1875, territorio de Nuevo México. Un extraño con una amnesia total
llega a Absolution. La única pista de su pasado es un
misterioso grillete que le rodea la muñeca. Lo que descubre es que la
gente del pueblo no da la bienvenida a los forasteros, y nadie hace un
movimiento en sus calles a menos que la orden de hacerlo venga de la
mano del coronel Dolarhydel. Pero
Absolution está a punto de experimentar algo que apenas puede
comprender, ya que el desolado pueblo es atacado por unas extrañas criaturas desde
el cielo. Descendiendo con estrépito a una velocidad impresionante y con
unas luces cegadoras para abducir uno a uno a la gente indefensa, esos
misteriosos visitantes desbordan todo lo que el pueblo haya conocido
hasta ahora. Ahora, ese desconocido al que rechazaron es su única
esperanza para la salvación.
El hecho de que el guión de una película haya sido escrito por hasta cinco personas distintas debería ser señal de advertencia de que es muy probable que lo que veamos en pantalla no entre dentro de la definición de buen cine y se acerque peligrosamente a lo que Perse suele denominar "una mierda como una catedral". Con Cowboys & Aliens corrimos ese riesgo ante las escasas opciones de una cartelera en la que poco o nada nos quedaba por ver. He de reconocer que la experiencia no fue tan dolorosa como en un principio parecía que iba a ser y la película pasó sin pena ni gloria, sin despertar en mí un interés fuera de lo normal y agradeciendo que no me sangraran los ojos.
El film, basado en un cómic que no he tenido oportunidad de leer (y que quizás no lea, puesto que le caen palos por todas partes), es una extravagante y bizarra mezcla de dos de los grandes géneros de la historia del cine: el western y la ciencia-ficción, en una valiente conjunción que se queda en tierra de nadie, a mitad de camino entre los dos géneros, y eso es sinónimo de indiferencia para el espectador. Tenemos cowboys y tenemos aliens, pero la mezcla no termina de cuajar, tal y como ocurría en films parecidos donde el western se fusionaba con otras vertientes, como Wild Wild West (1999) o la funesta Jonah Hex (2010).Ni siquiera los intentos por convertir el film en una cinta de aventuras animan el cotarro, resultando una historia poco dinámica a pesar de que, a priori, prometía todo lo contrario dados los elementos utilizados. Con todo ello, el film convence algo más cuando se mueve en el terreno del western y no en el de los alienígenas.
Daniel Craig se marca una de esas hieráticas y frías interpretaciones a las que nos tiene acostumbrados, pero con un resultado menos impactante que en la excelente Casino Royale (2006). Su inexpresiva cara no funciona en esta ocasión y le come la tostada un Harrison Ford que, sin esforzarse demasiado, resulta más convincente que el actor nacido en Chester. Su personaje es de los pocos que experimenta una ligera evolución a lo largo de la historia, pasando del escepticismo y la suficiencia al afecto y la camaradería. El papel femenino protagonista recae en esta ocasión sobre una insulsa Olivia Wilde, con un enigmático personaje (con unos orígenes y un rumbo que servidor tenía claro a los diez minutos de la película) de supuesta cierta relevancia para la historia que nunca llega a establecerse como capital en la historia. Los secundarios cumplen, aunque dan la sensación de que podían haber dado mucho más de sí, como es el caso de Sam Rockwell y su intento de aportar algo de humor a la narración, o el siempre correcto Clancy Brown como el personaje de más elevada condición moral de la historia.
En cuanto al apartado técnico de la película, decir que se me antojan excesivos los 160 millones de dólares de presupuesto para el resultado final, que sin ser mediocre, si me parece justito en cuanto a lo que cabría esperar. Lo que sí me gustó fue el diseño anatómico y ciertos detalles de los alienígenas. La ambientación, incluyendo escenografía, vestuario y puesta en escena, si me pareció creible, realista y totalmente conseguida, alcanzando un nivel convincente cual western clásico.
