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Poster y trailer de Prometheus: ¿supondrá el retorno del gran Ridley Scott?

Está claro que la próxima película de Ridley Scott es una de las más esperadas en este inminente 2012 que tenemos a la vuelta de la esquina, y uno de los films que más expectativas está creando. Prometheus se estrena el 8 de junio de 2012 y el secretismo que envuelve a la producción es más que notable, jugando con la ambigüedad y tratando de no desvelar demasiados detalles de la trama en lo que sin duda se ha convertido, sea de forma deliverada o fortuita, en una estrategia comercial realmente potente.



Aunque el argumento oficial apenas revela detalles -todo gira en torno a un grupo de científicos y exploradores que emprenden un emocionante viaje, poniendo al límite sus facultades físicas y mentales en un planeta muy lejano, donde descubrirán las respuestas a las preguntas más profundas sobre el misterio de la vida-, los rumores sobre las conexiones entre este film y Alien (1979) empezaron a circular hace tiempo y se baraja la posiblidad de que Prometheus sea una especie de precuela que conecte con Alien -una de las grandes películas de ciencia ficción de toda la historia- en los últimos 8 minutos de película.


Tampoco podemos dejar de lado el hecho de que el reparto esté formado por una combinación de nombres de cierto peso dentro del mundo del cine y algunos rostros muy conocidos de la industria cinematográfica, como Noomi Rapace, Charlize Theron, Michael Fassbender, Patrick Wilson, Idris Elba, Guy Pearce o Logan Marshall-Green. Reparto pues brutal para una -espero- nueva joya de la ciencia ficción para la que aún tendremos que esperar medio añito. No cabe duda de que el regreso de Ridley Scott a dicho género es un acontecimiento largamente esperado, y si a eso le unimos la participación de Walter Hill como uno de los productores -ya participó en todas las entregas de la saga Alien-, el lujoso reparto anteriormente mencionado y el hecho de que se nota cierto aroma a H.R. Giger -encargado del diseño de los Alien- en el look del film, las expectativas están en todo lo alto y no puedo más que desear encarecidamente que el milagro se consume...




In Time (Andrew Niccol, 2011)

Título original: In Time   Género: Ciencia Ficción, Acción
Duración: 109 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Andrew Niccol   Guión: Andrew Niccol
Música: Craig Armstrong   Web: intime.es

En un futuro en el que se ha conseguido la fórmula de la eterna juventud, el tiempo se ha convertido en la única moneda de cambio para una sociedad sumida en un profundo desequilibrio. Los ricos casi pueden vivir para siempre, mientras los más desgraciados tienen que trabajar y sufrir para ganarse cada minuto de vida. Después de conseguir una inmensa cantidad de tiempo, Will Salas, un joven obrero, intentará cambiar el sistema establecido. Perseguido por los guardianes del tiempo, en su huida tomará como rehén a la hija de un millonario magnate del tiempo.  


De vez en cuando un poco de ciencia ficción nunca viene mal y la última ración que he ingerido viene de la mano de Andrew Niccol, responsable en su día como director de películas tan interesantes como Gattaca (1997) o El señor de la guerra (2005), y guionizando la maravillosa El show de Truman (1998). Además, el planteamiento inicial de In Time es más que interesante: tenemos una sociedad distópica en la que los seres humanos han sido genéticamente manipulados para que dejen de envejecer a los 25 años; el tiempo es ahora la única moneda de cambio a la vez que en un mecanismo para evitar la superpoblación; y, además, ese uso del tiempo ha provocado que los ricos acumulen cientos, miles de años en sus relojes vitales, mientras que la clase obrera tenga que vivir al día, al límite, con apenas unas horas de vida en su muñeca. Es innegable que resulta un punto de partida potente y una lanzadera poderosa desde donde articular una muy buena historia partiendo de esa base.


En esa nueva y desequilibrada sociedad, Justin Timberlake es Will Salas, una de esas personas que viven al día cuya vida dará un giro descomunal. Hay que reconocer que el señor Timberlake no se desenvuelve mal en esto de la interpretación, aunque creo que los papeles protagonistas todavía le quedan algo grandes. Junto a él está una sosa Amanda Seyfried que pasa buena parte de la película con el mismo gesto. La inclusión de la típica y tópica historia romántica entre estos dos personajes es el primer paso importante que la película da hacia la vulgaridad: chico conoce a chica, ninguno es feliz viviendo las vidas que viven y deciden unir sus esfuerzos por cambiar su destino. Demasiado convencional.

Del resto del reparto, hay que destacar a Cillian Murphy, actor que siempre añade interés a la ecuación. El irlandés es uno de esos actores camaleónicos capaz de conseguir muy buenos resultados en casi cualquier registro, y en esta ocasión se encarga de dar vida a Raymond Leon, Guardián del Tiempo, aunque ya me hubiera gustado verlo de protagonista. Lo de Olivia Wilde es prácticamente testimonial, casi un cameo, al igual que lo de Johnny Galecki, nuestro Leonard en The Big Bang Theory.


El otro gran pero que se le puede achacar al film son las escenas de acción. Quizás el director contemplaba como su plantamiento inicial se estaba estancando con la historia romántica de turno y decidió meter escenas de acción de dudosa calidad a una película que realmente no las necesitaba. Para muestra, un botón: la escena del accidente de coche, realmente pueril y mal resuelta. Y el colofón en cuanto a esos detalles que estropean una idea con tantas posibilidades es la abundancia de incoherencias en el guión y a nivel narrativo, con algunos detalles que chirrían y no terminan de encajar.

