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Iced Earth + White Wizzard + Fury UK (Sala Rockstar, Barakaldo, 12/11/2011)

El concierto del pasado sábado supone otra muesca más en la culata. Después de haber podido disfrutar en el último año y medio de bandas de la talla de ACDC, Saxon, Motorhead y Judas Priest, anoche fue el turno de los veteranos Iced Earth, que acaban de estrenar nuevo disco, titulado Dystopia y a la venta desde el pasado 17 de octubre. Una de las paradas de esta gira europea era la Sala Rockstar de Barakaldo, un escenario en el que últimamente están tocando bandas y grupos que son muy de mi agrado, aunque es imposible acudir a todos los conciertos, sobre todo debido a horarios laborales. 

White Wizzard

Jake Dreyer (White Wizzard)
Pero la ocasión de ver a los Iced Earth en directo no se me iba a escapar de ninguna de las maneras. Dicho y hecho: aunque no puede llegar a tiempo para escuchar a los primeros teloneros de la noche -el trío británico Fury UK- sí que estaba allí para presenciar la descarga de heavy metal de White Wizzard, una banda californiana relativamente nueva -se formaron en Los Angeles en 2007- que tienen un estilo particular a caballo entre la NWOBHM y el power/speed metal americano, introduciendo incluso en ocasiones amagos de voces guturales. No sonaron nada mal y supusieron un buen calentamiento para el plato fuerte de la noche, y destacaria el tema Iron Goddess of Vengeance (escuchadla aquí), una canción musicalmente densa y sorprendente en la que se atisba bastante potencial para seguir haciendo cosas interesantes en el futuro. Les seguiré la pista...

La nueva formación de Iced Earth con Stu Block (izquierda)
El gran Jon Schaffer
Poco después de que los White Wizzard finalizaran su actuación, y después de unos veinte minutos de preparación del escenario por parte de los pipas, llegaba el turno de Iced Earth, banda mítica donde las haya con 20 años de carrera a sus espaldas, algunos discos realmente memorables -Something Wicked This Way Comes, publicado en 1998, me parece una auténtica joya- y una novedad en las voces: el canadiense Stu Block, ex-vocalista del grupo de death metal progresivo Into Eternity y cantante que sustituye a Matt Barlow, que ya dejó la banda temporalmente en 2003 -para iniciar una carrera como oficial de policia después de los atentados del 11 de septiembre en los EE.UU.- y que este verano lo hizo de manera definitiva. Ante el cambio de frontman y el reciente lanzamiento de su último disco, en el que Block ha colaborado a la hora de escribir buena parte de las letras, la gente estaba realmente expectante, ansiosos por saber si el nuevo vocalista conseguiría hacernos olvidar al mítico Matt Barlow.

Stu Block ganándose al respetable a base de bien
En ese sentido, su último disco -el ya mencionado Dystopia- empezó a despejar las dudas a finales de octubre y esta gira europea está confirmando varias cosas: en primer lugar, es un gran disco, posiblemente el mejor de Iced Earth desde Something Wicked This Way Comes. En segundo lugar, está claro que Matt Barlow es insustituible ya que es una de las grandes voces en la historia del metal, pero Stu Block es un cantante a tener muy en cuenta, con una amplia variedad de registros y capaz de llegar donde otros no pueden. Si apuestan de verdad por él y le dan continuidad, puede convertirse en una referencia vocal del género.

Stu Block
Arrancaba el concierto con el primer single del nuevo disco, titulado también Dystopia, un tema destinado a abrir conciertos con esa intro totalmente épica y marcial. La canción que constituye una excelente carta de presentación de los nuevos Iced Earth con Block en el micrófono. Tras esta declaración de intenciones, la banda descargó un par de temas clásicos: la apocalíptica y excelsa Angels Holocaust -que destila riffs ochenteros y totalmente trashers por los cuatro costados- y Slave to the Dark, que constituye un sincero y oscuro homenaje a Iron Maiden, banda que sin duda alguna ha influido de manera decisiva en determinados momentos de la trayectoria de Iced Earth. Con V -basado en el cómic y posterior film V de Vendetta-  demostraron que su nuevo disco es un albúm a tener en cuenta. Stand Alone trae de nuevo riffs totalmente trashers y un estribillo poderoso, antes de que When the Night Falls llegue uno de los puntos álgidos de la noche con una canción que discurre de menos a más hasta acabar de manera épica. Damien es la única canción que rescataron de su disco Horror Show -homenaje a personajes clásicos del cine de terror- y la verdad es que consiguió teñir el concierto con un aura apocalíptica gracias al tono oscuro y a los coros del comienzo y del final.  


