villano, de gran carisma y una bajeza moral increible, cosa que no le impide constituirse en el personaje que más llama la atención. El encargado de meterse en la piel del psychokiller Kyung-Chul es un actor como la copa de un pino que nos regala una actuación memorable, digna de un gran premio (si los grandes premios se tornaran justos alguna vez...). Se trata de Min-sik Choi, conocido por ser el protagonista de la cinta de culto Oldboy, dirigida en 2003 por Chan-wook Park. Simplemente una interpretación magistral, para la que sólo cabe el aplauso y la reverencia. Actor de culto para mí desde ya.


El tira y afloja entre este tándem protagonista es la principal baza de un film cuya acción pronto alcanza velocidad de crucero y al que lo único que se le puede achacar como defecto es su extensa duración (casi dos horas y media...) y un ligero descenso en el ritmo narrativo según avanza el metraje. Yo añadiría que el final, a pesar de ser un desenlace correcto, peca de una ligera falta de fuerza según lo visto y acontecido durante toda la historia. Aún así, entra dentro de las opciones lógicas y supone un buen broche a una historia trepidante de esas que te agarran por la solapa y no te suelta hasta el final, al que asistes conteniendo la respiración y esperando el golpe de gracia definitivo.

Técnicamente, la película roza la perfección y se nota que se ha cuidado con mimo hasta el más mínimo detalle: planos, secuencias, la posición de la cámara, la fotografía, la dirección artística... Un deleite técnico al servicio del espectador. Destacaría, por encima de todo, la secuencia del taxi, con esa cámara pivotando sobre sí misma y ofreciéndonos una panorámica completa de la acción que transcurre dentro del vehículo. Simplemente genial, una auténtica gozada. Y no me olvido de unos efectos especiales a la altura, dotando de un realismo sobrecogedor a las escenas de violencia y tortura del film.


I Saw the Devil ha supuesto para mí un viaje increible durante el cual descubrimos los lugares más recónditos del ser humano, viajando desde la lúgubre y tenebrosa gruta que constituye el interior de ese asesino que comete cualquier tipo de acto, por escalofriante que sea, para satisfacer su necesidad de sangre y muerte, hasta el pozo sin fondo rebosante de odio y venganza en que se convierte el alma del improvisado y atormentado justiciero que se transforma en monstruo para dar caza a otro. Una auténtica espiral de violencia y autodestrucción mutua a la que asistimos impasibles y sin pestañear, que intenta convencernos de que es imposible recuperar lo perdido a pesar de que inflinjamos al culpable de nuestra pérdida todo el dolor del mundo. Si, es posible que no sirva para traer de vuelta aquello que amamos y nos arrebataron, pero tengo que reconocer que soy de ese tipo de personas que casi equiparan justicia con venganza. Peliculón con mayúsculas, y de nuevo una película asiática, este vez coreana, a mi olimpo particular.





Bedevilled [ 김복남 살인사건의 전말 ] (Chul-soo Jang, 2010)

Título original: 김복남 살인사건의 전말   Género: Drama, Thriller
Duración: 115 minutos   País: Corea del Sur
Dirección: Chul-soo Jang   Guión: Kwang-young Choi
Música: Tae-seong Kim 

Una joven se ve obligada a tomarse unas vacaciones después de ser testigo de un intento de agresión y tras una serie de contratiempos en el trabajo. Cuando viaja a la isla Moo-Do,  habitada por sólo nueve personas y donde vivían hace años sus abuelos, se volverá a encontrar con una amiga de la infancia, la cual se encuentra en una situación límite, siendo víctima de todo tipo de maltratos y vejaciones por parte del resto del pueblo.

Sigo con esta pequeña racha que llevo de degustar películas orientales (la primera y muy satisfactoria fue la nipona Confessions...), ahora es el turno de la coreana Bedevilled, el valiente debut en la dirección de Chul-soo Jang, que ha tenido la osadía de plantear en su ópera prima un tema tan polémico y escalofriante como la violencia de género, los abusos a menores y la explotación sexual y laboral de la mujer. Está claro que es una película dura que afronta temas escabrosos, pero no deja de ser una historia interesante y esclarecedora sobre lo que aún estoy seguro que sigue ocurriendo hoy en día en numerosos lugares del planeta. En ese sentido, cualquier forma de denunciar el problema es válida, y el cine no es una excepción.