Pese a ello, no es una mala película. Técnicamente no está mal, y destaca por su fotografía y una dirección artística más que correcta, además de plantear una puesta en escena contenida y sin alardes tecnológicos estridentes y apabullantes. Lo que sí es cierto es que te deja con la sensación de haber sido testigo de cómo una historia con un potencial increible se desaprovecha al redundar una y otra vez en la historia de los dos protagonistas, un auténtico correcalles al más puro estilo Bonnie & Clyde o Robin Hood. Aunque entretiene, podía haber dado mucho más de sí.






John Carter: póster y espectacular tráiler.

Pocos meses quedan para el estreno en nuestro país de la prometedora John Carter, la primera película de Pixar que se aleja de la animación y se centra en la imagen de acción real, aunque por lo que se puede apreciar en el impactante trailer, los efectos especiales estarán a la altura. Dirigida por Andrew Stanton y con un reparto encabezado por Taylor Kitsch en el papel protagonista y con secundarios de lujo como Mark Strong, Willem Dafoe, Dominic West, James Purefoy, Lynn Collins, Con un estreno fechado para el 23 de marzo en España, el film está basado en la novela de Edgar Rice Burroughs, y cuenta la historia de "John Carter, un veterano de la Guerra Civil americana, que inexplicablemente es transportado a Marte, donde se ve inmerso en una nueva y misteriosa guerra con un extraño ejército de marcianos. En un mundo al borde del colapso, John Carter redescubre su humanidad cuando se da cuenta de que la supervivencia de Barsoom y de sus gentes está en sus manos". 

Lo cierto es que el tráiler es uno de esos que le dejan a uno con ganas de más y hace que la película sea una de las más esperadas del próximo 2012. Poco más de tres meses nos separan de su estreno...



Attack the Block (Joe Cornish, 2011)

Título original: Attack the Block   Género: Terror, Ciencia Ficción
Duración: 85 minutos   País: Reino Unido
Dirección: Joe Cornish   Guión: Joe Cornish

El bloque de viviendas sociales de un suburbio del sur de Londres es el hogar de una pandilla de adolescentes problemáticos que una noche, tras la caida de un meteorito, acaban con la vida de una extraña criatura. Lo que los jóvenes desconocen es que se trata de una invasión alienígena en toda regla formada por criaturas letales que han elegido el peor lugar posible de Londres para iniciar su conquista.

Attack the Block supone el debut en la dirección de Joe Cornish -colega de Edgar Wright (Shaun of the Dead, 2004) y guionista de la reciente Las aventuras de´Tintín: El Secreto del Unicornio (2011)- y el resultado se traduce en una curiosa aportación al cine de invasiones alienígenas, alejado esta vez de grandilocuentes y mastodónticas operaciones orquestadas para invadir la Tierra a gran escala que siempre se centraban en territorio norteamericano. En esta ocasión, las criaturas extraterrestres aterrizan en el Viejo Continente -más concretamente en unos suburbios de Londres- y los encargados de expulsar a estos alienígenas a base de patadas en el culo son unos chicos un tanto problemáticos que pasan de robar y asaltar a transeúntes en las inmediaciones de su barrio a tener que salvar el mundo de los súbitos invasores del espacio exterior.


El film viene de cosechar una extensa lista de críticas positivas y hasta de conseguir el premio de la Crítica, el del Público, mejor Banda Sonora y Mención Especial del Jurado en el reciente Festival de Sitges 2011 y, a pesar de ello, no me ha parecido un film digno de toda esa retahíla de elogios ni tan destacable, original y divertido como muchos lo califican. No cabe duda de que se trata de una propuesta resultona a nivel visual dado su reducido presupuesto -8 millones de libras- y que intenta enfocar el género de las invasiones extraterrestres bajo un prisma diferente y no tan manido, pero la innovación no es tan determinante y cuando tratan de introducir cierta crítica a la sociedad actual se quedan en lo dicho: en el intento. 


El desarrollo es típico, tópico por momentos y, en ocasiones, bastante pueril. El intento de situar al espectador en la vicisitud de tener que posicionarse del lado de los extraterrestres o de los chicos malos de barrio queda desmontado a las primeras de cambio -yo prefiero mil veces a los bicharracos del espacio exterior antes que a la panda de ninis protagonista- y, además, ninguno de los personajes hacen gala de una personalidad destacable ni muestran un carisma desbordante, a excepción de Moses, personaje a cargo de un John Boyega que ofrece la mejor interpretación del fim. En el lado opuesto tenemos a Nick Frost con un rol totalmente secundario, prescindible y que no aporta nada a la historia más que el nombre para servir como reclamo comercial a la hora de captar espectadores. También habría que comentar un guión que cuenta con algunos momentos realmente forzados y situaciones resueltas de manera apresurada y superficial.

Tampoco es que cuente con unos efectos especiales espectaculares, aunque si cumplidores y efectivos si tenemos en cuenta el presupuesto. Donde más se nota la austeridad es en el diseño simple de las criaturas, una especie de perros o monos del espacio negros como la boca del lobo y con una dentadura fluorescente, pero sin el cerebro ni la mala baba necesaria para poner en mayores aprietos al grupúsculo adolescente protagonista. Originales son, no cabe duda, pero bastante inocentes también, y hubiera dado mucho más juego "humanizar" a estas criaturas y dotarlas de algo más de inteligencia para concebir un enemigo mucho más potente.