Dark City es otro tema de su último disco basado en la película homónima de Alex Proyas (Dark City, 1998). The Last Laugh -canción metalera donde las haya con un doble bombo trepidante y un Schaffer mortal a la guitarra- supuso toda una sorpresa, pues es un tema poco dado a ser interpretado en directo. Anthem intentó, valga la redundancia, convertirse en el "himno" de la noche, pero ese honor le estaba reservado a una de mis canciones fetiche de Iced Earth: Declaration Day, un temazo que destila un aroma a la Guerra de Independencia de los EE.UU. y que, en mi opinión, si que es un himno en toda regla. Brutal canción y momento cumbre de la noche para mí, junto con el tema con el que arrancó el concierto. Después llegó otro tema de su más reciente albúm: Days of Rage, que sirvió para pisar el acelerador y preparar al respetable para los bises. El primero de ellos fue Dante's Inferno, una oda musical de más de 16 minutos en la que Iced Earth dejan claro que cuando quieren también pueden asomarse al más oscuro y tenebroso de los rincones, describiendo lo que el mismísimo Dante sentía al cruzar cada uno de los nueve Círculos del Infierno. Quizás un tema ligeramente farragoso y denso para un directo, pero aún así, disfrutable. Tras este largo viaje, cerraron el concierto y la noche con Iced Earth, el primer tema de su primer albúm y canción que sirve para poner nombre a la banda. Un buen fin de fiesta que acabó con el grupo abrazado en el centro del escenario agradeciendo la entrega del -poco- público que se dió cita para la ocasión.

Iced Earth: realmente grandes!
A pesar de que eché en falta temas clásicos como I Died for You -del disco "The Dark Saga"- o Burning Times, Melancholy, Watching Over Me y My Own Savior -todas estas del "Something Wicked This Way Comes", del que ya dije anteriormente que se me antojaba disco imprescindible en este mundo del metal- los de Tampa (Florida) demostraron el por qué de esos veinte años de carrera y de esos diez discos de estudio a sus espaldas: Iced Earth son, sin ninguna duda, referente del heavy y trash metal no ya nortamericano, sino mundial, y la incorporación del nuevo vocalista les ha supuesto toda una inyección de fuerza y un rejuvenecimiento inesperado. Lo dicho: otra muesca más -ésta de nivel- en la culata...

Iced Earth Setlist Rockstar Live, Bilbao, Spain 2011, World Dystopia Tour 2011-2012


Red State (Kevin Smith, 2011)

Título original: Red State   Género: Thriller, Terror
Duración: 85 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Kevin Smith   Guión: Kevin Smith

Tres adolescentes  contestan a un anuncio de una mujer madura que busca sexo. Lo que empieza como una fantasía da un oscuro giro cuando se topan cara a cara con una terrorífica fuerza "sagrada" con una agenda pendiente fatal. Caerán así en la trampa mortal de un grupo fanático religioso liderado por el predicador Cooper, personaje inspirado en la figura real de Fred Phelps, líder y fundador de la Iglesia Bautista de Westboro, comunidad con un odio extremo hacia los homosexuales.


Turno ahora para una de las películas más polémicas de los ultimos meses, no porque la historia que cuenta sea escabrosa o muestre cosas que nunca antes hayamos visto, sino porque viene firmada por un Kevin Smith -el director indie clave en los años '90- que se desmarca de sus géneros habituales, y porque se ha establecido como una de esas películas que no tiene término medio: o te gusta o la detestas, dualidad que se ha acentuado después de que Red State se alzara con el galardón de Mejor Película en el Festival de Sitges de este año 2011. En mi opinión, es una película decente que, aunque podía haber dado mucho más de sí, no es el truño infumable que muchos han visto en ella. Cuestión de gustos...


