El bosque es un lugar demasiado oscuro y profundo, tengo promesas que cumplir y mucho que viajar antes de poder dormir...

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Red State (Kevin Smith, 2011)

Título original: Red State   Género: Thriller, Terror
Duración: 85 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Kevin Smith   Guión: Kevin Smith

Tres adolescentes  contestan a un anuncio de una mujer madura que busca sexo. Lo que empieza como una fantasía da un oscuro giro cuando se topan cara a cara con una terrorífica fuerza "sagrada" con una agenda pendiente fatal. Caerán así en la trampa mortal de un grupo fanático religioso liderado por el predicador Cooper, personaje inspirado en la figura real de Fred Phelps, líder y fundador de la Iglesia Bautista de Westboro, comunidad con un odio extremo hacia los homosexuales.


Turno ahora para una de las películas más polémicas de los ultimos meses, no porque la historia que cuenta sea escabrosa o muestre cosas que nunca antes hayamos visto, sino porque viene firmada por un Kevin Smith -el director indie clave en los años '90- que se desmarca de sus géneros habituales, y porque se ha establecido como una de esas películas que no tiene término medio: o te gusta o la detestas, dualidad que se ha acentuado después de que Red State se alzara con el galardón de Mejor Película en el Festival de Sitges de este año 2011. En mi opinión, es una película decente que, aunque podía haber dado mucho más de sí, no es el truño infumable que muchos han visto en ella. Cuestión de gustos...


En un principio la historia parece discurrir por los derroteros clásicos del cine de terror convencional. Tenemos un trío de adolescentes que, debido a sus revolucionadas hormonas, se dirigen hacia lo que cualquier espectador ducho en el género distinguiría como una trampa muy evidente. Pero claro, ajenos a ese saber empírico que viene otorgado por largas horas fagocitando cine de terror, los chavales se meten de lleno en la boca del lobo y caen prisioneros. Hasta aquí se extiende el primer acto, apenas una tramposa carta de presentación en la que Kevin Smith intenta hacer creer al espectador que se encuentra ante una película de género convencional.


Es entonces cuando el director de Clerks (1994) y Mallrats (1995) descubre parte de sus cartas y nos muestra qué tiene entre manos: los chicos acaban de caer en manos de una congregación religiosa extremadamente fanática y fundamentalista, liderada por el reverendo Abin Cooper -tremenda actuación por parte de Michael Parks, convincente al cien por cien como líder ultracristiano exacerbado y majareta-, que se marca un sermón realmente estremecedor en el que deja bien claro su aversión hacía los homosexuales y somos testigos del terrible destino que Dios y él mismo les tiene reservado a los jóvenes, que han sido confundidos con gays. Otra que brilla con luz propia gracias a su buena interpretación es Melissa Leo, en esta ocasión dando vida a Sara, una de las mujeres protagonistas de esta familia religiosa un tanto desquiciada. Este segundo acto es escalofriante por momentos, con grandes dosis de terror "real" provocado no por criaturas extrañas ni por asesinos del más allá, sino por monstruos humanos que asustan cuando muestran los oscuros recovecos de su alma, manejada por un loco a su antojo. Mención especial para la gran tensión contenida y finalmente desatada que se vive en este tramo de film,y baste como muestra una trepidante persecución dentro del edificio de la congregación y otro par más de escenas que prefiero no desvelar. Eso sí, la crítica al fundamentalismo religioso extremo y a la intolerancia de los fanatismos no puede ser más explícita en este tramo de la historia.


A partir de aquí es cuando entran en escena la ATF (Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives) con el agente Joseph Keenan al mando -personaje que recae sobre John Goodman en lo que supone la otra gran interpretación del film- y se desata una espiral de violencia y destrucción que abarca un adrenalítico tercer acto cimentado totalmente en un aumento considerable de la acción y que esconde otra nítida crítica, esta vez a las formas y procedimientos de las fuerzas de seguridad. Está claro que todos reciben lo suyo por parte de un Kevin Smith que atiza a diestro y siniestro. El punto y final lo pone un epílogo centrado en el personaje de John Goodman con una conversación -casi un monólogo- con el que se vuelve a criticar al gobierno de los EE.UU.


En resumidas cuentas, Red State no es una maravilla de película, pero sí que tiene a su favor una serie de puntos fuertes a tener en cuenta. Lo primero es que considero ese deambular entre géneros -aunque titubeante- un acierto ya que el espectador es sorprendido una y otra vez con cada giro que da el argumento y con ese baile de situaciones que van desde el terror al drama, pasando por algo thriller y un poco de acción, todo ello con algunas pinceladas de humor negro dispuesto de manera sutil. También cuenta a su favor con tres grandes interpretaciones -Michael Parks, John Goodman, Melissa Leo- que sobresalen por encima del resto del reparto. Por último hay que reconocer que aunque puede que se quede corto a la hora de la verdad, la apuesta de Kevin Smith es arriesgada al criticar sin tapujos a los tres estamentos mencionados anteriormente. Pero también tiene sus defectos, claro está: un guión en ocasiones confuso, situaciones demasiado forzadas, una conversación final que -en mi opinión- sobraba y la sensación generalizada de que podía haber sido más, mucho más. Pero insisto: es una historia relativamente correcta si tenemos en cuenta que es la primera película de Kevin Smith que se aleja de su hábitat natural.