Si tenemos en cuenta que en esta historia el terror brilla por su ausencia y la ciencia ficción apenas está representada por las criaturas extraterrestres, nos queda un film entusiasta para adolescentes con algo de acción y mucha aventura. En cuanto a su capacidad para entretener, no cabe duda de que es un film voluntarioso, pero tengo que reconocer que la tuve que ver en varias partes porque me aburría soberanamente. Sinceramente, película para pasar el rato sin más. 


ROSA, de Jesús Orellana (cortometraje)

Hacía tiempo que no me hacía eco en el blog de ningún corto, y creo que no no hay opción mejor para romper ese largo silencio en el campo de los cortometrajes que ROSA, el corto de animación de Jesús Orellana. Según la biografía que podeís leer en la propia web del corto, Jesús "nació en Tarragona en 1981 y ha trabajado en diferentes novelas gráficas para la editorial francesa "Les Humanoides Associes". En 2009 empezó a desarrollar su primer cortometraje, ROSA. Actualmente se encuentra en pre-producción de su primer largometraje. Jesús vive actualmente en Barcelona junto a su compañera, la artista Maria Llovet".

En cuanto a ROSA, el propio creador cuenta en una nota de prensa que "es un cortometraje de animación situado en un mundo post-apocalíptico donde toda vida natural ha desaparecido. Entre la destrucción despierta Rosa, cyborg parte del proyecto Kernel, el último intento de la raza humana para salvar el ecosistema terrestre. Rosa pronto descubrirá que no es el único ente que ha despertado y deberá luchar por su supervivencia".

Además, cuenta que "ROSA tuvo su premiere mundial en Mayo durante el prestigioso Festival Internacional de Cine de SEATTLE, y fue proyectado durante la Ceremonia Inaugural del pasado Festival Internacional de Cine Fantástico de SITGES. El corto ha sido además Selección Oficial en festivales de todo el mundo como SCREAMFEST, TORONTO AFTER DARK, ANIMA MUNDI o el LOS ANGELES Short Film Festival entre otros. ROSA ha sido además noticia en webs como Twitch o Firstshowing. Tras el exitoso paso por festivales se han puesto en contacto conmigo las mayores Agencias de Talentos (CAA, WME, UTA, etc.) así como varias productoras Hollywoodienses interesadas en adaptar ROSA como largometraje de imagen real. Actualmente estoy desarrollando el tratamiento de guión de la futura película. ROSA competirá en los próximos premios GOYA en la categoría de Mejor Cortometraje de Animación".

Son casi diez minutos de corto en los que Jesús Orellana ha invertido cerca de un año en crear absolutamente todos los planos que veís en pantalla, sin presupuesto establecido y todo por su cuenta. Está claro que las influencias del mundo del anime, el manga y la ciencia ficción son numerosas, pero no se puede negar la potencia audiovisual de una pequeña joya que, además, está hecha en España, donde no somos muy dados a estas cosas. Quizás con esta pieza muy a tener en cuenta se rompa esa tradición. Si quereís más información, teneís la página oficial www.rosamovie.com y la página de Facebook www.facebook.com/rosashortfilm.





La Cosa (Matthijs van Heijningen Jr, 2011)

Título original: The Thing   Género: Terror, Sci-Fi
Duración: 103 minutos   País: EE.UU.
Música: Marco Beltrami   Web: quieneslacosa.es

Un descubrimiento que abre posibilidades inimaginables se convierte en una lucha por la supervivencia cuando un grupo de investigadores internacionales descubre a un alienígena. La criatura tiene la habilidad de cambiar de forma a voluntad y convertirse en la copia perfecta de cualquier ser humano. La paranoia se extiende como la pólvora entre los científicos infectados por el misterio llegado de otro planeta. La paleontóloga Kate Lloyd y el piloto Braxton Carter unirán sus fuerzas para impedir que la criatura mate uno a uno a los miembros del equipo.

Hace casi treinta años que el maestro John Carpenter parió una de las mejores películas de terror y ciencia ficción de la historia: en 1982 dirigió La Cosa (The Thing), a su vez un remake de El enigma...de otro mundo (1951), y aunque en su día el film no alcanzó un éxito comercial notorio, el paso del tiempo hizo justicia y se convirtió en película de culto y pieza imprescindible para el género. Y la opinión de éste que os escribe no iba a ser una excepción: la considero una película de cabecera, un clásico atemporal de obligado visionado donde encontrar muchas de las pautas claves del cine de terror, vigentes y de enorme valía aún en la actualidad. En definitiva, PELICULON con mayúsculas y sin paliativos, pura Historia del Cine.


Y ahora, tres décadas más tarde, nos llega una nueva revisión de dicha obra maestra, con una especie de precuela que, en realidad, tiene bastante de remake encubierto. La Cosa (2011) es una película que narra los hechos acontencidos justo antes de lo que la película de Carpenter narraba, hasta el punto de que el final de la precuela enlaza directamente con el comienzo del film original, lo cual constituye un gran acierto y una solución de continuidad que agradará al fiel seguidor del film clásico, a la vez que servirá de conexión directa entre ambos films. Además, a nadie se le escapa que todo lo que vemos desde el comienzo de la historia hasta su desenlace es un respetuoso homenaje a la cinta de Carpenter, si bien la película de 1982 funcionaba mejor a todos los niveles que la precuela de este año 2011. 

Lo que en la historia original era brillante, en esta precuela es simplemente correcto, aunque tal y como está el género hoy en día, esta nueva versión acaba siendo una buena película de terror. Así, con los mismos mimbres que Carpenter usó en 1982, el debutante van Heijningen Jr. elabora una película de terror con más acción y mucho más comercial y palomitera que la original. Tenemos personajes similares en situaciones casi calcadas y prácticamente todo en esta nueva versión recuerda a la obra maestra de 1982.


