Fecha de publicación: Mayo 2010 (España); 2004 en Japòn.
Nº de páginas: 256
ISBN: 9788483835623
Casi a medianoche, una joven llamada Mari se encuentra en un bar leyendo sola. Mientras tanto su hermana Eri duerme profundamente en una habitación de su casa en otra parte de la ciudad. En el bar aparece Takahashi, con quien Mari había coincidido tiempo atrás en una fiesta a la que también había acudido su hermana Eri. El joven intenta una y otra vez entablar conversación con ella, hasta que finalmente Mari abandona su parquedad después de intervenir en un incidente con una prostituta en un love hotel. Mientras, Eri continúa profundamente dormida, siendo observada desde la pantalla de un televisor. Esa noche se establecerá un nexo de unión entre las dos hermanas.
After Dark es el segundo libro de Murakami que leo después de Tokyo Blues, que me encantó, y de haber empezado La Caza del Carnero Salvaje, del que apenas leí una decena de páginas (pero que volveré a retomar). En esta ocasión, y teniendo en cuenta que After Dark es una novela corta y que la he leido en el trabajo (donde tengo 12 horas bastante libres), la he terminado en una intensa mañana de lectura frente a una ventana mientras caía el diluvio universal (porque en el norte no importa que sea agosto para que ocurran esas cosas).
La historia es bastante amena, ágil y dinámica, y atrapa al lector como casi toda la obra de Murakami, que tiene ese carácter hipnótico que te sumerge en la lectura y no te libera hasta que has terminado. Quizás no atrapa con la misma fuerza que, por ejemplo, con Tokyo Blues, pero indiscutiblemente el estilo Murakami está muy presente y eso es un valor seguro. Además, After Dark cuenta con una serie de ingredientes bastante atractivos cara al lector.
Para empezar, la historia gira en torno a un puñado de personajes y las relaciones que se establecen o existían ya con anterioridad entre ellos, con lo que la narración revolotea y se posa constantemente en cada uno de ellos, mientras descubrimos que el factor común entre todos ellos es la soledad. La acción transcurre después de medianoche, en plena madrugada, una parte del día sugerente y misteriosa en la que la mayor parte del mundo duerme ajena a lo que ocurre durante esas horas. Una serie de relojes al principio de cada capítulo nos mostrará la hora en la que transcurre la historia, un recurso muy gráfico de Murakami que sin embargo no acaba ahí, ya que la forma en la que nos introduce en los escenarios es totalmente cinematográfica, casi describiendo con claridad los movimientos de una cámara que en este caso es el lector, tratando de que captemos la realidad tal y como lo haría el objetivo que filma mostrándonos un gran abanico de detalles.
Y por otro lado tenemos la música, eterno protagonista con Murakami, que en After Dark vuelve a utilizar piezas de jazz para crear la onírica "banda sonora" de la película/novela que estamos viendo/leyendo. En el blog de Sonia Unleashed teneís una excelente entrada con dicha banda sonora, donde ella misma ha recopilado todas y cada una de las canciones que aparecen en la novela.
Insisto en que no he saboreado After Dark tanto como hice en su momento con Tokyo Blues, pero es una novela corta recomendable para los que gusten del estilo de Murakami, con esos diálogos siempre tan característicos y ese desenlace tan sutil que casi no parece un final, sino más bien un comienzo (curiosamente, coincide con el amanecer de un nuevo dia...), en uno de esos finales tan abiertos que Murakami suele regalarnos para dejarnos con ganas de más.
Título original:Norwegian Wood( ノルウェイの森 ) Autor:Haruki Murakami Fecha de publicación: Junio de 2005 Nº de págs: 381 ISBN: 978-84-8383-504-3
He de confesar que la primera vez que tuve noticias de Murakami fué leyendo El Errante, el blog de mi amigo Alcorze, quien ya había tenido la oportunidad de leer varias de las obras de este autor nipón, y me decidí a leer algo de él en base a sus comentarios y recomendaciones. Y fué todo un acierto, asi que gracias, Emilio!
La historia comienza cuando Toru Watanabe, un ejecutivo de treinta y siete años, está llegando a Hamburgo en avión. Justo antes de que su vuelo aterrice, escucha por los altavoces del avión el tema Norwegian Wood, de los Beatles, el cual le hará viajar atrás en el tiempo y evocar una época muy concreta de su vida: su adolescencia, cuando apenas tenía diecinueve años y comenzaba sus estudios en la universidad. Rememorará las relaciones que marcaron esa etapa de su vida, su particular búsqueda del equilibrio y la necesidad de encontrar su sitio en el mundo.
El argumento puede parecer simple, pero la hipnótica capa con la que está lacada la historia hace que una vez empecemos, nos resulte dificil dejar de leer las vivencias de Watanabe, cuyo día a día se convierte en la principal arma de Murakami a la hora de engancharnos. En este caso prima la historia sobre el estilo, con una sencillez aplastante y sin ningún tipo de adorno en el lenguaje. Asistiremos a los primeros pasos de Watanabe en la residencia de estudiantes y cómo establece relaciones personales con amigos, compañeros y, sobre todo, con dos chicas: Naoko y Midori, que aunque puedan parecer diferentes, tienen muchos puntos en común: jóvenes, atractivas, espontáneas y un tanto inaccesibles. Además de este trío protagoniasta, tenemos al único amigo que Watanabe tiene en la residencia, Nagasawa, un tipo bastante vanidoso y prepotente que cuenta sus conquistas por decenas, y a Reiko, una mujer especial que ejerce las veces de tutora de Naoko.
La de Toru Watanabe es una historia de supervivencia en la que el protagonista, todo un antihéroe, intenta sobrevivir a su etapa adolescente y cruzar con éxito la frontera que le llevará al mundo de los adultos. En su camino se enfrentará a una tormenta de sentimientos, de dudas, de seres humanos imperfectos pero llenos de vitalidad que buscan su lugar en el mundo en ese periodo vital tan concreto y crucial que es la adolescencia. Watanabe descubrirá el precio que hay que pagar a veces en la juventud cuando se toman ciertas decisiones, asi como el peso de las relaciones entre personas, que a veces puede suponer toda una pesada carga, y otras un empujón para recorrer de forma más ágil el camino de la vida. Perfectamente narrada con ese enorme flash-back, la historia está aderezada con múltiples referencias musicales y literarias.
Tokyo Blues engancha desde el principio. No será la mejor novela de la historia, pero si es un relato precioso y lleno de sentimiento sobre la vida y la muerte, sobre el amor, el sexo y las relaciones personales, encuadrado en esa turbulenta etapa de la vida por la que todos pasamos y en la que se forja buena parte de nuestro destino y carácter merced a las decisiones, equivocadas o no, que tomamos durante la adolescencia. Y la vez es una historia tranquila, que transmite paz y sosiego, sin estruendos ni salidas de tono, sin dramatismos a pesar de que versa sobre temas trascendentales. Y presente en cada rincón, en cada párrafo, la libertad, que se respira en cada pasar de página como leit motiv, como auténtica musa inspiradora de Murakami y de Watanabe.
Os dejo con la canción de Los Beatles que da título a la novela, Norwegian Wood, una de las múltiples genialidades de John Lennon. En España la novela se tituló Tokyo Blues, que si bien puede sonar más comercial, no tiene nada que ver con lo que Murakami nos cuenta. Junto al tema musical, una frase que me encantó. Espero que disfruteís de la novela, porque sin duda es un texto para paladear, degustar y sacar conclusiones positivas sobre el arduo camino que supone la vida...
Si leyera lo mismo que los demás acabaría pensando como ellos. ¡El mundo está lleno de mediocres!