Oldboy [올드보이] (Chan-wook Park, 2003)

Título original: 올드보이   Género: Drama, Thriller
Duración: 120 minutos   País: Corea del Sur
Música: Hyun-jung Shim  

Un día de 1988, Oh Dae-su es secuestrado. Cuando se despierta, está encerrado, sin saber dónde ni por qué. Mientras está confinado escucha en las noticias que su esposa ha sido brutalmente asesinada y la policía le busca como principal sospechoso ya que se ha encontrado sangre suya en el lugar del crimen. El tiempo pasa, y decide escribir todo lo que ha hecho en su vida que haya podido causar dolor a otros, además de jurar que se vengará del hombre que ha destruido su felicidad. Hasta que llega el día en que es liberado 15 años después, dejándole un teléfono móvil y una cartera llena de dinero. Recibe la llamada de un extraño, que le dice que ahora le toca descubrir el porqué de su encarcelamiento. 


Oldboy es una de esas películas que dejan un imborrable sabor de boca una vez disfrutada y otro de esos films que pasan directamente a mi olimpo particular de historias imprescindibles. Y es curioso, porque una vez más se trata de una producción oriental que en este caso llega desde Corea del Sur y que se basa, en gran parte, en el manga japonés homónimo (Old Boy aka オールド・ボーイ aka Ōrudo Bōi) escrito por Garon Tsuchiya e ilustrado por Nobuaki Minegishi. Reconozco que últimamente las mejores películas que he visto provienen en su mayoría de Asia, y no creo que sea mera casualidad, por lo que buscar en el cine de dicho continente con más frecuencia...

En esta ocasión, el director Chan-wook Park nos ofrece una historia que gira en torno a los sentimientos humanos, centrada más concretamente en el deseo y la obsesión por la venganza. Dae-Su -un enorme Min-sik Choi- es el atormentado personaje principal que será secuestrado durante quince largos años por un completo desconocido que, cuando le libera, le invita a averiguar el por qué de su dilatado encierro. Además, mientras está recluido, su mujer es asesinada y éste es señalado como principal sospechoso. Con todo esto, no es de extrañar que cuando queda en libertad el odio haya devorado su alma y sólo tenga deseos de llevar a cabo su terrible venganza sobre el hombre que le ha privado de casi todo lo que tenía. Poco a poco Dae-Su irá desentramando los oscuros secretos de su captor y los motivos de su secuestro, a la vez que la venganza, convertida en motor de su nueva vida, le acerca cada vez más al abismo de la autodestrucción atravesando una montaña rusa de dolor, violencia, odio y venganza de la que somos totalmente partícipes.
Ríe, y el mundo entero reirá contigo. Llora y llorarás sólo.
Al enorme atractivo narrativo de la historia -un delicioso thriller dramático que mezcla acción, misterio, tragedia y romance a partes iguales con toques de auténtico humor negro- hay que sumarle el enorme nivel técnico del film, excelente a todos los niveles: una fotografía preciosa, planos tremendamente originales,  una genial banda sonora que guía al espectador durante todo el metraje, un potente y atractivo velo audiovisual que te atrapa y no te suelta hasta el desenlace -que, todo hay que decirlo, es uno de esos finales que permanecen en la memoria para siempre- y un ritmo ágil e hipnótico que nunca decae a pesar de que la densidad de la historia. Y además, somos testigos de un buen puñado de escenas de esas que permanecen grabadas a fuego en nuestro subconsciente para siempre, pudiendo mencionar algunos ejemplos que van desde el famoso plano-secuencia del pasillo y el martillo, hasta el momento en el que Dae-Su se come un pulpo vivo, pasando por la delicadeza de una ortodoncia a base de martillazos. Son escenas potentes, algunas violentas pero en ningún momento desagradables, y repletas de fuerza y de belleza casi poética. Las palabras se quedan cortas para describir el aura de la película.


Ya hemos comentado que Choi Min-sik se come la pantalla interpretando a Dae-Su con una actuación bestial que denota entrega y pasión por su trabajo. Lo de este actor nacido en Seúl en 1962 empieza a ser de escándalo y sus continuas actuaciones de nivel piden a gritos un gran premio internacional. En esta ocasión nos regala la dramática evolución, a todos los niveles, de un personaje totalmente atormentado que transita entre la venganza y la redención, la soledad y el odio, para llegar a niveles que rozan la locura. Junto a él, dos pilares sustentan la historia a nivel interpretativo: uno es Yu Ji-tae dando vida a Lee Woo-jin, el "villano" de la función -y uso aquí las comillas porque ésta es una de esas historias en las que llega un punto donde el bien y el mal se confunden, haciendo imposible distinguir a los buenos de los malos-, personaje brillante y turbador, responsable del secuestro de Dae-Su y poseedor de un secreto con bastante peso en el film. La tercera en discordia es Kang Hye-jung, la protagonista femenina que da vida con candidez e inocencia a Mido, otro personaje que esconde secretos y cuya relación con Dae-Su será clave en el devenir de la historia. La intensa y misteriosa relación del trío protagonista es, junto a sus motivaciones, sus miedos, y sus deseos, el auténtico motor de la historia, y el mérito recae, a partes iguales, en la habilidad del guión engarzando sus historias y en la excelente labor interpretativa de los tres.


