El bosque es un lugar demasiado oscuro y profundo, tengo promesas que cumplir y mucho que viajar antes de poder dormir...

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Ghost Rider: Espíritu de Venganza (Mark Neveldine-Brian Taylor, 2011)

Título original: Ghost Rider: Spirit of Vengeance   Género: Acción, Cómic
Duración: 95 minutos   País: EE.UU.

Con el fin de controlar sus deseos de venganza, Johnny Blaze, El Motorista Fantasma, que ve sus poderes como una maldición, vive apartado del mundo y sin relacionarse con nadie, pero acaba siendo localizado por el monje Moreau, que necesita su ayuda para buscar a Nadya y a su hijo Danny antes de que los encuentre Roarke, un viejo conocido de Blaze.

Bien, vamos allá, sin rodeos, sin concesiones y sin paños calientes: Ghost Rider: Espíritu de Venganza, la última película estrenada hasta la fecha protagonizada por Nicolas Cage, es un fiasco en toda regla, un completo despropósito, un truño de proporciones mastodónticas... En definitiva, UNA MIERDA COMO UNA CATEDRAL.


Para empezar, estamos ante una secuela totalmente innecesaria, al menos planteada tal y como se ha planteado. Ya la primera entrega, titulada Ghost Rider (2007) y dirigida por Mark Steven Johnson -responsable de Daredevil (2003)-, resultó ser una discretísima cinta de acción protagonizada por un personaje de cómic de dilatada trayectoria que merecía, sin duda alguna, una adaptación con mucho más empaque que la que se llevó a cabo en el 2007, que a pesar de todo produjo pingües beneficios. Lejos de enmendar dicho error y animados por la recaudación mundial de dicho film, ciertas mentes privilegiadas de la industria hollywoodiense deciden cuatro años después que es necesaria una secuela y depositan el proyecto en manos de Mark Neveldine y Brian Taylor, el dúo dinámico -o más bien frenético, podríamos decir- responsable de films como Crank (2006) y Crank: Alto Voltaje (2009).


Este binomio de directores opta por pasar olímpicamente de la trayectoria en papel de Ghost Rider y su mitología y deciden que lo mejor es poner en marcha prácticamente un reboot total del personaje pero, eso sí, echando mano del mismo actor que encarnó a El Motorista Fantasma en el film de 2007: nuestro necesitado amigo Nicolas Cage. Además, llama poderosamente la atención que el pésimo guión se articule en torno a una historia de David S.Goyer, quien escribiera en su día las lineas argumentales de Dark City (1998), Batman Begins (2005) o El Caballero Oscuro (2009). Se suele decir que todo el mundo tiene un mal día... Está claro: los días malos de David S.Goyer se sucedieron uno tras otro mientras redactaba esta historia simple, ramplona y rebosante de tópicos digna de cualquier telefilme cutre de sobremesa. Quizás es porque estaba volcado por completo en el guión de The Dark Knight Rises, que se estrena dentro de unos meses.


Todos sabeís que le tengo un cariño especial a Nicolas Cage, pero con esta película ha tocado fondo y no me cabe la menor duda de que en esta ocasión nos ha brindado la peor interpretación de su carrera. Sin duda acuciado por una delicada situación económica personal, el bueno de Cage se ha visto obligado en los últimos años ha aceptar prácticamente cualquier papel que ha pasado por sus manos sin reparar en el daño que dichas participaciones en films de dudosa calidad le inflingen a su reputación. En esta ocasión  vuelve a ser manifiesto el tremendo pasotismo del sobrino de Coppola y la desgana con la que aparece en pantalla, mostrándose visiblemente irritado, incómodo y en ocasiones totalmente forzado y ridículo, como el tono general del film. Está claro que los números rojos de su cuenta bancaria llevan las riendas de su carrera desde hace unos años. Una auténtica pena...


Pero no solamente Nicolas Cage está nefasto, sino que prácticamente todo el reparto en general da vergüenza ajena. Bochornosa es la presencia casi testimonial y anecdótica de Christopher Lambert, quien fuera antaño el inmortal Connor MacLeod y relegado en esta ocasión a un papel absurdo y esperpéntico: Methodius, un estrafalario monje caracterizado de la manera más cutre que recordeís y con apenas dos líneas de diálogo. En la misma línea sonrojante tenemos al veterano actor irlandés Ciarán Hinds dando vida a uno de los villanos más ridículos de los últimos tiempos -ojo a la ceremonia del final, con qué salero se contonea- y también a su patético esbirro Ray Carrigan, tristemente interpretado por Johnny Whitworth. De la heroína de la historia, interpretada por Violante Placido -la Neus Asensi italiana- mejor ni hablamos. El único que aporta algo de dignidad al conjunto es Idris Elba, quién ha llegado a reconocer que estuvo dos días pensándose si aparecer en el film o no. Está claro que no lo meditó el tiempo suficiente.