En definitiva, la película funciona mejor cuando discurre por el western puro y duro, y el guión se diluye cuando entra en juego el factor alienígena. Ahí es cuando la historia se descontrola un poco, chirrían las superposiciones entre géneros y flaquea nuestro interés. Es un film que discurre claramente de más a menos, hasta llegar a una última parte realmente pobre en cuanto a argumento y un final totalmente predecible y pueril. No es el truño que me esperaba, pero tampoco pasará a los anales de la Historia del Séptimo Arte. Para pasar el rato en una de esas tardes de domingo en las no hay nada mejor que hacer...
Después de que su padre fuera asesinado por un hombre que estaba a su servicio, la joven Mattie Ross llega a la gran ciudad para cerrar los últimos asuntos de su progenitor. Sin embargo la niña no está dispuesta a que el criminal que acabó con su vida escape, por lo que decide contratar al único hombre con el valor suficiente para perseguirlo en territorio indio. El elegido es Rooster Cogburn, un veterano marshall...
Tengo que confesar que llevaba con cuerpo de western desde hacía unas semanas y he de decir que este remake de Valor de Ley (dirigida en 1969 por Henry Hathaway y protagonizada por el gran John Wayne) ha satisfecho mis necesidades y me ha dejado algo más que un excelente sabor de boca. La verdad, no me sorprendo, porque es algo que me suele ocurrir con el cine de los hermanos Coen y True Grit no ha sido una excepción.
Y es que este film es, qué duda cabe, un buen western con todas las de la ley, pero también es una fábula con toques de road movie que cuenta con varios puntos fuertes a su favor. Para empezar, la historia de venganza que forma el esqueleto de la película le otorga un tono oscuro y dramático que comienza con el planteamiento en el mismísimo punto de partida (me encantó el prólogo, voz en off incluida, con ese plano de la nieve cayendo sobre el cuerpo caido del padre de Mattie Ross...) y no nos abandona jamás durante el resto de la historia hasta llegar al desenlace, que deja un poso amargo que todos nos temíamos desde el comienzo. Seremos testigos de excepción del proceso que llevará a tres personas de caracteres totalmente dispares y con motivaciones realmente diferentes a unir esfuerzos en pos de un objetivo común. Venganza, justicia, recompensa... Tres caminos distintos que desembocan en un mismo destino, y cuyo precio pagarán de una forma u otra nuestros tres protagonistas.
Gran parte del peso de esta inteligente historia recae sobre el trío protagonista, destacando por encima de todos un Jeff Bridges sensacional, al que le bastan los dos primeros minutos en escena para demostrar por qué es un excelente actor. Su presencia inunda la pantalla dando vida al viejo marshall bebedor Reuben “Rooster” Cogburn, nostálgico icono del crepúsculo de una época en la que la justicia se ejercía a base de pólvora. Tremendo profesional que lleva camino de convertirse en leyenda, si es que no lo es ya. También sería justo mencionar la brillante actuación de Hailee Steinfeld, dando vida con astucia e infinidad de recursos a la obstinada y astuta Mattie Ross. Todo un acierto su elección entre unas 15.000 aspirantes que se presentaron al casting. Entre ambos personajes se establece una entrañable relación de colaboración y confianza, básica para entender la historia en toda su amplitud.
El tercer vértice de este triángulo interpretativo recae sobre un irreconocible pero cumplidor Matt Damon, que se mete en la piel de LaBoeuf, un ranger de Texas. Mencionar al resto del reparto es una cuestión casi anecdótica, pues apenas si intervienen en la historia. Quizás podríamos nombrar a Josh Brolin, que en la historia es Tom Chaney, el hombre al que todos quieren cazar y desencadenante de la historia, cuya presencia se limita a los minutos finales.
Pero al mismo tiempo que las interpretaciones principales son de vital importancia, es inevitable sentirse también atraido por un elemento realmente embriagador: la naturaleza y el abrumador entorno, que se me antojan un personaje más de la historia, incluso claves en el devenir de los acontecimientos, y haciendo que el ser humano empequeñezca ante la grandiosidad de los paisajes. Ese escenario fronterizo, indómito y que marca límite entre el mundo de la ley y el de los forajidos forma un marco incomprable. Bellísima fotografía, una escenografía a la altura de la historia y, como colofón, una banda sonora realmente preciosa que me sorprende no esté nominada en esta edición de los Oscars.