Al frente del reparto encontramos a una recientemente omnipresente Mary Elizabeth Winstead encargada de erigirse -en su versión femenina y salvando las distancias- en el nuevo McReady, interpretado en su día por el actor fetiche de Carpenter, el gran Kurt Russell. Aquí se mete en la piel de la paleontóloga  Kate Lloyd y, aunque la joven actriz nacida en Carolina del Norte no tiene el carisma y la fuerza de Russell, consigue aguantar el ritmo y el peso del film, apoyándose en secundarios que rayan a gran altura como Jørgen Langhelle en el papel de Lars -el noruego grandullón que no habla ni pizca de inglés- o Ulrich Thomsen, que interpreta al doctor Sander Halvorson, uno de esos científicos de ego hinchado y sin escrúpulos. Tampoco debemos olvidarnos del australiano Joel Edgerton como el piloto Sam Carter, recientemente elegido como protagonista para 300: Battle of Artemisia, la secuela de 300 (2006), de Zack Snyder.


Y no podemos olvidarnos del protagonista absoluto del film, que no es otro que la criatura, la "cosa", esa criatura alienígena que tratará por todos los medios de confundir al grupo de humanos para salir victoriosa. En el film original dicha criatura era mostrada con cuentagotas y gracias a unos excelentes FX a base de animatronics y maquillaje totalmente artesanal que dotaba al ser de una terrorífica sensación de realidad. En esta nueva versión nos hartamos de ver a la criatura, creada sobre todo con CGI y efectos digitales que, aunque escalofriantes y repugnantes, siguen a la sombra de los de 1982 en cuanto a sensaciones de veracidad. Usando una metáfora comparativa teniendo en cuenta las apariciones del monstruo y los efectos especiales, el film de Carpenter era una película erótica y esta precuela una película totalmente pornográfica.


No sé si esta precuela era estrictamente necesaria, pero sí que es una película recomendable. Para empezar, nos pone en situación y narra los hechos inmediatamente anteriores a lo que vemos en el film de Carpenter -ya hemos comentado el excelente final que enlaza con el comienzo de dicha película- y consigue que una ingente cantidad de detalles concuerden en ambas películas, creando una excelente solución de continuidad sin apenas fallos de raccord. Y, como quiera que hay tantos detalles que enlazan con el film de Carpenter y un buen puñado de guiños a su film, La Cosa (2011) constituye un más que correcto homenaje a esa obra maestra de principios de los '80. Para adaptarse al cine de hoy en día, eleva el ritmo narrativo y contiene mucha más acción a cambio de sacrificar buena parte del suspense y la tensión marca de la casa en la versión de 1982, y a pesar de ello no le falta el respeto al original en ningún momento. Además, es muy probable que las nuevas generaciones de espectadores sientan curiosidad y se acerquen a La Cosa (1982) después de haber ido a ver esta precuela al cine. Si eso es así, la película de van Heijningen Jr. habrá servido para que muchos jóvenes de hoy en día descubran una de las joyas de la Historia del Cine. En ningún momento le hace sombra a la versión Carpenter -algo prácticamente imposible- pero es entretenida, disfrutable y a mí, fan acérrimo de la original, me ha encantado.




Contagio (Steven Soderbergh, 2011)

Título original: Contagion   Género: Drama, Thriller, Sci-Fi
Duración: 106 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Steven Soderbergh   Guión: Scott Z.Burns

Un virus letal que se transmite por el aire y mata en cuestión de días amenaza con extenderse por todo el planeta y acabar con buena parte de la población mundial. A medida que va creciendo la epidemia, la comunidad médica mundial lucha contrarreloj para encontrar una cura y controlar el pánico, que se extiende incluso más rápido que el propio virus. Al mismo tiempo, la gente lucha por sobrevivir en una sociedad que se desmorona.
Hay que reconocer que si eres hipocondríaco y algo paranoico, Contagio no es tu película, porque la cosa va de virus, infecciones, epidemias y, cómo no, infinidad de contagios y de mil y una maneras. Con un realismo sobrecogedor, Steven Soderbergh se ha encargado de plasmar en la gran pantalla el terrible e implacable proceso de expansión de una pandemia mortal desde sus primeros pasos hasta la inevitable infección global. Para ello, y como suele ser habitual en buena parte de las películas del realizador de Atlanta, Soderbergh se ha rodeado de rostros muy conocidos a nivel interpretativo para componer su mosaico habitual de personajes cruzados, en este caso bajo el descorazonador marco de una apocaliptica epidemia mundial.


Soderbergh, quien dijo hace tiempo que próximamente se retiraría del mundo del cine para negarlo posteriormente (cosa que si cumple será una verdadera pena) es un profesional como la copa de un pino y un director de esos que siempre, en menor o mayor medida, da la talla con sus películas y nunca suele defraudar. La regularidad de su cine es su mayor baza y Contagio es una nueva muestra de su buen hacer tras las cámaras y de su habilidad entrelazando historias y desgranando vidas, resultando una película muy entretenida a pesar de que el enfoque que se le ha dado al tema de la pandemia prescinde de la acción, la espectacularidad y la grandilocuencia de otras películas sobre este tipo de desastres como Estallido (1995) o 28 Días Después (2002). En esta ocasión el tema es tratado bajo un prisma mucho más realista, con una frialdad tremenda marca de la casa y una carga enorme de cruda realidad. El espectador asiste así a una recreación hipotética que resulta estremecedora dada la enorme carga de realismo con la que el film ataca nuestro subconsciente, describiendo una situación que podría no sólo ocurrir, sino desarrollarse tal y como la historia plantea: focos de nacimiento de la pandemia, expansión y desarrollo de la misma, reacciones de las instituciones médicas mundiales, el papel de las nuevas tecnologias a la hora de comunicar y enfocar el problema y, como daño colateral, el más que probable desmoronamiento de la sociedad ante una situación catastrófica de semejante envergadura... Todo esto se plantea y se desarrolla sin excentricidades, sin hipérboles innecesarias y con una sencillez totalmente aséptica, y así la historia entra limpiamente en el espectador como un bisturí en el cerebro al que disecciona.