La hechos narrados en este film tienen como protagonistas absolutas a dos mujeres cuyas vidas estuvieron ligeramente unidas en su infancia aunque la vida adulta las separó definitivamente, llevando a cada una de ellas por un sendero totalmente diferente. Seong-won Ji interpreta a Hae-won, la chica que vive en Seúl y que decide huir de sus problemas y del stress de la vida en la gran ciudad pasando un tiempo en la isla Moo-Do, donde una vez vivieron sus abuelos y donde pasó buenos momentos en su día junto a Kim Bok-nam, interpretada por una magistral Yeong-hie Seo. Esta última vive en un ambiente totalmente hostil hacia su persona, y es continuamente objeto de abusos y vejaciones por parte de los habitantes de la isla, que no dejan de ser sus propios familiares. El contraste entre dos estilos de vida antagónicos  tendrá lugar cuando las dos amigas de juventud se reencuentren en un ambiente ciertamente explosivo.


La primera parte de la película es una perfecta narración dramática de la terrible situación de una mujer que tiene la desgracia de vivir en un trozo de Corea totalmente anclado en tradiciones absolutamente conservadoras y terriblemente machistas, más propias del medievo rural coreano e indignas para las alturas de siglo XXI en el que vivimos. Poco a poco la historia va desgranando detalles y sucesos de la vida de Kim Bok-nam, generando una terrible sensación de impotencia en el espectador que asiste a la desdicha de la joven coreana. Así, el clima de tensión va continuamente en aumento mientras somos testigos de la desgraciada vida en la isla, hasta que finalmente desemboca en un baño de sangre que se puede denominar como "venganza justificada y necesaria", y quizás la única salida después del cariz que toman los acontecimientos tras un punto clave en la narración. Esta última parte del film, cercano a los cánones de cualquier slasher que se precie, es la que ha llevado a confundir en ocasiones al espectador que se acercaba a esta historia esperando una historia más de terror y se sorprendía totalmente al darse de bruces con un excelente drama con sutiles toques de thriller y un desenlace bañado en sangre y con ciertas reminiscencias gore.


Una vez más, fue Perse la que me puso tras la pista de esta película, recomendándomela una vez que ella ya la había visto, y una vez más tengo que agradecerle la sugerencia. Bedevilled es un film que funciona a la perfección como drama, máxime teniendo en cuenta los terribles sucesos que denuncia y que, tristemente, hoy en día siguen estando a la orden del día. A mi me ha sorprendido bastante y sólo le puedo reprochar un pequeño exceso de metraje, con una serie de escenas alargadas ligeramente, en lo que ya se ha convertido en una característica más del cine asiático, pero que no empaña para nada la fuerza de una historia tan terrible, ni la ya mencionada enorme actuación de Yeong-hie Seo, a la que habrá que seguirle la pista desde ya.




Confessions [告白, Kokuhaku] (Tetsuya Nakashima, 2010)

Título original: 告白, Kokuhaku   Género: Drama, Thriller
Duración: 106 minutos   País: Japón
Dirección: Tetsuya Nakashima   Guión: Tetsuya Nakashima, basado en la novela de Kanae Minato.
Música: Toyohiko Kanahashi 

Es el último dia de clase en un instituto nipón y una profesora se despide de los alumnos con el anuncio de que deja la escuela, y añadiendo una confesión: ha descubierto que su hija de cuatro años,  ahogada en la piscina de la escuela, fue en realidad asesinada por dos estudiantes de esa misma clase, y añade que ya ha puesto en marcha su venganza contra ellos...