No es difícil llegar a la conclusión de que True Grit es un western como mandan los cánones, que se articula en torno a una historia realmente sencilla pero magistralmente contada y con una fuerza arrolladora que reside en las imágenes y los diálogos. A mi me ha encantado y me ha parecido un maravilloso y melancólico viaje en busca de la venganza, una de esas historias perfectas para disfrutar de cabo a rabo y dejarse llevar por unas actuaciones magníficas en un entorno inmejorable.
Jonah Hex es un solitario pistolero y caza-recompensas con un pie en nuestro mundo y otro en el de los muertos, ya que puede comunicarse con ellos. El ejército norteamericano le hace una oferta que no puede rechazar: deberá encontrar y detener a un peligroso terrorista llamado Quentin Turnbull, que en el pasado asesinó a la familia de Hex y le desfiguró la cara. Turnbull está preparando un arma secreta para acabar con los EE.UU.
Seré breve y rápido (indoloro me temo que no): Jonah Hex es un despropósito de película de principio a fin. Es aburrida, y eso que apenas dura ochenta minutos (contando los créditos finales...). Al parecer, las entradas y salidas del film de la sala de montaje y edición fueron constantes, llegando incluso a rodarse escenas nuevas cuando la película ya estaba terminada y, a pesar de todo, han mutilado el metraje a base de bien y lo han dejado en esos escuetos 80 minutos para olvidar.
El guión es deplorable, desastroso y desequilibrado. En los primeros minutos de película ya nos han contado la historia del protagonista y su pasado (en unas escenas homenaje al cómic que se salvan de la quema), y el resto de metraje se dedica a mostrar el juego del gato y el ratón entre Turnbull (Malkovich) y Hex (Brolin). A eso hay que añadir que no escasean las situaciones ridículas y solventadas de un plumazo, llegando en ocasiones a suponer un insulto a la inteligencia del espectador. Para colmo de males, es una pésima adaptación del cómic en que se basa. Aunque yo no lo conocía, me entero de mano de gente que sí lo ha leido que no tiene nada que ver: en el cómic Jonah Hex no habla con los muertos y la cara se la desfiguraron los indios, no el personaje de Turnbull. Han convertido un cómic con sabor a puro western en una bazofia.
Y qué decir de las interpretaciones: ridículas, con la excepción de un Josh Brolin que, sinceramente, hace lo que puede a pesar de su cara de alpargata. John Malkovich da vida al villano de turno en un papel mil veces visto y que parece haber aceptado simplemente por el cheque que le pusieron en las manos al ofrecerle el personaje. Michael Fassbender aparece pasado de revoluciones, sobreactuando sin ton ni son, y qué decir de Megan Fox: calificarla como actriz me parece el cumplido más grande de la historia que le hayan podido dedicar jamás. Su interpretación es pésima, triste y nada creible. Es imposible que nadie se crea su personaje de prostituta enamorada del héroe de turno que, además, sabe disparar y repartir estopa cuando la ocasión lo requiere. Lamentable esta señorita que no levanta cabeza y que espero y deseo se retire cuanto antes del mundo del cine, porque está haciendole mucho daño.
Del director no pienso ni hablar. Una persona que es capaz de rodar semejante truño (ojo a la escena onírica donde Hex se enfrenta a Turnbull, es para llorar...), tan previsible e insulso, no se merece ni una sola de mis palabras. Otro que, sinceramente, podría tirar ya la toalla.
En fin, una pérdida de tiempo total. Decir que es mala es ser generoso.
Los hermanos Coen vuelven a la carga y ya tenemos trailer de lo que será su próxima película. True Grit, un western basado en la novela homónima de Charles Portis que cuenta cómo una joven adolescente le pide ayuda a un viejo alguacil para encontrar a los culpables de la muerte de su padre en un viaje a través de territorios peligrosos e inhóspitos.
Como curiosidad, la novela de Charles Portis ya fue llevada a la gran pantalla en 1969 de la mano de Henry Hathaway con el mismo título (True Grit en los EE.UU, Valor de Ley en España) y protagonizada por John Wayne, que se llevó el Oscar (1969) y el Globo de Oro (1970) por su interpretación. No me cabe la menor duda de que Jeff Bridges bordará su papel y que la película estará de una forma u otra en la carrera por los Oscars. Os dejo con el trailer que a mi, personalmente, me ha encantado.