Todo ello sin necesidad de focalizar el protagonismo en ninguno de los grandes nombres con los que cuenta Soderbergh para desarrollar la historia, ni de establecer prioridades entre actores, aunque bien es cierto que el drama personal del personaje interpretado por Matt Damon ocupa buena parte de la historia, aunque como ya os digo, todas las tramas tienen su dosis de importancia y se articulan en torno al nódulo central: la pandemia, sus causas, efectos y estragos en la sociedad mundial. No sabría destacar a ninguno en particular, aunque me gustó de manera especial el personaje de Jude Law (en parte porque representa el lado salvaje y el poder incontrolable de la comunicación en la red, para bien y para mal...), quizás un tanto desaprovechado y que podría haber dado mucho más de sí como azote de la burocracia y las compañias farmaceúticas. Y por cierto, en ese sentido, me pareció captar cierto posicionamiento por parte del realizador para con el bando de las multinacionales, organizaciones gubernamentales y demás organismos oficiales, en detrimento de personaje de Jude Law que representa el deseo de saber y de llegar hasta el fondo de la verdad por parte del grueso de la sociedad.


Resumiendo, una película narrada sin prisa pero sin pausa, con el sello indiscutible de Soderbergh y con un buen elenco de actores al servicio de una historia que tiene visos de poder convertirse en realidad en un futuro no muy lejano y que muestra el más que probable proceso de diferentes estamentos a la hora de afrontar semejante problema, y también las reacciones de una sociedad puesta al límite y azotada por una amenaza de tales proporciones, llegando incluso al resquebrajamiento de valores éticos y cívicos. Los que esperen una cinta apocalíptica repleta de explosiones y acción a raudales se sentirán decepcionados. El resto disfrutará de una historia bien contada con visos de documental que como gran hándicap tiene el hecho de que quizás podría haber dado más de sí.


Cowboys & Aliens (Jon Favreau, 2011)

Título original: Cowboys & Aliens   Género: Aventuras, Western, Ciencia-Ficción
Duración: 118 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Jon Favreau   Guión: Roberto Orci, Alex Kurtzman, Damon Lindelof, Mark Fergus, Hawk Ostby
Intérpretes: Daniel Craig, Harrison Ford, Olivia Wilde, Sam Rockwell, ,
Música: Harry Gregson-Williams   Web: cowboysandaliensmovie.com/

1875, territorio de Nuevo México. Un extraño con una amnesia total llega a Absolution. La única pista de su pasado es un misterioso grillete que le rodea la muñeca. Lo que descubre es que la gente del pueblo no da la bienvenida a los forasteros, y nadie hace un movimiento en sus calles a menos que la orden de hacerlo venga de la mano del coronel Dolarhydel. Pero Absolution está a punto de experimentar algo que apenas puede comprender, ya que el desolado pueblo es atacado por unas extrañas criaturas desde el cielo. Descendiendo con estrépito a una velocidad impresionante y con unas luces cegadoras para abducir uno a uno a la gente indefensa, esos misteriosos visitantes desbordan todo lo que el pueblo haya conocido hasta ahora. Ahora, ese desconocido al que rechazaron es su única esperanza para la salvación.

El hecho de que el guión de una película haya sido escrito por hasta cinco personas distintas debería ser señal de advertencia de que es muy probable que lo que veamos en pantalla no entre dentro de la definición de buen cine y se acerque peligrosamente a lo que Perse suele denominar "una mierda como una catedral". Con Cowboys & Aliens corrimos ese riesgo ante las escasas opciones de una cartelera en la que poco o nada nos quedaba por ver. He de reconocer que la experiencia no fue tan dolorosa como en un principio parecía que iba a ser y la película pasó sin pena ni gloria, sin despertar en mí un interés fuera de lo normal y agradeciendo que no me sangraran los ojos.


El film, basado en un cómic que no he tenido oportunidad de leer (y que quizás no lea, puesto que le caen palos por todas partes), es una extravagante y bizarra mezcla de dos de los grandes géneros de la historia del cine: el western y la ciencia-ficción, en una valiente conjunción que se queda en tierra de nadie, a mitad de camino entre los dos géneros, y eso es sinónimo de indiferencia para el espectador. Tenemos cowboys y tenemos aliens, pero la mezcla no termina de cuajar, tal y como ocurría en films parecidos donde el western se fusionaba con otras vertientes, como Wild Wild West (1999) o la funesta Jonah Hex (2010).Ni siquiera los intentos por convertir el film en una cinta de aventuras animan el cotarro, resultando una historia poco dinámica a pesar de que, a priori, prometía todo lo contrario dados los elementos utilizados. Con todo ello, el film convence algo más cuando se mueve en el terreno del western y no en el de los alienígenas.