Por lo demás, tenemos unas localizaciones de baratillo -el este de Europa, donde es evidente que resulta mucho más barato filmar-, unos efectos especiales que dejan mucho que desear y un montaje atropellado que más que entretener, confunde y aturde al espectador. La ausencia de coherencia en el lamentable guión lastra la película desde los primeros minutos de metraje, donde sólo la secuencia inicial se libra del desastre, y teniendo que recurrir a una misma escena dos veces -el Motorista Fantasmas meando cual lanzallamas- para evitar que el espectador quede sumido en un coma irreversible debido al tedio y la vergüenza ajena  que impera en la historia. Decir que es una mala película es quedarse corto...



Posters y trailer de Underworld IV: El Despertar


El próximo 27 de enero llegará a nuestras pantallas Underworld: El Despertar, la cuarta entrega de la saga que narra la lucha encarnizada entre vampiros y hombres lobo que se inició con Underworld (Len Wiseman, 2003) y que continuó con Underworld: Evolution (Len Wiseman, 2006) y Underworld: Rise of the Lycans (Patrick Tatopoulos, 2009). Esta cuarta parte supone el regreso como protagonista de Kate Beckinsale, que participó en las dos primeras películas interpretando a Selene

En esta ocasión la dirección corre a cargo del dúo formado por Måns Mårlind y Björn Stein, y lo más preocupante, a priori, es el hecho de que el guión ha sido escrito por hasta seis personas diferentes, lo que suele ser síntoma de no haber tenido las cosas demasiado claras a la hora de articular un hilo argumental potable. De momento, y para ir abriendo boca y como ejercicio para hacernos una idea de lo que nos espera, os dejo con el trailer en castellano:


Immortals (Tarsem Singh, 2011)

Título original: Immortals   Género: Aventuras, Acción
Duración: 110 minutos   País: EE.UU.

El rey Hiperión y su despiadado ejército avanzan por Grecia, destruyéndolo todo a su paso. Cada victoria le acerca un poco más a su objetivo: desatar la furia de los Titanes confinados en el monte Tártaro para vencer a los dioses del Olimpo. Nada parece capaz de detener su avance hasta que un joven llamado Teseo jura vengar a su madre, asesinada en uno de los ataques de Hiperión. Teseo con la ayuda de la oráculo Fedra, reúne a un pequeño grupo de hombres y asume su destino en una batalla desesperada por el futuro de la humanidad.


A poco que conozcaís mis gustos cinéfilos a la hora de degustar superproducciones y blockbusters varios, ya supondríais que hace tiempo que le tenía ganas a Immortals dada su temática: la épica y las posibilidades que brinda una época como la Antigua Grecia. Es un género en el que disfruto entrando de lleno en el juego de historias imposibles y criaturas fantásticas dejando de lado, en mayor o menor medida, un argumento que en la mayoría de ocasiones es sacrificado en pos del espectáculo visual.


Y eso es algo que ocurre en Immortals, una propuesta que ha sido, es y será comparada con 300 (Zack Snyder, 2006) no sólo por el hecho de que viene de la mano de los mismos productores, sino también por el personalísimo y marcado carácter visual que tanto Snyder como Singh disponen en pantalla en sus producciones y que es una característica que de alguna manera les une. El de Wisconsin ya ha dejado su sello inconfundible en propuestas como Amanecer de los Muertos (2004), la propia 300, Watchmen (2009) o Sucker Punch (2011), mientras que el director indio sembró con La Celda (2000)  las originales y bizarras bases visuales y artísticas de su cine, que luego siguió explotando en The Fall - El Sueño de Alexandria (2006).

Aunque intrascendente para muchos, a mi me ha resultado una película bastante entretenida. Eso sí, confieso haberme sentado frente a la pantalla con la simple intención de pasar un buen rato sin tener en cuenta que el guión es realmente pobre y que cuenta una historia que ya hemos visto con anterioridad en innumerables ocasiones, quizás con mayor consistencia, pero no con un grado de espectacularidad mayor que en esta ocasión. Immortals sabe que su gran baza reside en el derroche visual y la fuerza de las imágenes, y no escatima esfuerzos en ese sentido. Tarsem Singh lo sabe y por ello pulsa de manera premeditada los resortes necesarios para que obviemos esa pobreza argumental: la fuerza de las imágenes, la potencia contundente de los efectos especiales, escenarios y localizaciones de fantasía y un diseño de producción cuidadísimo y embriagador que incluye un vestuario excepcional. ¡Y qué decir de las escenas de acción! Articuladas en torno a una serie de orquestadas coreografías, las escenas de lucha son, sin ningún género de duda, lo más entretenido del film, derivando en ocasiones -la lucha de los Titanes contra los Dioses del Olimpo- en una auténtica carnicería en la que la sangre y las vísceras son protagonistas absolutos.