Película fascinante y embriagadora, sencillamente imprescindible y con un poderío narrativo y visual impresionante que a mí, personalmente, me ha cautivado. Es un torrente de emociones que van desde la soledad hasta el drama, pasando por la culpabilidad, la venganza, la redención, el amor, el odio, y la locura hasta desembocar en el tremendo desenlace, fijado en mi cabeza desde el primer día en que la disfruté. Por si fuera poco todo esto, juega a su favor la baza de la ambigüedad moral cuando el bien y el mal empiezan a confundirse por momentos y no se puede distinguir entre buenos y malos, entre héroes y monstruos. A eso le sumamos sus buenos personajes, actuaciones memorables -¡enorme Choi Min-sik!- y grandes escenas para el recuerdo. Todo ello la convierte, vuelvo a insistir, en una auténtica obra maestra que debería proyectarse sí o sí en cualquier clase, curso o asignatura sobre el Séptimo Arte.



Contagio (Steven Soderbergh, 2011)

Título original: Contagion   Género: Drama, Thriller, Sci-Fi
Duración: 106 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Steven Soderbergh   Guión: Scott Z.Burns

Un virus letal que se transmite por el aire y mata en cuestión de días amenaza con extenderse por todo el planeta y acabar con buena parte de la población mundial. A medida que va creciendo la epidemia, la comunidad médica mundial lucha contrarreloj para encontrar una cura y controlar el pánico, que se extiende incluso más rápido que el propio virus. Al mismo tiempo, la gente lucha por sobrevivir en una sociedad que se desmorona.
Hay que reconocer que si eres hipocondríaco y algo paranoico, Contagio no es tu película, porque la cosa va de virus, infecciones, epidemias y, cómo no, infinidad de contagios y de mil y una maneras. Con un realismo sobrecogedor, Steven Soderbergh se ha encargado de plasmar en la gran pantalla el terrible e implacable proceso de expansión de una pandemia mortal desde sus primeros pasos hasta la inevitable infección global. Para ello, y como suele ser habitual en buena parte de las películas del realizador de Atlanta, Soderbergh se ha rodeado de rostros muy conocidos a nivel interpretativo para componer su mosaico habitual de personajes cruzados, en este caso bajo el descorazonador marco de una apocaliptica epidemia mundial.


Soderbergh, quien dijo hace tiempo que próximamente se retiraría del mundo del cine para negarlo posteriormente (cosa que si cumple será una verdadera pena) es un profesional como la copa de un pino y un director de esos que siempre, en menor o mayor medida, da la talla con sus películas y nunca suele defraudar. La regularidad de su cine es su mayor baza y Contagio es una nueva muestra de su buen hacer tras las cámaras y de su habilidad entrelazando historias y desgranando vidas, resultando una película muy entretenida a pesar de que el enfoque que se le ha dado al tema de la pandemia prescinde de la acción, la espectacularidad y la grandilocuencia de otras películas sobre este tipo de desastres como Estallido (1995) o 28 Días Después (2002). En esta ocasión el tema es tratado bajo un prisma mucho más realista, con una frialdad tremenda marca de la casa y una carga enorme de cruda realidad. El espectador asiste así a una recreación hipotética que resulta estremecedora dada la enorme carga de realismo con la que el film ataca nuestro subconsciente, describiendo una situación que podría no sólo ocurrir, sino desarrollarse tal y como la historia plantea: focos de nacimiento de la pandemia, expansión y desarrollo de la misma, reacciones de las instituciones médicas mundiales, el papel de las nuevas tecnologias a la hora de comunicar y enfocar el problema y, como daño colateral, el más que probable desmoronamiento de la sociedad ante una situación catastrófica de semejante envergadura... Todo esto se plantea y se desarrolla sin excentricidades, sin hipérboles innecesarias y con una sencillez totalmente aséptica, y así la historia entra limpiamente en el espectador como un bisturí en el cerebro al que disecciona.


Todo ello sin necesidad de focalizar el protagonismo en ninguno de los grandes nombres con los que cuenta Soderbergh para desarrollar la historia, ni de establecer prioridades entre actores, aunque bien es cierto que el drama personal del personaje interpretado por Matt Damon ocupa buena parte de la historia, aunque como ya os digo, todas las tramas tienen su dosis de importancia y se articulan en torno al nódulo central: la pandemia, sus causas, efectos y estragos en la sociedad mundial. No sabría destacar a ninguno en particular, aunque me gustó de manera especial el personaje de Jude Law (en parte porque representa el lado salvaje y el poder incontrolable de la comunicación en la red, para bien y para mal...), quizás un tanto desaprovechado y que podría haber dado mucho más de sí como azote de la burocracia y las compañias farmaceúticas. Y por cierto, en ese sentido, me pareció captar cierto posicionamiento por parte del realizador para con el bando de las multinacionales, organizaciones gubernamentales y demás organismos oficiales, en detrimento de personaje de Jude Law que representa el deseo de saber y de llegar hasta el fondo de la verdad por parte del grueso de la sociedad.


Resumiendo, una película narrada sin prisa pero sin pausa, con el sello indiscutible de Soderbergh y con un buen elenco de actores al servicio de una historia que tiene visos de poder convertirse en realidad en un futuro no muy lejano y que muestra el más que probable proceso de diferentes estamentos a la hora de afrontar semejante problema, y también las reacciones de una sociedad puesta al límite y azotada por una amenaza de tales proporciones, llegando incluso al resquebrajamiento de valores éticos y cívicos. Los que esperen una cinta apocalíptica repleta de explosiones y acción a raudales se sentirán decepcionados. El resto disfrutará de una historia bien contada con visos de documental que como gran hándicap tiene el hecho de que quizás podría haber dado más de sí.