Daniel Craig se marca una de esas hieráticas y frías interpretaciones a las que nos tiene acostumbrados, pero con un resultado menos impactante que en la excelente Casino Royale (2006). Su inexpresiva cara no funciona en esta ocasión y le come la tostada un Harrison Ford que, sin esforzarse demasiado, resulta más convincente que el actor nacido en Chester. Su personaje es de los pocos que experimenta una ligera evolución a lo largo de la historia, pasando del escepticismo y la suficiencia al afecto y la camaradería. El papel femenino protagonista recae en esta ocasión sobre una insulsa Olivia Wilde, con un enigmático personaje (con unos orígenes y un rumbo que servidor tenía claro a los diez minutos de la película) de supuesta cierta relevancia para la historia que nunca llega a establecerse como capital en la historia. Los secundarios cumplen, aunque dan la sensación de que podían haber dado mucho más de sí, como es el caso de Sam Rockwell y su intento de aportar algo de humor a la narración, o el siempre correcto Clancy Brown como el personaje de más elevada condición moral de la historia.

En cuanto al apartado técnico de la película, decir que se me antojan excesivos los 160 millones de dólares de presupuesto para el resultado final, que sin ser mediocre, si me parece justito en cuanto a lo que cabría esperar. Lo que sí me gustó fue el diseño anatómico y ciertos detalles de los alienígenas. La ambientación, incluyendo escenografía, vestuario y puesta en escena,  si me pareció creible, realista y totalmente conseguida, alcanzando un nivel convincente cual western clásico.


En definitiva, la película funciona mejor cuando discurre por el western puro y duro, y el guión se diluye cuando entra en juego el factor alienígena. Ahí es cuando la historia se descontrola un poco, chirrían las superposiciones entre géneros y flaquea nuestro interés. Es un film que discurre claramente de más a menos, hasta llegar a una última parte realmente pobre en cuanto a argumento y un final totalmente predecible y pueril. No es el truño que me esperaba, pero tampoco pasará a los anales de la Historia del Séptimo Arte. Para pasar el rato en una de esas tardes de domingo en las no hay nada mejor que hacer...


Super 8 (J.J.Abrams, 2011)

Título original: Super 8   Género: Aventuras, Ciencia-Ficción
Duración: 114 minutos   País: EE.UU.
Dirección: J.J.Abrams   Guión: J.J.Abrams

En el verano de 1979, un grupo de amigos de un pueblo de Ohio son testigos de un catastrófico accidente de tren mientras ruedan un corto sobre zombies. Tras librarse por poco, pronto descubren que no fue un accidente. Poco después, comienzan a sucederse en el pueblo una serie de extrañas desapariciones y de sucesos inexplicables, y pronto descubrirán que la verdad es algo más terrorífico de lo que ninguno de ellos podía imaginar...
Ríos de tinta se están virtiendo en la red sobre esta última película de J.J.Abrams,  bien tratándola como un inútil intento de volver a poner de moda un tipo de cine de esencia netamente ochentera mediante el uso y abuso de elementos para provocar la nostalgia en el espectador treintañero, o bien considerándola un mosaico deudor del cine clásico de aventuras juveniles, en especial del de Spielberg, que encantará a aquellos que crecieron disfrutando de dicho tipo de cine. Y a pesar de que hay gente situada en el término medio que distingue entre sus virtudes y sus defectos, se está convirtiendo poco a poco en una película de esas que tienes que odiar o amar. Yo tengo que reconocer que, a pesar de algunos aspectos que chirrían con fuerza y son innecesarios o mejorables, me lo pasé en grande en el cine, convirtiéndose en una de las películas más redondas que he visto este año en pantalla grande (de momento y sólo por detrás de la maravillosa El Origen del Planeta de los Simios, pendiente de reseñar...).
El señor Abrams no ha dudado en confesar una y otra vez su profunda admiración por el cine de Steven Spielberg, sobre todo por el de sus comienzos, cuando encandilaba a todo el planeta con joyas como Tiburón (1975), Encuentros en la Tercera Fase (1977) o E.T. El Extraterrestre (1982). Así mismo, Spielberg también ha dejado claro que si hay alguien en la actualidad que le recuerda a él en sus inicios, ése es Abrams. Así pues, con estos dos señores lanzándose flores mutuamente (o, como diría el señor Lobo de Pulp Fiction, chupándose las pollas mutuamente), Super 8 es una película que estaba claro tarde o temprano formaría parte de la filmografia de Abrams, pues supone una mirada llena de nostalgia al cine spielberiano ochentero, con el añadido de estar protagonizada por una panda de chavales, al estilo de producciones como Los Goonies (1985) o Los Exploradores (1985). Y luego, claro está, tenemos el toque personal de Abrams, que ya hemos visto en recientes producciones de cosecha propia como Monstruoso (Cloverfield, 2008) o la grandísima serie Perdidos (Lost, 2004-2010), y que está constituido por una serie de constantes en su obra, como ese gusto por las historias de redención o su particular sentido del espectáculo, del que ya hizo gala en Star Trek (2009).

Está claro que J.J.Abrams trata de pulsar algunos resortes de nuestra memoria cinematográfica para crear cierto sentimiento de nostalgia ante el tipo de cine mencionado con anterioridad y que se circunscribió casi exclusivamente al periodo de tiempo que abarcaba los años '80 y comienzos de los '90. Numerosos son los guiños a dicha época, aparte de haber encuadrado Super 8 dentro de un periodo de tiempo muy concreto (finales de los años '70), dotando a la película de un maravilloso aire retro cuidado hasta el extremo tanto en vestuario como en escenarios, decorados y puesta en escena. En ese sentido, nada que objetar, exceptuando lo prefabricado y teledirigido de la apuesta por conmover desde la nostalgia y el recuerdo.