Al frente del reparto y como protagonista de la historia tenemos a Henry Cavill, el próximo Superman -que está dirigiendo Zack Snyder bajo la supervisión del gran Christopher Nolan, que participa en el guión y es productor del film-, que aporta presencia física e intensidad a la hora de construir a Teseo, héroe de turno y al que, sinceramente, creo que le faltan aún algo de tablas en esto de la interpretación. El que se come la pantalla y se apropia del protagonismo en todo momento es, como suele ocurrir, el villano de la función, que en este caso es el Rey Hiperión, interpretado por un buen Mickey Rourke que parece dispuesto a pasárselo en grande interpretando este tipo de papeles, como ya hiciera con Whiplash en Iron Man 2. La que pasa sin pena ni gloria es Freida Pinto, con una sosa actuación sin apenas trascendencia y relevancia. Del resto del reparto destacaría a un correcto Luke Evans poniéndose en la piel de Zeus y la presencia testimonial del prolífico actor británico John Hurt. La actuación de Stephen Dorff es demasiado superficial como para emitir cualquier tipo de opinión al respecto. Digamos que aparece, sin más.


A pesar de sus casi dos horas de metraje, he de decir que el film pareció transcurrir en un suspiro y me entretuvo, cosa que en los tiempos que corren no es moco de pavo. Insisto en que el hecho de acudir al cine sin más pretensiones que disfrutar de una historia simple pero con sus dosis adecuadas de acción, violencia y brutalidad se me antoja básico y fundamental para no salir decepcionado. Evidentemente, y si buscamos comparaciones, no es la mencionada 300, pero sí que es infinitamente superior a Furia de Titanes, de Louis Leterrier (2010), que se erigió por deméritos propios en una de las grandes decepciones del 2010.


In Time (Andrew Niccol, 2011)

Título original: In Time   Género: Ciencia Ficción, Acción
Duración: 109 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Andrew Niccol   Guión: Andrew Niccol
Música: Craig Armstrong   Web: intime.es

En un futuro en el que se ha conseguido la fórmula de la eterna juventud, el tiempo se ha convertido en la única moneda de cambio para una sociedad sumida en un profundo desequilibrio. Los ricos casi pueden vivir para siempre, mientras los más desgraciados tienen que trabajar y sufrir para ganarse cada minuto de vida. Después de conseguir una inmensa cantidad de tiempo, Will Salas, un joven obrero, intentará cambiar el sistema establecido. Perseguido por los guardianes del tiempo, en su huida tomará como rehén a la hija de un millonario magnate del tiempo.  


De vez en cuando un poco de ciencia ficción nunca viene mal y la última ración que he ingerido viene de la mano de Andrew Niccol, responsable en su día como director de películas tan interesantes como Gattaca (1997) o El señor de la guerra (2005), y guionizando la maravillosa El show de Truman (1998). Además, el planteamiento inicial de In Time es más que interesante: tenemos una sociedad distópica en la que los seres humanos han sido genéticamente manipulados para que dejen de envejecer a los 25 años; el tiempo es ahora la única moneda de cambio a la vez que en un mecanismo para evitar la superpoblación; y, además, ese uso del tiempo ha provocado que los ricos acumulen cientos, miles de años en sus relojes vitales, mientras que la clase obrera tenga que vivir al día, al límite, con apenas unas horas de vida en su muñeca. Es innegable que resulta un punto de partida potente y una lanzadera poderosa desde donde articular una muy buena historia partiendo de esa base.


En esa nueva y desequilibrada sociedad, Justin Timberlake es Will Salas, una de esas personas que viven al día cuya vida dará un giro descomunal. Hay que reconocer que el señor Timberlake no se desenvuelve mal en esto de la interpretación, aunque creo que los papeles protagonistas todavía le quedan algo grandes. Junto a él está una sosa Amanda Seyfried que pasa buena parte de la película con el mismo gesto. La inclusión de la típica y tópica historia romántica entre estos dos personajes es el primer paso importante que la película da hacia la vulgaridad: chico conoce a chica, ninguno es feliz viviendo las vidas que viven y deciden unir sus esfuerzos por cambiar su destino. Demasiado convencional.

Del resto del reparto, hay que destacar a Cillian Murphy, actor que siempre añade interés a la ecuación. El irlandés es uno de esos actores camaleónicos capaz de conseguir muy buenos resultados en casi cualquier registro, y en esta ocasión se encarga de dar vida a Raymond Leon, Guardián del Tiempo, aunque ya me hubiera gustado verlo de protagonista. Lo de Olivia Wilde es prácticamente testimonial, casi un cameo, al igual que lo de Johnny Galecki, nuestro Leonard en The Big Bang Theory.


El otro gran pero que se le puede achacar al film son las escenas de acción. Quizás el director contemplaba como su plantamiento inicial se estaba estancando con la historia romántica de turno y decidió meter escenas de acción de dudosa calidad a una película que realmente no las necesitaba. Para muestra, un botón: la escena del accidente de coche, realmente pueril y mal resuelta. Y el colofón en cuanto a esos detalles que estropean una idea con tantas posibilidades es la abundancia de incoherencias en el guión y a nivel narrativo, con algunos detalles que chirrían y no terminan de encajar.