The Ward (John Carpenter, 2010)

Título original: The Ward   Género: Thriller, Terror
Duración: minutos   País: EE.UU.

Kristen se encuentra presa en contra de su voluntad en una sala remota de un hospital psiquiátrico. Totalmente desorientada, no recuerda el motivo por el que fue traída al lugar ni nada acerca de su vida. Junto a ella, otras cuatro chicas que comparten pabellón con ella y tampoco le ofrecen respuestas. Sin embargo, Kristen comenzará a descubrir que las cosas en aquel lugar no son cómo parecen. Una a una las chicas comenzarán a desaparecer y Kristen deberá de encontrar la manera de escapar del lugar antes de convertirse en otra víctima. Poco a poco irá descubriendo la verdad del lugar... una verdad mucho más peligrosa y terrible de lo que hubiera podido imaginar.


Casí diez años han transcurrido desde la última vez que el maestro Carpenter se pusiera tras las cámaras para ofrecernos un largometraje (ya dirigió algún episodio para la serie Masters of Horror, pero esa es otra historia...) con la infravalorada Fantasmas de Marte (2001) que recorrió las salas de cine sin pena ni gloria pese a lo atrevida y resultona de su propuesta. Pues bien: el director de joyas como Halloween (1978), La Cosa (1982), Golpe en la Pequeña China (1986) o Vampiros (1998) regresa con un thriller con tintes sobrenaturales ambientado en una institución mental. El resultado no ha dejado indiferente a nadie y ha provocado comentarios halagadores (los menos), pero también que las voces detractoras que esperaban como agua de mayo su estreno se empleen con dureza contra la última propuesta del siempre personalísimo Carpenter. Lo cierto es que The Ward es, de todas las películas de Carpenter, la menos personal y en la que mas difuminado encontramos el sello de este genial director, toda una leyenda viva del género. Eso no quiere decir que sea una mala película, aunque sí ha supuesto, personalmente, una pequeña decepción si tengo en cuenta quién la dirige.


Para empezar, el punto de partida del film rebosa clasicismo por los cuatro costados: atmósfera "carpenteriana" (oscuridad, opresión, claustrofobia...) al cien por cien, ambientación a mediados de los '60 y localización totalmente recurrente dentro del cine fantástico y de terror. A partir de ahí, Carpenter desarrolla con su dominio técnico habitual pero sin la fuerza de otras ocasiones el guión de los hermanos Rasmussen (prácticamente unos debutantes en lo que a largometrajes se refiere), que no deja de ser una historia clásica de fantasmas con aire retro jalonada de los sobresaltos típicos en este tipo de producciones y con un twist final que, pese a su sencillez y cierta previsibilidad, funciona y puede llegar a causar cierta sorpresa en el espectador.


En el reparto encontramos como absoluta protagonista a Amber Heard, últimamente muy solicitada en todo tipo de producciones (Bienvenidos a Zombieland (2009), And soon the Darkness (2010), Furia Ciega (2011)...) y que, sin marcarse una actuación de relumbrón, sí que resulta convincente y confirma que en el futuro puede convertirse en una actriz a la que recurrir en producciones de género. Junto a ella encontraremos un cumplidor póker de secundarias formado por Danielle Panabaker, Laura-Leigh, Mamie Gummer y Lyndsy Fonseca, en el papel de internas de ese hospital psiquiátrico con su propia personalidad y su carácter exclusivo y particular, y también al televisivo Jared Harris en el papel del Dr. Stringer, uno de esos psiquiatras que parece esconder algún que otro "secreto profesional". Además, tenemos también como protagonista al fantasma de turno, una excelente creación (otra más...) de dos profesionales en esto de los FX y el maquillaje como son Greg Nicotero y Howard Berger.


En resumidas cuentas, The Ward es una correcta historia de fantasmas repleta de los clichés y tópicos de un género en el que (casi) todo está ya inventado, cosa que se nota en la historia, a excepción de su relativo giro final. Carpenter no deslumbra en cuanto a originalidad en esta ocasión, pero nos brinda la minuciosa ejecución a la que nos tiene acostumbrados y configura una historia que, contemplada como sincero homenaje a un género tan trillado como es el cine de terror y/o fantástico, cumple con creces. Aunque, para ser sinceros, a un genio como Carpenter siempre hay que exigirle más, y más, y más...


Hobo with a Shotgun (Jason Eisener, 2011)

Título original: Hobo with a Shotgun   Género: Thriller, Acción
Duración: 86 minutos   País: Canadá

Un vagabundo llega a una ciudad con la idea de iniciar una nueva vida.Pronto se dará cuenta de que la ciudad no es más que un nido de víboras donde el mal campa a sus anchas por las calles, dominadas por The Drake y sus dos hijos. Ante este panorama, el vagabundo se armará con una escopeta  y comenzará a repartir justicia a su manera, limpiando las calles de toda la escoria que infecta la ciudad.


Ojo a los pósters, cada uno mejor que el anterior...
Señoras y señores, damas y caballeros, hoy toca que nos hagamos eco de una grata sorpresa, una de esas películas de la que apenas esperas nada pero que, por uno u otro motivo, acaba sorprendiéndote y divirtiéndote. Y además, en mi caso, me ha gustado horrores y ya ocupa un lugar en mi "hall of fame" de películas de culto a las que tengo en muy alta estima. 