Las grandes películas no necesitan demasiadas presentaciones. Ellas solas se abren camino de forma contundente desde el principio de la narración. Incluso a veces captan la atención y despiertan el interés simplemente con un par de pinceladas argumentales, y en el caso de Confessions ( 告白, Kokuhaku) su simple pero rotunda sinopsis supone un interesante punto de partida para una historia brillante, intensa, emotiva, conmovedora y perturbadora a partes iguales, sin dejar de lado en ningún momento un férreo contacto con la realidad más aplastante y, tristemente, de rabiosa actualidad en este tiempo que nos ha tocado vivir. Además, os podeís hacer una idea de la enjundia del film si os digo que fue la película elegida por la Academia de Cine Japonés para representar al país del sol naciente en la edición de los Oscars de este año 2011. Aunque finalmente no pasó el corte de la Academia de Hollywood, en Japón sí que consiguió el premio a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión y Mejor Editor en la 34ª edición de los premios de la Academia de Cine Japonés.


La película comienza con la confesión mencionada en la sinopsis por parte de la profesora Yuko Moriguchi, interpretada con un aplomo y una frialdad imperturbable por una espectacular Takako Matsu. Esa primera media hora del film, que no deja de ser una introducción para disponer las piezas en el tablero y a partir de ahí desarrollarlo todo, es un brillante ejercicio narrativo de una calidad y una clase cinematográfica increible. Lo podríamos escindir del resto de la película y disfrutarlo como si de un mediometraje se tratase sin que su calidad y potencia narrativa perdiera ni un ápice. Pero no, no deja de ser una introducción a partir de la cual procesar y digerir el resto de la historia, narrada desde el punto de vista de cinco personajes, incluyendo a la profesora Moriguchi además del de los dos implicados en el asesinato de su hija, la madre de uno de ellos y el de una compañera de clase que tendrá mucho que decir en la brillante historia, que gana en matices y giros impactantes desde las perspectivas de estos personajes. Los tres jóvenes protagonistas (Ai Hashimoto como Mizuki Kitahara, Yukito Nishii en el papel de Shuya Watanabe y Kaoru Fujiwara como Naoki Shimomura) bordan sus papeles adolescentes transmitiendo en todo momento los diferentes estados por los que transitan a lo largo de la historia. 


Confessions es un oscuro relato de venganza (¡y qué venganza, oiga!) y una historia que intenta indagar en las motivaciones que pueden llevar a los jóvenes de hoy en día a cometer crímenes y fechorías, al mismo tiempo que supone una profunda y dura reflexión sobre la escasez de valores en la sociedad actual (me da igual que hablemos de la sociedad nipona o de la española, no encuentro diferencias de peso...), incluyendo una clara y meridiana crítica a las leyes que amparan y protegen a los menores ante cualquier delito y les ofrecen poco menos que carta blanca para violar las leyes del civismo, sabedores de antemano que su castigo será, en todo caso, efímero y liviano. Además, es una historia que lejos de caer en exageraciones e hipérboles, se encuentra totalmente anclada a la más dura realidad e incluso podríamos añadir que, como se suele decir, "la realidad siempre supera a la ficción". El sistema educativo actual, el bullying en los centros de enseñanza, la estructura y el rol de la familia en la sociedad del siglo XXI... Confessions toca muchos aspectos y nos cuenta muchas cosas sin llegar en ningún momento a sobrecargarnos.

Técnicamente perfecta, es digna de elogio la lírica y elegante puesta en escena, muy videoclipera por momentos, y la perfecta sincronización entre las imágenes y la excepcional banda sonora, totalmente melancólica y turbadora, convirtiendo la película en una especie de pesadilla totalmente realista en la que la narración avanza a golpe de flashbacks, escenas oníricas o momentos en los que la intensidad se acentúa con un brillante e inteligente uso de la cámara lenta. El precioso e inédito tema de Radiohead que suena durante el film (Last Flowers) no es más que la guinda para un trasfondo musical inmejorable.