Pese a ello, no es una mala película. Técnicamente no está mal, y destaca por su fotografía y una dirección artística más que correcta, además de plantear una puesta en escena contenida y sin alardes tecnológicos estridentes y apabullantes. Lo que sí es cierto es que te deja con la sensación de haber sido testigo de cómo una historia con un potencial increible se desaprovecha al redundar una y otra vez en la historia de los dos protagonistas, un auténtico correcalles al más puro estilo Bonnie & Clyde o Robin Hood. Aunque entretiene, podía haber dado mucho más de sí.






Hobo with a Shotgun (Jason Eisener, 2011)

Título original: Hobo with a Shotgun   Género: Thriller, Acción
Duración: 86 minutos   País: Canadá

Un vagabundo llega a una ciudad con la idea de iniciar una nueva vida.Pronto se dará cuenta de que la ciudad no es más que un nido de víboras donde el mal campa a sus anchas por las calles, dominadas por The Drake y sus dos hijos. Ante este panorama, el vagabundo se armará con una escopeta  y comenzará a repartir justicia a su manera, limpiando las calles de toda la escoria que infecta la ciudad.


Ojo a los pósters, cada uno mejor que el anterior...
Señoras y señores, damas y caballeros, hoy toca que nos hagamos eco de una grata sorpresa, una de esas películas de la que apenas esperas nada pero que, por uno u otro motivo, acaba sorprendiéndote y divirtiéndote. Y además, en mi caso, me ha gustado horrores y ya ocupa un lugar en mi "hall of fame" de películas de culto a las que tengo en muy alta estima. 

Hobo with a Shotgun es un film que tiene su origen en esos falsos trailers que aderezaban la doble sesión de Grindhouse (Death Proof/Planet Terror) dirigida por el dúo Tarantino/Rodriguez y sigue la estela de Machete (Robert Rodriguez, 2010), que se convirtió en largometraje después de ser concebido como trailer para la gamberrada que Quentin y el propio Robert idearon. Jason Eisener participó en un concurso realizado en Canadá como parte de la maquinaria promocional de Grindhouse en aquel país con el falso trailer de Hobo with a Shotgun, que se erigió en germen del largometraje que hoy nos ocupa. Nada mejor que echarle un vistazo a dicha gamberrada para ponernos en antecedentes:


Exagerada, bizarra, divertida, hiperviolenta, entretenida, sorprendente, espectacular, cruda, salvaje, descarada, retorcida, sangrienta, absurda, gamberra... La lista de calificativos que podríamos adjudicarle al film es realmente extensa y todos y cada uno de ellos encajarían como anillo al dedo para definir una película osada y atrevida que probablemente no dejará indiferente a nadie tanto para bien como para mal, pero que a mí en particular me ha hecho pasar uno de los mejores ratos de los últimos años en lo que a cine se refiere.


Para empezar, es inevitable sentirse atraido por el descabellado argumento. La idea de un vagabundo convertido en único hombre honesto y brutal justiciero en Hope Scum Town (una decadente ciudad dominada por la temible y ultraviolenta familia Drake y rebosante de policias corruptos, maleantes, pedófilos y demás escoria) es realmente atractiva. Además, si ese justiciero sin techo está interpretado por toda una leyenda como Rutger Hauer, el film alcanza la calificación de golosina imprescindible. El bueno de Rutger engrandece cada plano y sienta cátedra cada vez que abre la boca, incluyendo un par de monólogos que son para levantar el sombrero y aplaudir a rabiar. Muy grande el señor Hauer, que otrora fuera el replicante Roy Batty en la mítica Blade Runner (1982), un sufrido Etienne Navarre en Lady Halcón (1985) y Martin, muy hábil con la espada en Los Señores del Acero (1985), además de dar vida al cabronazo de John Ryder en Carretera al Infierno (1986) y comerse la pantalla con el personaje de Istvan Kovak en El Rito (2011), y que ahora es "simplemente" Hobo, un homeless anónimo que se harta de injusticias y va a por todas escopeta en mano. Llegados a éste punto, sólo puedo abrir los ojos de par en par y disfrutar de la particular cruzada de un actorazo mítico y legendario.


Del resto del reparto cabría destacar a los tres miembros de la familia Drake: Gregory Smith como Slick, Nick Bateman es Ivan y Brian Downey interpreta a Drake, el padre de ambos y villano supremo de la función, muy histriónico y exagerado en su papel de patriarca-cabecilla mafioso que controla la ciudad a su antojo a base de sangre y violencia sin límites. En el otro bando, Molly Dunsworth es Abby, la dama en apuros y también señorita de armas tomar que, pese a trabajar de prostituta, encarna ese pequeño resquicio de pureza e inocencia que aún queda en la ciudad y por la que nuestro vagabundo se partirá la cara.