Hobo with a Shotgun es un film que tiene su origen en esos falsos trailers que aderezaban la doble sesión de Grindhouse (Death Proof/Planet Terror) dirigida por el dúo Tarantino/Rodriguez y sigue la estela de Machete (Robert Rodriguez, 2010), que se convirtió en largometraje después de ser concebido como trailer para la gamberrada que Quentin y el propio Robert idearon. Jason Eisener participó en un concurso realizado en Canadá como parte de la maquinaria promocional de Grindhouse en aquel país con el falso trailer de Hobo with a Shotgun, que se erigió en germen del largometraje que hoy nos ocupa. Nada mejor que echarle un vistazo a dicha gamberrada para ponernos en antecedentes:


Exagerada, bizarra, divertida, hiperviolenta, entretenida, sorprendente, espectacular, cruda, salvaje, descarada, retorcida, sangrienta, absurda, gamberra... La lista de calificativos que podríamos adjudicarle al film es realmente extensa y todos y cada uno de ellos encajarían como anillo al dedo para definir una película osada y atrevida que probablemente no dejará indiferente a nadie tanto para bien como para mal, pero que a mí en particular me ha hecho pasar uno de los mejores ratos de los últimos años en lo que a cine se refiere.


Para empezar, es inevitable sentirse atraido por el descabellado argumento. La idea de un vagabundo convertido en único hombre honesto y brutal justiciero en Hope Scum Town (una decadente ciudad dominada por la temible y ultraviolenta familia Drake y rebosante de policias corruptos, maleantes, pedófilos y demás escoria) es realmente atractiva. Además, si ese justiciero sin techo está interpretado por toda una leyenda como Rutger Hauer, el film alcanza la calificación de golosina imprescindible. El bueno de Rutger engrandece cada plano y sienta cátedra cada vez que abre la boca, incluyendo un par de monólogos que son para levantar el sombrero y aplaudir a rabiar. Muy grande el señor Hauer, que otrora fuera el replicante Roy Batty en la mítica Blade Runner (1982), un sufrido Etienne Navarre en Lady Halcón (1985) y Martin, muy hábil con la espada en Los Señores del Acero (1985), además de dar vida al cabronazo de John Ryder en Carretera al Infierno (1986) y comerse la pantalla con el personaje de Istvan Kovak en El Rito (2011), y que ahora es "simplemente" Hobo, un homeless anónimo que se harta de injusticias y va a por todas escopeta en mano. Llegados a éste punto, sólo puedo abrir los ojos de par en par y disfrutar de la particular cruzada de un actorazo mítico y legendario.


Del resto del reparto cabría destacar a los tres miembros de la familia Drake: Gregory Smith como Slick, Nick Bateman es Ivan y Brian Downey interpreta a Drake, el padre de ambos y villano supremo de la función, muy histriónico y exagerado en su papel de patriarca-cabecilla mafioso que controla la ciudad a su antojo a base de sangre y violencia sin límites. En el otro bando, Molly Dunsworth es Abby, la dama en apuros y también señorita de armas tomar que, pese a trabajar de prostituta, encarna ese pequeño resquicio de pureza e inocencia que aún queda en la ciudad y por la que nuestro vagabundo se partirá la cara.

 

Desde el principio, con una intro perfecta para entrar en materia a base de música setentera e imágenes saturadas en Technicolor, la estética retro nos atrapa y nos sumerge en un viaje al pasado. Técnicamente el resultado es impecable, con una fotografía cuidadísima a cargo de Karim Hussain, quien usa los excesos cromáticos a su antojo como si de un mecanismo narrativo más se tratase. ¿El resultado?: un protagonismo absoluto del color según qué escena, quién intervenga en ella o qué ocurra. Tampoco podemos olvidarnos de los efectos especiales cocinados a la vieja usanza, sin nada de CGI y totalmente artesanales, y de la banda sonora, un complemento ideal para el menú cinematográfico tan disfrutable que Eisener y compañia han preparado con tanto esmero.


Resumiendo, Hobo with a Shotgun es una película llamativa en lo visual y en lo narrativo, con una historia de venganza y justicia callejera llena de guiños e infinidad de detalles por descubrir, además de numerosos elementos deudores del cine exploitation setentero (también tiene mucho que agradecer al cine que mostraron en sus comienzos gente como Sam Raimi, Peter Jackson o las películas de la Troma, por ejemplo) en la que campan a sus anchas la violencia más explícita, el gore más descarado y alguna que otra bizarrada (incluyendo a La Plaga, un escuadrón de la muerte motorizado formado por dos matones forrados en acero que parecen sacados del universo Mad Max (1979), un Santa Claus pedófilo y hasta la fugaz aparición de ¡un pulpo gigante!). Además, no faltan algunas pinceladas de humor negro y ninguna intención de tomarse en serio a sí misma, lo que cierra el círculo y la convierte, vuelvo a insistir, en película de culto. Para mí, imprescindible.





I Saw the Devil [ 악마를 보았다 ] (Jee-woon Kim, 2010)

Título original: 악마를 보았다   Género: Thriller
Duración: 144 minutos   País: Corea del Sur
Dirección: Ji-woon Kim   Guión: Hoon-jung Park
Música: Mowg   Web: isawthedevilmovie.com/

La policía coreana trata de encontrar a un depravado asesino en serie que lleva tiempo sembrando el terror en la zona. Soo-hyun, un agente secreto del gobierno, comienza una caza implacable cuando su novía se convierte en la última víctima del asesino. De esa forma dará comienzo un macabro juego del gato y el ratón sin concesiones.