En definitiva, un peliculón como la copa de un pino, grata sorpresa que cambia totalmente el concepto preinstalado en mi procesador cinematográfico interno sobre el cine oriental y toda una experiencia para los sentidos y el alma con una historia de esas que te cogen, te zarandean, te golpean y te aturden pero que a la vez te hacen pensar y te dejan con un extraño sabor de boca al terminar. Tanto GuardiaOscura como Sonia Unleashed y Angel de Alas Negras ya la había visto y más o menos coinciden en la valoración final. Para mí, película imprescindible no del 2010 ni del 2011, sino de todos los tiempos, y va directa a mi Hall of Fame particular.




Defendor (Peter Stebbings, 2009)


Título original: Defendor   Género: Drama, Comedia, Superhéroes
Duración: 95 minutos    País: Canadá
Dirección: Peter Stebbings   Guión: Peter Stebbings

Arthur Poppington, un deficiente mental que de día es obrero de la construcción, se transforma de noche en Defendor, un autoproclamado super héroe que trata de combatir el crimen. Arthur está obsesionado con encontrar al Capitán Industria, un archienemigo que él ha inventado y al que culpa de la muerte de su madre por sobredosis. Durante sus salidas nocturnas se topará con Chuck Dooney, policia corrupto involucrado en numerosos asuntos turbios y con Angel, una joven prostituta que le toma cariño y que le dará las indicaciones necesdarias para que Defendor cumpla la misión de su vida: acabar con el Capitán Industria...

Fantástico debut en la dirección de Peter Stebbings (actor con un buen puñado de papeles  secundarios en televisión en su carrera) que con una historia de cuño propio firma una película de esas que no ha tenido demasiada repercusión y que ha pasado sin pena ni gloria por carteleras, festivales y demás, pero que una vez vista permanece en la memoria durante mucho más tiempo que cualquiera de esos éxitos de taquilla con los que nos bombardean. Muchas vueltas tuvo que dar Stebbings, guión escrito desde 2005 en mano para que, después de numerosas negativas en los EE.UU, tuviera que recurrir a su Canadá natal y al dinero de su propio bolsillo para conseguir financiar esta historia. 

  
Defendor no es la típica historia de superhéroes cargada de efectos especiales y acción sin tregua; tampoco es una parodia o sátira del mundillo de esos tíos con mallas y poderes increibles. Todo lo contrario: Defendor se aleja de ese tono de humor y resulta siendo un drama real que explora el lado humano de un tipo normal que decide adoptar un papel para luchar contra lo que él cree (de forma acertada) que debe ser erradicado. Y el director lo borda a la hora de sumergirnos en la psique de Arthur Poppington, consiguiendo que realmente casi seamos capaces de sentir y pensar como Arthur piensa, logrando una empatía monumental entre espectador y protagonista.


Está claro que a ello contribuye, y se me antoja imprescindible, la encomiable y magnífica actuación de un Woody Harrelson en estado de gracia, perfecto en el papel de ese hombre honesto a más no poder, entregado a la ardua e imposible tarea de cambiar el mundo de noche y con un disfraz casero. Arthur es un retrasado, tiene un concepto radical del bien y el mal y tiene todas las de perder, pero aún así es inevitable encariñarse con él y hasta querer obtener un poco de su valor y su entrega. E insisto: la actuación de Woody Harrelson es impresionante, llega a emocionar sin recurrir a recursos complejos o manidos, y a otros, por mucho menos y en papeles con el mismo punto de partida pero de resultado mucho más convencional, le han dado un Oscar (véase Dustin Hoffman en Rain Man). Además, Elias Koteas demuestra una vez más que es un actor en racha y a tener en cuenta, en un nuevo papel de secundario en el que deja su impronta de gran profesional.
Defendor es una película para recomendar sí o sí. Es una historia en perfecto equilibrio consigo misma: te hace sonreir cuando se lo propone (sólo hay que recordar el  comienzo, con esos guiños a las películas normales de superhéroes, o el aspecto de Defendor incluido su "sofisticado" armamento, a base de canicas, botes con avispas cabreadas o ese casco con cámara que graba en VHS...); cuando quiere subir el ritmo lo consigue y ofrece ciertas escenas de acción y cierta tensión más que correctas dada su escaso prespuesto (cuatro millones de dólares); y, sobre todo, emociona de forma sencilla, sin recurrir a resortes facilones y lo hace con la fuerza de una historia, con la gran interpretación de un gran actor y con la capacidad de pulsar en la mente del espectador los mecanismos necesarios.  Parece mentira que un debutante tras las cámaras consiga resultados tan conseguidos como este film. Para mí, una joya.