 

Desde el principio, con una intro perfecta para entrar en materia a base de música setentera e imágenes saturadas en Technicolor, la estética retro nos atrapa y nos sumerge en un viaje al pasado. Técnicamente el resultado es impecable, con una fotografía cuidadísima a cargo de Karim Hussain, quien usa los excesos cromáticos a su antojo como si de un mecanismo narrativo más se tratase. ¿El resultado?: un protagonismo absoluto del color según qué escena, quién intervenga en ella o qué ocurra. Tampoco podemos olvidarnos de los efectos especiales cocinados a la vieja usanza, sin nada de CGI y totalmente artesanales, y de la banda sonora, un complemento ideal para el menú cinematográfico tan disfrutable que Eisener y compañia han preparado con tanto esmero.


Resumiendo, Hobo with a Shotgun es una película llamativa en lo visual y en lo narrativo, con una historia de venganza y justicia callejera llena de guiños e infinidad de detalles por descubrir, además de numerosos elementos deudores del cine exploitation setentero (también tiene mucho que agradecer al cine que mostraron en sus comienzos gente como Sam Raimi, Peter Jackson o las películas de la Troma, por ejemplo) en la que campan a sus anchas la violencia más explícita, el gore más descarado y alguna que otra bizarrada (incluyendo a La Plaga, un escuadrón de la muerte motorizado formado por dos matones forrados en acero que parecen sacados del universo Mad Max (1979), un Santa Claus pedófilo y hasta la fugaz aparición de ¡un pulpo gigante!). Además, no faltan algunas pinceladas de humor negro y ninguna intención de tomarse en serio a sí misma, lo que cierra el círculo y la convierte, vuelvo a insistir, en película de culto. Para mí, imprescindible.





Los Mercenarios (Sylvester Stallone, 2010)

Título original: The Expendables   Género: Acción
Duración: 100 minutos   País: EE.UU.

Barney Ross es el líder de un grupo de hombres estrechamente unidos que viven al margen de la sociedad. Cuando el misterioso Sr. Church les ofrece un encargo que nadie más aceptaría, Barney y su equipo se embarcan en lo que parece ser una misión rutinaria: derrocar al general Gaza, el dictador asesino de la pequeña isla de Vilena, y poner fin a años de muerte y destrucción inflingidas a su gente. Pero las cosas no son lo que parecen y se verán atrapados en una peligrosa red de engaños y traiciones...


Sólo hay que echarle un vistazo al reparto de Los Mercenarios para darnos cuenta de que lo que ofrece el film es un tremendo cóctel de regusto ochentero a base de testosterona y adrenalina servido por un selecto grupo de habituales en esa variante del género de acción que opta por la virilidad y la fuerza bruta por encima de cualquier otra cosa. Para disfrutar plenamente de una película así hay que dejar el cerebro en la puerta y, de paso, cualquier pretensión que vaya más allá de pasar un rato entretenido a base de tiros, explosiones, puñetazos y bravuconadas varias.


Sylvester Stallone escribe, dirige y protagoniza una historia en la que se rodea de viejas glorias del cine de acción de los '80 y '90 (Dolph Lundgren, Jet Li y un recuperado Mickey Rourke)  junto a otros actores que forman parte de la nueva escuela (léase Jason Statham) e incluso figuras míticas como Bruce Willis y Arnold Schwarzenneger (que aparecen junto a Stallone en un cameo para la historia, fugaz pero divertido). Esta combinación de rostros conocidos funciona a la perfección y no cabe duda de que fue uno de los principales ganchos del film a la hora de triunfar (moderadamente) en la taquilla.


Junto al selecto plantel de tipos duros tenemos como protagonista absoluta a una ingente cantidad de acción sin tregua, con escenas bien rodadas que se solapan a otras que parecen sacadas de un telefilme de sobremesa. En el lado positivo destaca por encima de todas la secuencia del bombardeo del embarcadero de Isla Villena, realmente espectacular. Por lo demás, los efectos especiales no son nada del otro mundo y vienen a ser más de lo mismo si nos fijamos en otras películas del mismo género.


Realmente merece la pena echarle un vistazo, aunque sea para comprobar lo bien que encajan en un mismo plano algunos de los más célebres actores del típico cine de acción de los '80 y '90 junto con las emergentes figuras actuales, además de pasar un rato entretenido siendo testigos de cómo unos norteamericanos de armas tomar derrocan una república bananera y salvan al oprimido pueblo de las garras de un tiránico dictador por el simple placer de instaurar la democracia y devolverles a los ciudadanos el poder. Vamos, un hecho real como la vida misma (nótese mi ironía...).