Disfruté de lo lindo con la actuación del grupo de jóvenes protagonistas, en especial de una Elle Fanning que promete bastante en esto de la actuación y se come cada plano en el que aparece. El joven reparto se muestra suelto y con desparpajo a la hora de interpretar a un grupo de amigos que en mitad de una situación límite y dramática comienzan a sentir el despertar de una serie de sensaciones desconocidas para ellos, como el primer amor, el sabor que deja en la boca el perdón o la pasión por el mundo del cine, personificada en Charles (interpretado por un genial Riley Griffiths), personaje que me encantó y que a buen seguro tiene un marcado carácter autobiográfico por parte de J.J.Abrams.

Poco voy a comentar de los efectos especiales, espectaculares por momentos (a destacar la escena del accidente y descarrilamiento del tren militar) y casi a la misma altura que la cuidada fotografía o el sensacional sonido, coronado todo ello por una banda sonora que estoy casi seguro estará muy presente en la próxima edición de los Premios de la Academia de Cine de Hollywood. Michael Giacchino ha concebido una partitura realmente conmovedora y grandilocuente a la vez, que en muchos momentos me ha recordado a la música que fielmente nos acompañó mientras disfrutábamos de Lost (Perdidos).

Sé que a muchos de vosotr@s os habrá parecido un fiasco, que muchos habeís entrado al cine con unas expectativas que Super 8 y J.J.Abrams no han podido o no han sabido colmar, pero a mi la película sí me ha llegado y me ha entretenido. Reconozco que está concebida como un pastiche de sensaciones y articulada en torno a una serie de situaciones ya vistas en anteriores películas, que juega descaradamente la baza de la nostalgia o que incluso la acción va de más a menos hasta llegar a un desenlace poco creible o, cuando menos, discutible, pero no se le puede negar que está rodada de manera magistral (con escenas espectaculares como la ya mencionada del descarrilamiento del tren o la del ataque de la criatura al autobús militar) y que supone un oasis en el desierto en el que poco a poco se ha convertido el panorama cinematográfico actual, donde las salas sólo proyectan comedias románticas de medio pelo o películas de vampiros que brillan embadurnados en purpurina. A mi me ha parecido un atractivo cóctel entre una monster-movie y una aventura juvenil a la vieja usanza, con la guinda en los créditos finales de The Case, el corto que en la propia película se encontraban rodando nuestros protagonistas, todo un homenaje a la serie B y al cine de zombies (impagable el homenaje a papá Romero, colocándole su apellido a la fábrica de productos químicos en la que se inicia la epidemia en el corto). 






Invasión a la Tierra (Jonathan Liebesman, 2011)

Título original: Battle: Los Angeles   Género: Acción, Ciencia Ficción
Duración: 116 minutos   País: EE.UU.
Música: Brian Tyler   Web:

Durante años ha habido casos documentados de avistamientos de OVNIS en todo el mundo. Pero en 2011, lo que hasta ese momento eran simples avistamientos resulta una terrible realidad cuando la Tierra es atacada por fuerzas desconocidas. Mientras todos son testigos de cómo caen las grandes ciudades del mundo, Los Ángeles se convierte en el último bastión de la humanidad en una batalla que nadie esperaba. Un sargento de la Marina y su división son los que tendrán que definir los límites frente a un enemigo como jamás se habían encontrado.

Una vez más, me han vuelto a engañar. Y esta vez lo ha hecho el montador del tráiler de Invasión a la Tierra, con un clip que me animó a ir al cine a echarle un vistazo a un  film que, aparentemente, prometía espectáculo, ciencia ficción y diversión, y con lo que me he encontrado ha sido con una película aburrida, tediosa, inconexa, sin base científica alguna y llena de tópicos. 


Jonathan Liebesman, el director, debería replantearse seguir en esto del cine. Debutó en 2003 con En la oscuridad (Darkness Falls), una historia de terror bastante limitadita, y siguió con La Matanza de Texas: el Origen (2006), una especie de precuela que, personalmente, me gustó bastante y que intentaba ahondar en la génesis de Leatherface. En 2009 rodó The Killing Room (que no he tenido la oportunidad de ver) y ahora nos trae esta bazofia a la que no hay forma humana de coger por ningún lado. Trayectoria llena de altibajos , sin un estilo propio y sin centrarse en un género en particular que explotar. Para colmo de males, dejan el guión en manos de un tal Christopher Bertolini que sólo cuenta en su haber con el libreto de La Hija del General, película de 1999, con lo que este "guionista" lleva inactivo la friolera de doce años...


Por lo tanto, tenemos un argumento mil veces visto: una invasión alienígena a la Tierra. En es sentido, la película va al grano, aunque se permite el lujo de ofrecernos un flash-back cutrísimo que pretende dramatizar la situación mostrándonos las circunstancias de los estereotipados protagonistas: un teniente novato, un soldado a punto de casarse, otro que va a ser padre, el  sargento que está de vuelta de todo... Craso error: hemos venido a ver una película de acción, de invasiones, no un drama familiar cutrongo. 

A continuación se desencadenan los hechos (esto es, la invasión) y comienza el mareo: secuencias con cámara al hombro, zooms realmente torpes e improcedentes, planos desencuadrados... Todo un despliegue de ineficacia técnica que produce dolor de cabeza y ganas de apartar la vista por momentos (como personalmente me ocurrió). Es un vano intento de acercarse en ese aspecto técnico a Michael Bay o Paul Greengrass. 