Balada Triste de Trompeta (Alex de la Iglesia, 2010)

Título original: Balada Triste de Trompeta
Año: 2010 
Duración: 107 minutos
País: España
Género: Comedia, Drama
Dirección: Alex de la Iglesia
Música: Roque Baños
Web:baladatristedetrompeta.com 


1937: los monos de un circo aúllan salvajes dentro de su jaula mientras, en el exterior, los hombres se matan en otro circo: la guerra civil española, que sigue su curso. El payaso tonto del circo, reclutado a la fuerza por los milicianos, termina perpetrando, sin abandonar su disfraz, una carnicería a machetazos entre las filas del bando Nacional. Así da comienzo una historia de venganza en la que Javier y Sergio, dos terroríficos y desfigurados payasos, se enfrentarán a muerte por el ambiguo amor de una bailarina durante la era del franquismo. 


Ha vuelto el Alex de la Iglesia que todos echábamos de menos. Ese Alex que sorprendió con Acción Mutante (1993) y nos encantó con El Dia de la Bestia (1995). El mismo director que creó esa pequeña joya del humor negro que es La Comunidad (2000) y que intentó repetir formula años después con Crimen Ferpecto (2004). Atrás queda la olvidable Los Crímenes de Oxford (2008), a la que considero el mayor borrón en la carrera de este director.


Y vuelve, como se suele decir, por la puerta grande, con una comedia negra, negrísima. No me cabe duda de que es la película más personal de Alex de la Iglesia y el proyecto que más hunde sus raices directamente en las entrañas del director de Bilbao. Es una apuesta arriesgada, una historia grotesca y visceral, que muchos tacharán de excesiva, pero es que Balada Triste de Trompeta es una historia descabellada, una mezcla explosiva repleta de los clichés vistos en anteriores películas de la filmografía del director, quizás incluso llegando un paso más allá. Y yo aplaudo esa vuelta a los orígenes, esa manta liada a la cabeza y esa valentía a la hora de hacer la película que a uno le sale de las narices empleando un instrumento genuino y eficiente a la hora de rodar cine: la rabia.

Balada Triste de Trompeta es una historia que comienza en la Guerra Civil Española y se dilata en el tiempo más o menos hasta el atentado contra Carrero Blanco. Un amplio período que sirve para mostrar en qué se había convertido el país después de una guerra que dejó abiertas numerosas heridas y dos bandos que, aunque cesaron en la masacre, seguían tan enfrentados como antaño. Y para ello, la metáfora de los dos payasos luchando por el amor de la trapecista es genial. Javier (Carlos Areces) es el Payaso Triste y Sergio (Antonio de la Torre) es el Payaso Tonto. Ambos librarán una lucha encarnizada por el amor de  Natalia (Carolina Bang). El primero es la personificación del bando republicano y el segundo la del bando franquista y, evidentemente, Natalia es España, un país desquiciado, sin saber en brazos de qué pretendiente dejarse caer, desconocedora de su destino y su camino en la vida...


Del trío protagonista hay que destacar a Carlos Areces y Antonio de la Torre. El primero es capaz de pasar de unos registros cómicos a los que ya nos tenía acostumbrados a cotas mucho más bizarras y desgarradoras, y el segundo vuelve a demostrar que es uno de los grandes actores de este país, no tan reconocido como otros que acaparan portadas. Carolina Bang cumple, sin más, al igual que el resto de secundarios (Santiago Segura, Fernando Guillén Cuervo, Enrique Villén, Sancho Gracia o Juan Luis Galiardo).