Furia Ciega (Patrick Lussier, 2011)

Título original: Drive Angry   Género: Acción, Road Movie
Duración: 104 minutos   País: EE.UU.
Música: Michael Wandmacher   Web: warnerbros.es/driveangry/index.html

Después del asesinato de su hija y del secuestro de su nieta, Milton (Nicolas Cage) emprende su particular e implacable venganza contra los culpables. Junto a él viajará una camarera que desconoce el oscuro pasado de Milton, y ambos serán perseguidos por la mano derecha del mismísimo diablo.


Hoy toca avisar de nuevo y advertiros que esta reseña/crítica carece totalmente de objetividad debido a mi particular fanatismo por Nicolas Cage y mis gustos excesivos. Furia Ciega (Drive Angry) es una película llena de excesos y repleta de violencia, acción, velocidad, sexo, pólvora, sangre, estridente música rock, caminos polvorientos y polvos por el camino, además de meter por medio a una secta de pirados y a un ayudante del Diablo muy especial. Con semejantes ingredientes, servidor se lo pasó muy bien en el cine disfrutando de un Nicolas Cage más vengativo que nunca y con nuevo look capilar.


El elegido para combinar todos esos ingredientes fue Patrick Lussier, director de la reciente San Valentín Sangriento (2009) y del futuro remake o reboot de Hellraiser, consiguiendo un resultado, digámoslo así, "peculiar". Cualquier atisbo de lógica en el guión es pura coincidencia, y he de reconocer que el argumento consiste en un refrito muy especiado que nos recordará a películas como Terminator, Death Proof, Machete y muchos títulos más, especialmente si están protagonizados por el vengativo antihéroe de turno.


Entiendo perfectamente que será un truño para gran parte del respetable, pero yo me he divertido, me he reido por momentos y no he tenido en ningún momento la sensación de haber tirado la entrada o de haber sido engañado, cosa que me ocurrió recientemente con Invasión a la Tierra, en la que a duras penas pude aguantar despierto. Con Furia Ciega es difícil caer en el sopor porque cuando no te mantienen despierto los tiroteos lo hace el peluquín de Nicolas Cage, que invade la pantalla moviéndose con estilo al ritmo que marcan las balas.

Está claro que Nicolas Cage no está hecho para ser un héroe de acción, al menos no como los que estamos acostumbrados a ver en la gran pantalla. Aún así, en esta ocasión se asemeja más a Charles Bronson cuando éste interpretaba a vengadores obcecados de oscuro pasado y futuro incierto, y la verdad es que en los últimos tiempos he visto al bueno de Cage en roles mucho peores debido a su imperiosa necesidad de ingresar dinerito en su cuenta. Su compañera en pantalla, Amber Heard, se limita a ejercer de partenaire sexy  pero de armas tomar, con escuetos diálogos y una personalidad dura muy definida. El que se mete al espectador en el bolsillo a base de complicidad y un humor muy peculiar es William Fichtner, encargado de dar vida a El Contable, una especie de parca al servicio del Diablo que, interpretativamente, es lo mejor del film, arrancando sonrisas del respetable en cada aparición. Una película que girara en torno a este personaje no estaría nada mal y daría mucho juego. Sobre Billy Burke y David Morse poco que contar, salvo que el primero interpreta con mucho exceso a Jonah King, líder de una secta de "putos adoradores del Diablo" (como bien comenta el personaje de Amber Heard en un momento del film) y el segundo apenas interviene con un papel meramente testimonial como viejo amigo de Milton (Cage).


Yo os la recomendaría siempre y cuando hagaís acto de presencia en el cine con las ganas suficientes como para pasároslo bien sin pedirle peras al olmo (es decir, sin exigirle mucho a un guión realmente flojito y prefabricado a base de retales hasta componer un crisol de influencias y homenajes cinéfilos teledirigido a un determinado público). Añadir por último que la banda sonora, rebosante de canciones de rock y country & roll, es de lo mejorcito del film (y es merecedora de una entrada aparte, igual que los coches, auténticas joyas de la carretera...) y que, como suele ocurrir últimamente, el 3D es una mera excusa para lanzarnos cosas a la cara, y este recurso empieza a sobrar en el mundo del cine.  En definitiva, que Nicolas Cage sigue sin redimirse, pero al menos divierte un rato con una película que he saboreado como si se tratara de un episodio de Sobrenatural con algo más de metraje, caras conocidas y sin los hermanos Winchester...



Invasión a la Tierra (Jonathan Liebesman, 2011)

Título original: Battle: Los Angeles   Género: Acción, Ciencia Ficción
Duración: 116 minutos   País: EE.UU.
Música: Brian Tyler   Web:

Durante años ha habido casos documentados de avistamientos de OVNIS en todo el mundo. Pero en 2011, lo que hasta ese momento eran simples avistamientos resulta una terrible realidad cuando la Tierra es atacada por fuerzas desconocidas. Mientras todos son testigos de cómo caen las grandes ciudades del mundo, Los Ángeles se convierte en el último bastión de la humanidad en una batalla que nadie esperaba. Un sargento de la Marina y su división son los que tendrán que definir los límites frente a un enemigo como jamás se habían encontrado.