 Dentro de esta racha de cine asiático en la que estoy inmerso en los últimos días, hoy es el turno de reseñar el que muchos han calificado como el mejor thriller de los últimos años: I Saw the Devil (Encontré al Diablo), una trepidante historia de persecución y venganza que viene de la mano de Ji-woon Kim, director de Dos Hermanas (2003) o El Bueno, el Malo y el Raro (2008). La verdad es que no cabe duda de que estamos ante un film espectacular, en el que todos los aspectos se han cuidado hasta el más mínimo detalle. El resultado es una trepidante historia de venganza con un ritmo endiablado en la que no faltan detalles que la convierten, por momentos, en un drama policíaco o en una escalofriante película de terror psicológico.


El film, como ya he comentado, se sustenta sobre una tremenda historia de venganza, una frenética cacería humana en la que dos personajes geniales se enfrentarán en un brutal juego del ratón y el gato, un toma y daca sin concesiones entre dos hombres sin nada que perder, con el único fin de acabar uno con el otro, enmarcado todo ello en una espiral de violencia casi sin límites. Uno de esos personajes es Kim Soo-hyeon, agente secreto de la policía coreana que se convertirá en improvisado e implacable justiciero al margen de la ley cuando su prometida es violada, asesinada y descuartizada por un psicópata sin escrúpulos que lleva tiempo sembrando el terror en la zona.


La interpretación de este agente corre a cargo de Byung-hun Lee, actor con una larga trayectoria en el cine asiático que díó el salto al streaming hollywoodiense con G.I.Joe (2009), y que se mete a la perfección en el papel de hombre atormentado que se convierte en monstruo para acabar con otro monstruo. Buena actuación aunque algo fría en general, que se sustenta en un rostro inexpugnable, rebosante de furia contenida que se libera por momentos en los violentos encuentros con el inhumano asesino en serie, un duelo sobre el que pivota por completo el film. Aún así, la auténtica estrella de la función es el villano, de gran carisma y una bajeza moral increible, cosa que no le impide constituirse en el personaje que más llama la atención. El encargado de meterse en la piel del psychokiller Kyung-Chul es un actor como la copa de un pino que nos regala una actuación memorable, digna de un gran premio (si los grandes premios se tornaran justos alguna vez...). Se trata de Min-sik Choi, conocido por ser el protagonista de la cinta de culto Oldboy, dirigida en 2003 por Chan-wook Park. Simplemente una interpretación magistral, para la que sólo cabe el aplauso y la reverencia. Actor de culto para mí desde ya.


El tira y afloja entre este tándem protagonista es la principal baza de un film cuya acción pronto alcanza velocidad de crucero y al que lo único que se le puede achacar como defecto es su extensa duración (casi dos horas y media...) y un ligero descenso en el ritmo narrativo según avanza el metraje. Yo añadiría que el final, a pesar de ser un desenlace correcto, peca de una ligera falta de fuerza según lo visto y acontecido durante toda la historia. Aún así, entra dentro de las opciones lógicas y supone un buen broche a una historia trepidante de esas que te agarran por la solapa y no te suelta hasta el final, al que asistes conteniendo la respiración y esperando el golpe de gracia definitivo.

Técnicamente, la película roza la perfección y se nota que se ha cuidado con mimo hasta el más mínimo detalle: planos, secuencias, la posición de la cámara, la fotografía, la dirección artística... Un deleite técnico al servicio del espectador. Destacaría, por encima de todo, la secuencia del taxi, con esa cámara pivotando sobre sí misma y ofreciéndonos una panorámica completa de la acción que transcurre dentro del vehículo. Simplemente genial, una auténtica gozada. Y no me olvido de unos efectos especiales a la altura, dotando de un realismo sobrecogedor a las escenas de violencia y tortura del film.


I Saw the Devil ha supuesto para mí un viaje increible durante el cual descubrimos los lugares más recónditos del ser humano, viajando desde la lúgubre y tenebrosa gruta que constituye el interior de ese asesino que comete cualquier tipo de acto, por escalofriante que sea, para satisfacer su necesidad de sangre y muerte, hasta el pozo sin fondo rebosante de odio y venganza en que se convierte el alma del improvisado y atormentado justiciero que se transforma en monstruo para dar caza a otro. Una auténtica espiral de violencia y autodestrucción mutua a la que asistimos impasibles y sin pestañear, que intenta convencernos de que es imposible recuperar lo perdido a pesar de que inflinjamos al culpable de nuestra pérdida todo el dolor del mundo. Si, es posible que no sirva para traer de vuelta aquello que amamos y nos arrebataron, pero tengo que reconocer que soy de ese tipo de personas que casi equiparan justicia con venganza. Peliculón con mayúsculas, y de nuevo una película asiática, este vez coreana, a mi olimpo particular.





Confessions [告白, Kokuhaku] (Tetsuya Nakashima, 2010)

Título original: 告白, Kokuhaku   Género: Drama, Thriller
Duración: 106 minutos   País: Japón
Dirección: Tetsuya Nakashima   Guión: Tetsuya Nakashima, basado en la novela de Kanae Minato.
Música: Toyohiko Kanahashi 

Es el último dia de clase en un instituto nipón y una profesora se despide de los alumnos con el anuncio de que deja la escuela, y añadiendo una confesión: ha descubierto que su hija de cuatro años,  ahogada en la piscina de la escuela, fue en realidad asesinada por dos estudiantes de esa misma clase, y añade que ya ha puesto en marcha su venganza contra ellos...