En un principio la historia parece discurrir por los derroteros clásicos del cine de terror convencional. Tenemos un trío de adolescentes que, debido a sus revolucionadas hormonas, se dirigen hacia lo que cualquier espectador ducho en el género distinguiría como una trampa muy evidente. Pero claro, ajenos a ese saber empírico que viene otorgado por largas horas fagocitando cine de terror, los chavales se meten de lleno en la boca del lobo y caen prisioneros. Hasta aquí se extiende el primer acto, apenas una tramposa carta de presentación en la que Kevin Smith intenta hacer creer al espectador que se encuentra ante una película de género convencional.


Es entonces cuando el director de Clerks (1994) y Mallrats (1995) descubre parte de sus cartas y nos muestra qué tiene entre manos: los chicos acaban de caer en manos de una congregación religiosa extremadamente fanática y fundamentalista, liderada por el reverendo Abin Cooper -tremenda actuación por parte de Michael Parks, convincente al cien por cien como líder ultracristiano exacerbado y majareta-, que se marca un sermón realmente estremecedor en el que deja bien claro su aversión hacía los homosexuales y somos testigos del terrible destino que Dios y él mismo les tiene reservado a los jóvenes, que han sido confundidos con gays. Otra que brilla con luz propia gracias a su buena interpretación es Melissa Leo, en esta ocasión dando vida a Sara, una de las mujeres protagonistas de esta familia religiosa un tanto desquiciada. Este segundo acto es escalofriante por momentos, con grandes dosis de terror "real" provocado no por criaturas extrañas ni por asesinos del más allá, sino por monstruos humanos que asustan cuando muestran los oscuros recovecos de su alma, manejada por un loco a su antojo. Mención especial para la gran tensión contenida y finalmente desatada que se vive en este tramo de film,y baste como muestra una trepidante persecución dentro del edificio de la congregación y otro par más de escenas que prefiero no desvelar. Eso sí, la crítica al fundamentalismo religioso extremo y a la intolerancia de los fanatismos no puede ser más explícita en este tramo de la historia.


A partir de aquí es cuando entran en escena la ATF (Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives) con el agente Joseph Keenan al mando -personaje que recae sobre John Goodman en lo que supone la otra gran interpretación del film- y se desata una espiral de violencia y destrucción que abarca un adrenalítico tercer acto cimentado totalmente en un aumento considerable de la acción y que esconde otra nítida crítica, esta vez a las formas y procedimientos de las fuerzas de seguridad. Está claro que todos reciben lo suyo por parte de un Kevin Smith que atiza a diestro y siniestro. El punto y final lo pone un epílogo centrado en el personaje de John Goodman con una conversación -casi un monólogo- con el que se vuelve a criticar al gobierno de los EE.UU.


En resumidas cuentas, Red State no es una maravilla de película, pero sí que tiene a su favor una serie de puntos fuertes a tener en cuenta. Lo primero es que considero ese deambular entre géneros -aunque titubeante- un acierto ya que el espectador es sorprendido una y otra vez con cada giro que da el argumento y con ese baile de situaciones que van desde el terror al drama, pasando por algo thriller y un poco de acción, todo ello con algunas pinceladas de humor negro dispuesto de manera sutil. También cuenta a su favor con tres grandes interpretaciones -Michael Parks, John Goodman, Melissa Leo- que sobresalen por encima del resto del reparto. Por último hay que reconocer que aunque puede que se quede corto a la hora de la verdad, la apuesta de Kevin Smith es arriesgada al criticar sin tapujos a los tres estamentos mencionados anteriormente. Pero también tiene sus defectos, claro está: un guión en ocasiones confuso, situaciones demasiado forzadas, una conversación final que -en mi opinión- sobraba y la sensación generalizada de que podía haber sido más, mucho más. Pero insisto: es una historia relativamente correcta si tenemos en cuenta que es la primera película de Kevin Smith que se aleja de su hábitat natural.