Una vez más, me han vuelto a engañar. Y esta vez lo ha hecho el montador del tráiler de Invasión a la Tierra, con un clip que me animó a ir al cine a echarle un vistazo a un  film que, aparentemente, prometía espectáculo, ciencia ficción y diversión, y con lo que me he encontrado ha sido con una película aburrida, tediosa, inconexa, sin base científica alguna y llena de tópicos. 


Jonathan Liebesman, el director, debería replantearse seguir en esto del cine. Debutó en 2003 con En la oscuridad (Darkness Falls), una historia de terror bastante limitadita, y siguió con La Matanza de Texas: el Origen (2006), una especie de precuela que, personalmente, me gustó bastante y que intentaba ahondar en la génesis de Leatherface. En 2009 rodó The Killing Room (que no he tenido la oportunidad de ver) y ahora nos trae esta bazofia a la que no hay forma humana de coger por ningún lado. Trayectoria llena de altibajos , sin un estilo propio y sin centrarse en un género en particular que explotar. Para colmo de males, dejan el guión en manos de un tal Christopher Bertolini que sólo cuenta en su haber con el libreto de La Hija del General, película de 1999, con lo que este "guionista" lleva inactivo la friolera de doce años...


Por lo tanto, tenemos un argumento mil veces visto: una invasión alienígena a la Tierra. En es sentido, la película va al grano, aunque se permite el lujo de ofrecernos un flash-back cutrísimo que pretende dramatizar la situación mostrándonos las circunstancias de los estereotipados protagonistas: un teniente novato, un soldado a punto de casarse, otro que va a ser padre, el  sargento que está de vuelta de todo... Craso error: hemos venido a ver una película de acción, de invasiones, no un drama familiar cutrongo. 

A continuación se desencadenan los hechos (esto es, la invasión) y comienza el mareo: secuencias con cámara al hombro, zooms realmente torpes e improcedentes, planos desencuadrados... Todo un despliegue de ineficacia técnica que produce dolor de cabeza y ganas de apartar la vista por momentos (como personalmente me ocurrió). Es un vano intento de acercarse en ese aspecto técnico a Michael Bay o Paul Greengrass. 


Por si fuera poco, los diálogos brillan por su ausencia y cuando aparecen producen vergüenza ajena, especialmente las tres frases contadas de una Michelle Rodriguez que empieza a estar encasillada en el papel de tía dura de masculinidad manifiesta. Y hablando de interpretaciones, me vais a permitir que condene al reparto en general, formado en su mayoría por chavales desconocidos muy poco duchos en esto de la interpretación. Tampoco voy a mencionar a un Aaron Eckhart totalmente perdido en medio de un rebaño de principiantes que se pasa toda la película con cara de ¿Yo qué hago aquí? y deseando que Christopher Nolan le vuelva a llamar para ser Harvey Dent/Dos Caras en The Dark Knight Rises.


No se la recomendaría ni a mi peor enemigo. Intenta ser un compendio de un género a caballo entre el cine bélico y el de ciencia ficción, tomando como referencia películas como Independence Day, Black Hawk Derribado, Jarhead o la reciente En Tierra Hostil, pero acaba siendo un tostón de proporciones épicas, con una factura técnica confusa y estresante y capaz de sumir al espectador en un estado soporífero que hace que a los 50 minutos de metraje parezca que hayan transcurrido tres horas en la butaca del cine. Y eso es muy mala señal...



The Mechanic (Simon West, 2011)

Título original: The Mechanic   Género: Acción, Thriller
Duración: 90 minutos   País: EE.UU.

Bishop es un "mecánico", un meticuloso asesino profesional que mata por encargo haciendo que las muertes parezcan causadas por accidentes o causas naturales. Steve le pide que le enseñe sus métodos para emprender la misma trayectoria profesional. Bishop le entrena y comparte con él los secretos de la profesión, llegando incluso a trabajar codo con codo para llevar a cabo una fría venganza...

Hoy toca remake, y de una película con solera: en 1972 Michael Winner dirigió The Mechanic (titulada en España con el rimbombante "Fríamente... sin motivos personales") y contó con Charles Bronson en el papel principal. Treinta y nueve años después, Simon West nos ofrece su propia versión, con el hierático pero contundente Jason Statham como principal protagonista. The Mechanic (y vamos a dejarnos las traducciones libres y ridículas) es una película sincera. Y digo lo de sincera porque en ningún momento pretende vendernos la moto y nos ofrece lo que promete a priori, con lo que en ningún momento nos sentiremos engañados si lo que nos apetece es una historia de acción en la que un mastuerzo reparte estopa a diestro y siniestro, preparando ensaladas de tiros y resolviendo entuertos como sólo un antihéroe como Jason Statham puede hacerlo. 