Las grandes películas no necesitan demasiadas presentaciones. Ellas solas se abren camino de forma contundente desde el principio de la narración. Incluso a veces captan la atención y despiertan el interés simplemente con un par de pinceladas argumentales, y en el caso de Confessions ( 告白, Kokuhaku) su simple pero rotunda sinopsis supone un interesante punto de partida para una historia brillante, intensa, emotiva, conmovedora y perturbadora a partes iguales, sin dejar de lado en ningún momento un férreo contacto con la realidad más aplastante y, tristemente, de rabiosa actualidad en este tiempo que nos ha tocado vivir. Además, os podeís hacer una idea de la enjundia del film si os digo que fue la película elegida por la Academia de Cine Japonés para representar al país del sol naciente en la edición de los Oscars de este año 2011. Aunque finalmente no pasó el corte de la Academia de Hollywood, en Japón sí que consiguió el premio a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión y Mejor Editor en la 34ª edición de los premios de la Academia de Cine Japonés.


La película comienza con la confesión mencionada en la sinopsis por parte de la profesora Yuko Moriguchi, interpretada con un aplomo y una frialdad imperturbable por una espectacular Takako Matsu. Esa primera media hora del film, que no deja de ser una introducción para disponer las piezas en el tablero y a partir de ahí desarrollarlo todo, es un brillante ejercicio narrativo de una calidad y una clase cinematográfica increible. Lo podríamos escindir del resto de la película y disfrutarlo como si de un mediometraje se tratase sin que su calidad y potencia narrativa perdiera ni un ápice. Pero no, no deja de ser una introducción a partir de la cual procesar y digerir el resto de la historia, narrada desde el punto de vista de cinco personajes, incluyendo a la profesora Moriguchi además del de los dos implicados en el asesinato de su hija, la madre de uno de ellos y el de una compañera de clase que tendrá mucho que decir en la brillante historia, que gana en matices y giros impactantes desde las perspectivas de estos personajes. Los tres jóvenes protagonistas (Ai Hashimoto como Mizuki Kitahara, Yukito Nishii en el papel de Shuya Watanabe y Kaoru Fujiwara como Naoki Shimomura) bordan sus papeles adolescentes transmitiendo en todo momento los diferentes estados por los que transitan a lo largo de la historia. 


Confessions es un oscuro relato de venganza (¡y qué venganza, oiga!) y una historia que intenta indagar en las motivaciones que pueden llevar a los jóvenes de hoy en día a cometer crímenes y fechorías, al mismo tiempo que supone una profunda y dura reflexión sobre la escasez de valores en la sociedad actual (me da igual que hablemos de la sociedad nipona o de la española, no encuentro diferencias de peso...), incluyendo una clara y meridiana crítica a las leyes que amparan y protegen a los menores ante cualquier delito y les ofrecen poco menos que carta blanca para violar las leyes del civismo, sabedores de antemano que su castigo será, en todo caso, efímero y liviano. Además, es una historia que lejos de caer en exageraciones e hipérboles, se encuentra totalmente anclada a la más dura realidad e incluso podríamos añadir que, como se suele decir, "la realidad siempre supera a la ficción". El sistema educativo actual, el bullying en los centros de enseñanza, la estructura y el rol de la familia en la sociedad del siglo XXI... Confessions toca muchos aspectos y nos cuenta muchas cosas sin llegar en ningún momento a sobrecargarnos.

Técnicamente perfecta, es digna de elogio la lírica y elegante puesta en escena, muy videoclipera por momentos, y la perfecta sincronización entre las imágenes y la excepcional banda sonora, totalmente melancólica y turbadora, convirtiendo la película en una especie de pesadilla totalmente realista en la que la narración avanza a golpe de flashbacks, escenas oníricas o momentos en los que la intensidad se acentúa con un brillante e inteligente uso de la cámara lenta. El precioso e inédito tema de Radiohead que suena durante el film (Last Flowers) no es más que la guinda para un trasfondo musical inmejorable.


En definitiva, un peliculón como la copa de un pino, grata sorpresa que cambia totalmente el concepto preinstalado en mi procesador cinematográfico interno sobre el cine oriental y toda una experiencia para los sentidos y el alma con una historia de esas que te cogen, te zarandean, te golpean y te aturden pero que a la vez te hacen pensar y te dejan con un extraño sabor de boca al terminar. Tanto GuardiaOscura como Sonia Unleashed y Angel de Alas Negras ya la había visto y más o menos coinciden en la valoración final. Para mí, película imprescindible no del 2010 ni del 2011, sino de todos los tiempos, y va directa a mi Hall of Fame particular.




La Trampa del Mal (John Erick Dowdle, 2010)

Título original: Devil   Género: Thriller, Terror
Duración: 80 minutos   País: EE.UU.