Además, la película está muy bien rodada, a pesar del exceso del que peca y de la complicada mezcla de comedia, humor negro, violencia, tragedia, con pasajes sumergidos por completo en lo absurdo, lo bizarro y lo grotesco. Como retrospectiva de la España de la posguerra es genial, dejando de lado todo ese almíbar y la corrección bastante alejada de la realidad de "Cuéntame". Desde el principio se ofrece una radiografía de España, con mención especial a los  tremendos títulos  de crédito inciales, tan rotundos y tan abrumadores que te clavan a la butaca y te sirven de aperitivo y bautismo de fuego para lo que viene después. Y el final en el Valle de los Caídos es brutal y muy similar  en su fórmula y planteamiento al desenlace de El Día de la Bestia.


Evidentemente, no es una película perfecta, no es un brillante ejercicio de cinematografía academicista y es políticamente incorrecta (expresión que encaja mejor que nunca).  También tiene algún defecto a la hora de resolver un par de planteamientos y pasa de puntillas por aspectos que merecerían una explicación de mayor enjundia. A cambio, es una película  bruta y sin complejos, rodada con el corazón y con las entrañas, que provoca sensaciones en el espectador cosa que, al fin y al cabo, es lo que el cine debería hacer siempre: generar reacciones de todo tipo. Una fuerza inusitada está presente en todos y cada uno de los fotogramas y eso, en conjunto, es arrebatador. Suelen decir que "el que no arriesga no gana". Pues bien, la última película de Alex de la Iglesia hasta la fecha es una osadía y un atrevimiento monumental...




Lake Mungo (Joel Anderson, 2008)

Título original: Lake Mungo
Año: 2008
Duración: 88 minutos
País: Australia
Género: Terror, Thriller, Drama
Dirección: Joel Anderson
Música: Dai Paterson





La muerte de Alice desencadena una serie de hechos en principio sobrenaturales que llevarán a su familia a seguir una serie de pistas para esclarecer la muerte de su hija. Pero lo que descubrán en realidad será la doble vida y la multitud de secretos que Alice tenía. Este documental muestra los esfuerzos que una familia destrozada por una tremenda pérdida realiza para sobreponerse al dolor.





No cabe duda de que los falsos documentales están de moda en el mundo del cine y que en los últimos años han surgido numerosas propuestas dentro del género, algunas realmente interesantes y otras no tanto. Monstruoso (Cloverfield) y la española [REC] se encuentran entre las elegidas para dejar un buen sabor de boca, mientras que Paranormal Activity, nombrada hasta la saciedad y convertida en fenómeno gracias al boca a boca, constituye un buen ejemplo de mockumentary enlatado, de susto fácil y convencionalismos a raudales.

 Por suerte, no es el caso de Lake Mungo, que se erige como una excelente muestra de cómo  debe constituirse un mockumentary que busque alcanzar al máximo esa sensación de realidad a través de la mimetización con los documentales de toda la vida. La historia llega al espectador a través de las entrevistas y testimonios de familiares y personas involucradas en el caso, dejando poco espacio para la improvisación y alcanzando, por tanto, grandes cotas de realismo. 



Durante todo el proceso narrativo predomina el drama en la historia y no se abusa, por suerte, de los golpes fáciles de terror a los que estamos habituados, sino que aquí lo sobrenatural está servido con cuentagotas, una forma efectiva de otorgar un plus de realidad más si cabe. Así, entre testimonios llenos de dramatismo y pinceladas propias de historias de fantasmas, la historia tomará unos derroteros sorprendentes hacia la mitad del metraje, ofreciendo una nueva perspectiva frente al camino que nos venía mostrando.Pero de la trama no voy a desvelar nada más, es mejor que lo descubraís vosotros mismos.

Lake Mungo es una logradísima recreación documental de lo que ocurre cuando una familia pierde a uno de sus miembros, realista hasta la saciedad y sin caer en la lágrima fácil o el drama folletinesco. Si a eso le unimos unas gotitas de sucesos sobrenaturales y un giro en la trama realmente efectista, sólo me queda recomendárosla porque si os metéis dentro de la historia propuesta y olvidaís que es ficitio, disfrutareís de un muy buen thriller.


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