Candyman



Interpretado por: Tony Todd es el actor que ha encarnado a Candyman en las tres ocasiones que el personaje ha sido llevado a la gran pantalla, y dudo que nadie pueda manejar el garfio con la maestría de este clásico actor de género.

Primera aparición: El personaje aparece por primera vez en Candyman: El Dominio de la Mente, dirigida en 1992 por Bernard Rose.

Nº de películas: El señor Todd ha esgrimido ese enorme garfio en tres ocasiones: Candyman: el Dominio de la Mente (1992), Candyman 2 (1995) y Candyman 3: el Dia de los Muertos (1999).

Bodycount: Alrededor de 20 han sido los insensatos que han caido víctimas de la saña y la ira de Candyman a lo largo de la trilogía que compone su leyenda hasta la fecha.

Modus Operandi: Después de pronunciar su nombre cinco veces delante de un espejo (en la primera película de la saga bastaba con hacerlo sólo en tres ocasiones), Candyman se materializa para acabar con su víctima con el terrible gancho que tiene donde antaño lucía su amputada mano derecha. Sin duda alguna, ese gancho es el arma preferida por este personaje que deambula donde la realidad y la fantasía se confunden.

Descripción: Para entender al personaje de Candyman y la leyenda que le rodea debemos remontarnos hasta finales del siglo XIX, concretamente a 1890, cuando Daniel Robitaille, hijo de un esclavo negro y con un talento especial para la pintura, es elegido por un rico terrateniente para que realice un retrato de su hija. Pero ocurre lo inesperado: ambos se enamoran a pesar de las diferencias raciales e incluso ella queda embarazada. Cuando el padre de la muchacha se percata de la relación entre ambos, se las apaña para que Daniel sea linchado por una multitud enloquecida que le amputa la mano derecha con una sierra, le embadurnan con miel para que sea pasto de las abejas mientras gritan "¡Candyman!" como posesos y, no contentos con todo ello, le queman mientras se debate entre la vida y la muerte debido a las picaduras. Es entonces cuando nace el mito viviente de Candyman, una leyenda urbana de horror y muerte que se alimenta y vive gracias a la creencia de la gente en su mito. Envuelto en el enorme abrigo que oculta el zumbido de las abejas que devoran su cuerpo y ese muñón armado con un garfio donde otrora ostentaba la mano con la que pintaba auténticas piezas de arte, Candyman aguarda agazapado al otro lado del espejo, esperando que uno de esos incrédulos que desprecian su historia pronuncien su nombre el número de veces suficiente como para que la pesadilla se haga realidad.

Basada en el relato The Forbidden (Lo Prohibido) del genial Clive Barker, la película de Bernard Rose constituyó uno de los mejores films de terror de principios de los '90, ofreciendo un punto de vista mucho más maduro y serio del género slasher o de psychokillers, que por aquel entonces se cimentaba en películas intrascendentes orientadas hacia el público adolescente. La historia de Barker era poseedora de un tono mucho más oscuro y tétrico que lo que imperaba por aquel entonces,  y tanto el film supo aprovecharse de ello, usando la baza del terror psicológico y el binomio realidad/leyenda urbana para crear una historia de gran magnetismo, tintes oníricos y con un personaje imponente, carismático e icónico que necesita víctimas para seguir existiendo.

Su final: Candyman es otro de esos psychokillers sobrenaturales que siempre vuelven del más allá. En la primera entrega es quemado en una enorme hoguera, para reaparecer en la segunda parte y ser enviado al más alla luego de romper un espejo donde presuntamente se alojaba su alma. No obstante, regresa de nuevo en la tercera película hasta la fecha en la que su tataranieta le destruye de nuevo reduciendo a cenizas un retrato suyo.

La frase: "Dirán que he derramado sangre inocente pero, ¿para qué es la sangre sino para derramarla?" (They will say that I have shed innocent blood. What's blood for, if not for shedding?)


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