Cinco extraños empiezan el día con la rutina habitual. Van a un edificio de oficinas, entran en un ascensor y se ven obligados a compartir un espacio reducido con desconocidos. Nadie mira a nadie, solo estarán juntos unos momentos. Pero lo que hasta ahora parece un hecho casual, no tiene nada de coincidencia. El ascensor se detiene, el destino acaba de llamar. Lenta y metódicamente, los cinco extraños pasan de estar en una situación molesta a sentirse impotentes y sufrir el terror más profundo. A cada uno de ellos le empiezan a ocurrir cosas terribles y la sospecha pasa de uno a otro, ¿quién es el culpable de todo esto? Ninguno se imagina lo que van a descubrir…


M.Night Shyamalan me parece uno de los directores más sobrevalorados de la historia, ya que con apenas un par de películas decentes (a mí me gustaron mucho en su día El Protegido (2000) y El Bosque (2004) se ha hecho con un hueco en esta jungla que es la industria del cine, donde otros con más talento luchan día a día por alcanzar una oportunidad que nunca termina de llegar. Airbender, el último guerrero (2010) no la he visto ni la pienso ver, y La Joven del Agua (2006) y El Incidente (2008) terminaron de cerrar mi grifo de confianza, quizás para siempre.  En fin, podría hablar largo y tendido de Shyamalan, pero el asunto que hoy ocupa nuestro tiempo es hablar de una película que, pese a no estar dirigida por él, lleva un cebo en forma de coletilla que dice "de la mente de M.Night Shyamalan".  


La Trampa del Mal es una historia dirigida por John Erick Dowdle, responsable de The Poughkeepsie Tapes (2007) y Quarantine (2008), aunque la historia si es cierto que nació de Shyamalan, quien también ejerce de productor, con lo que su sello está presente en todo momento. La gran diferencia estriba en la pretenciosidad, omnipresente en las películas del director indio, pero ausente en la película de Dowdle, director que se ha centrado en intentar hacer las cosas de forma sencilla y directa con los medios que le han proporcionado, con un resultado simple, pero no exento de entretenimiento. Un opresivo ascensor, cinco desconocidos atrapados dentro, y un detective que hace todo lo que está en su mano para sacarlos de ese habitáculo agobiante son los protagonistas básicos de este thriller sobrenatural que de alguna manera quiere establecer una pequeña moraleja sobre el perdón con un desenlace algo apresurado y precipitado.


Un reparto correcto, ciertos momentos de tensión, una atmósfera con dosis de intriga y suspicacia y algo de sangre completan una historia simple y despojada de las ínfulas superlativas que Shyamalan suele imprimir a sus proyectos, aunque recordemos que aquí el que dirige es otro. Tampoco me gustaría olvidarme de la banda sonora de Fernando Velázquez y de los créditos iniciales, que me han encantado y se encuentran entre lo mejor de la película. Para pasar un ratito entretenido si aceptamos su simpleza y sus reglas del juego.


The Mechanic (Simon West, 2011)

Título original: The Mechanic   Género: Acción, Thriller
Duración: 90 minutos   País: EE.UU.

Bishop es un "mecánico", un meticuloso asesino profesional que mata por encargo haciendo que las muertes parezcan causadas por accidentes o causas naturales. Steve le pide que le enseñe sus métodos para emprender la misma trayectoria profesional. Bishop le entrena y comparte con él los secretos de la profesión, llegando incluso a trabajar codo con codo para llevar a cabo una fría venganza...

Hoy toca remake, y de una película con solera: en 1972 Michael Winner dirigió The Mechanic (titulada en España con el rimbombante "Fríamente... sin motivos personales") y contó con Charles Bronson en el papel principal. Treinta y nueve años después, Simon West nos ofrece su propia versión, con el hierático pero contundente Jason Statham como principal protagonista. The Mechanic (y vamos a dejarnos las traducciones libres y ridículas) es una película sincera. Y digo lo de sincera porque en ningún momento pretende vendernos la moto y nos ofrece lo que promete a priori, con lo que en ningún momento nos sentiremos engañados si lo que nos apetece es una historia de acción en la que un mastuerzo reparte estopa a diestro y siniestro, preparando ensaladas de tiros y resolviendo entuertos como sólo un antihéroe como Jason Statham puede hacerlo. 


The Mechanic es una película entretenida. Partamos de la base de que el guión no es lo más importante y la historia que nos ofrece es bastante sencilla: la de un asesino a sueldo que por uno u otro motivo deja de ser útil a aquellos que sirve, por lo que deciden retirarlo del oficio. Con un planteamiento así de directo, la historia no se anda con rodeos y se encamina desde el principio hacia un final previsible que muchos de nosotr@s nos imaginamos, pero eso no le resta mérito, ya que donde el director centra sus esfuerzos no es en que la película desemboque donde lo hace, sino cómo lo hace.

El camino que el film decide emprender es el de la acción sin tregua, con un uso racionalizado de explosiones, tiroteos y escenas de mamporros que hacen de esta película una historia entretenida e incluso divertida, que sólo nos pedirá como requisito el dejarnos llevar sin poner trabas u objeciones. 

Statham hace el papel de siempre y en el que se siente más cómodo: tipo serio y duro, hombre de pocas palabras, comprometido con su trabajo/causa/misión, pero con un toque de ética y moralidad que hace que empaticemos con él a la primera. Ben Foster no lo hace mal como alumno desquiciado e imprevisible, y respecto a Donald Sutherland poco que contar, salvo que siempre es un placer verle actuar. Como villano de la función, un discreto Tony Goldwin.

Vamos, que estamos ante un thriller sencillo y sin manierismos para ver en una tarde ociosa, con palomitas opcionales y con la seguridad de que es una película de acción correcta que no pasará a la historia ni por argumento, espectacularidad o aportación al género. Eso sí, los fans de Statham disfrutarán de lo lindo.



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