Por si fuera poco, los diálogos brillan por su ausencia y cuando aparecen producen vergüenza ajena, especialmente las tres frases contadas de una Michelle Rodriguez que empieza a estar encasillada en el papel de tía dura de masculinidad manifiesta. Y hablando de interpretaciones, me vais a permitir que condene al reparto en general, formado en su mayoría por chavales desconocidos muy poco duchos en esto de la interpretación. Tampoco voy a mencionar a un Aaron Eckhart totalmente perdido en medio de un rebaño de principiantes que se pasa toda la película con cara de ¿Yo qué hago aquí? y deseando que Christopher Nolan le vuelva a llamar para ser Harvey Dent/Dos Caras en The Dark Knight Rises.


No se la recomendaría ni a mi peor enemigo. Intenta ser un compendio de un género a caballo entre el cine bélico y el de ciencia ficción, tomando como referencia películas como Independence Day, Black Hawk Derribado, Jarhead o la reciente En Tierra Hostil, pero acaba siendo un tostón de proporciones épicas, con una factura técnica confusa y estresante y capaz de sumir al espectador en un estado soporífero que hace que a los 50 minutos de metraje parezca que hayan transcurrido tres horas en la butaca del cine. Y eso es muy mala señal...



La Grieta (Juan Piquer Simón, 1990)

Título original: The Rift (Endless Descent)
Año: 1990
Duración: 89 minutos
País: España
Género: Ciencia Ficción, Serie B, Terror
Dirección: Juan Piquer Simón
Guión: David Coleman, basado en una historia de Juan Piquer Simón y Mark Klein
Intérpretes: Jack Scalia, Robert Lee Ermey, Ray Wise, Pocholo Martinez Bordiú, Emilio Linder
Música: Joel Goldsmith

Un experimento genético en una cueva del fondo del mar causa mutaciones en las extrañas criaturas que allí habitan. En la misma zona la desaparición de un submarino experimental, obliga a la OTAN a enviar otro submarino en su busca. Su tripulación no sospecha los horrores a los que tendrá que enfrentarse. 

Después del fallecimiento hace unos días del director Juan Piquer Simón, me propuse revisar alguno de sus títulos y decidí comenzar por La Grieta, quizás la película de este director español que luce con un mayor aspecto internacional, pero dejando bien claro que es una película que encaja a la perfección dentro de lo que conocemos como cine de serie B tanto por presupuesto como por resultado.

Durante 1989 se estrenaron hasta tres películas con un argumento similar: el 13 de enero se estrenaba Profundidad Seis (DeepStar Six) de Sean S. Cunningham; dos meses después (el 17 de marzo) lo hacía Leviathan de George P. Cosmatos, y James Cameron estrenaba Abyss el 9 de agosto. Un año después se estrenaría La Grieta, conocida en el mundo anglosajón como The Rift o Endless Descent, con un argumento que constituye un crisol formado a base de retales de los films mencionados y de otros como Alien: el Octavo Pasajero (1979).  A pesar de todo, Piquer Simón siempre mantuvo que su película era anterior a las anteriores mencionadas...

Con un argumento entre la ciencia ficción y el terror submarino (el propio director confesó que en un primer momento la acción transcurría en una nave espacial...), La Grieta me llamó la atención en su día por los efectos especiales, que en la época fueron merecedores de un Goya, y que hoy en día han quedado totalmente desfasados y al desnudo. En su momento, Piquer Simón confesó que el presupuesto había sido de unos 225 millones de las antiguas pesetas, y que el productor ejecutivo de Rambo: Acorralado (First Blood, 1982) comentó que con esa cifra él apenas tenía para los créditos de su película. La verdad es que dicha cantidad, quizás enorme para un otro tipo de película, se queda corta a la hora de afrontar un proyecto de esta envergadura.


Lo que me llama poderosamente la atención después de todo lo que ha llovido desde su estreno en 1990 es el reparto que Piquer Simón reunió para este proyecto, con Robert Lee Ermey a la cabeza, que apenas tres años antes había bordado el papel de Sargento Hartman en La Chaqueta Metálica (1987), de Stanley Kubrick. Pero la cosa no queda ahí, y Ray Wise, el padre de Laura Palmer en Twin Peaks y que venía de intervenir en Robocop (Paul Verhoeven, 1987), también es de la partida.

Robert Lee Ermey y Ray Wise
El toque español en el casting lo ponen gente como Emilio Linder (al que todos recordareís de series como Al Salir de Clase u Hospital Central) y, abrid bien los ojos y los oidos, Pocholo Martinez-Bordiú, en un papel de esos que no pasará a la historia precisamente (interpreta a Sven, un submarinista que es de los mueren a las primeras de cambio y que apenas si tiene 3 frases de diálogo). Ver para creer...

Emilio Linder siendo observado por Pocholo con cara picarona...
La Grieta es un intento fallido de crear una gran cinta de aventuras subacuáticas con origen cañí, pero usando todo tipo de resortes y clichés yankees. El planteamiento es, digámoslo así, correcto; la parte que desarrolla el peligro que acecha a los protagonistas, pese a contar con algunos momentos sonrojantes, es la más atractiva y nos ofrece tensión, un puñado de bichos y alguna que otra muerte y/o escena de casquería artesanal; pero cuando llegamos a la parte final el argumento ya se ha desinflado bastante, el desenlace es pueril y hay que obviar demasiados detalles para creerselo.

Fallida, sí, pero amena, y es inevitable echar la vista atrás y añorar con cariño esos tiempos pasados, cuando el cine patrio no sólo se basaba en truculentas historias de travestis, bandos enfrentados por la Guerra Civil o dramas corales a discreción. Para pasar un rato sumergido en látex y caspa made in los '90.


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