The Mechanic es una película entretenida. Partamos de la base de que el guión no es lo más importante y la historia que nos ofrece es bastante sencilla: la de un asesino a sueldo que por uno u otro motivo deja de ser útil a aquellos que sirve, por lo que deciden retirarlo del oficio. Con un planteamiento así de directo, la historia no se anda con rodeos y se encamina desde el principio hacia un final previsible que muchos de nosotr@s nos imaginamos, pero eso no le resta mérito, ya que donde el director centra sus esfuerzos no es en que la película desemboque donde lo hace, sino cómo lo hace.

El camino que el film decide emprender es el de la acción sin tregua, con un uso racionalizado de explosiones, tiroteos y escenas de mamporros que hacen de esta película una historia entretenida e incluso divertida, que sólo nos pedirá como requisito el dejarnos llevar sin poner trabas u objeciones. 

Statham hace el papel de siempre y en el que se siente más cómodo: tipo serio y duro, hombre de pocas palabras, comprometido con su trabajo/causa/misión, pero con un toque de ética y moralidad que hace que empaticemos con él a la primera. Ben Foster no lo hace mal como alumno desquiciado e imprevisible, y respecto a Donald Sutherland poco que contar, salvo que siempre es un placer verle actuar. Como villano de la función, un discreto Tony Goldwin.

Vamos, que estamos ante un thriller sencillo y sin manierismos para ver en una tarde ociosa, con palomitas opcionales y con la seguridad de que es una película de acción correcta que no pasará a la historia ni por argumento, espectacularidad o aportación al género. Eso sí, los fans de Statham disfrutarán de lo lindo.



Hell Ride (Larry Bishop, 2008)

Título original: Hell Ride   Género: Acción (road movie, explotation)
Duración: 83 minutos   País: EE.UU.
Dirección: Larry Bishop   Guión: Larry Bishop
Música: Daniele Luppi
 
La banda de los Victors, con Pistolero, The Gent y Comanche a la cabeza, se disputan la supremacía motera de la zona contra la banda rival: los 666ers. Además, intentarán saldar por todos los medios una cuenta pendiente del pasado.

En esta vida que nos ha tocado vivir es casi un lujo tener buenas amistades de esas que están a tu lado en todo momento.  Y si tienes un amigo con cierta influencia en el mundo del cine que dispone de la pasta suficiente para producirte una película, aunque sea una bazofia, pues no cabe duda de que eres un tipo afortunado. Bien, eso es lo que le ocurrió a Larry Bishop, que escribió, dirigió e incluso protagonizó Hell Ride bajo el amparo de Quentin Tarantino, que le produjo este film incluyendo el goloso cebo de "Quentin Tarantino presenta", señuelo con el que no fuimos pocos los que caimos en la trampa y sufrimos dicha historia. 

Película sin pies ni cabeza, con un guión nada elaborado, donde los incoherentes acontecimientos se suceden sin emoción, sin sentido y sin motivo. Adolece de una falta de ritmo alarmante, llegando a aburrir de manera soberana, y según se acerca el final se torna demasiado predecible. Y eso que a priori llama poderosamente la atención al tratarse de una historia de venganza entre bandas de moteros (la sombra de Sons of Anarchy es alargada y cualquier comparación con esta gloriosa e imprescindible serie es especialmente odiosa...), ambientada en el desierto, y con el apadrinamiento de Tarantino. Pero aún así, Hell Ride se estrella nada más levantar el vuelo y no levanta cabeza durante sus escasos 80 minutos de metraje. Larry Bishop juega a ser Tarantino, y tristemente no lo consigue (como era de esperar): diálogos que son un "quiero y no puedo", lenguaje malsonante, mujeres fatales contoneándose en pantalla, sangre, alcohol... Pone en juego todos los ingredientes posibles para emular al gran Quentin, pero está claro que el secreto está en la coctelera y en la mano que la agita, y no en la materia prima.


Y eso que cuenta con interpretaciones estelares y cameos de relumbrón, al contar con un correcto Michael Madsen que cabalga con estilo su chopper y sigue teniendo ecos del Señor Rubio que brillara con luz propia en Reservoir Dogs. A su lado, Larry Bishop desluce mucho como protagonista (y se han pasado con el maquillaje, pareciendose más a Naranjito con perilla que a un líder motero), y Eric Balfour que me sigue pareciendo tan mal actor como de costumbre. Vinnie Jones aparece haciendo el papel de siempre, y David Carradine y Dennis Hopper (descansen en paz...) sí que tienen sus momentos de gloria en sendos cameos que recuerdan a trabajos anteriores suyos como Kill Bill y Easy Rider, respectivamente.


Y poco más que contar. Si hay algo que destaque, es la banda sonora, muy tarantiniana y con canciones de calidad, y también podríamos hacerle un hueco a las motos (¿cuando una chopper o una Harley ha salido mal en pantalla?). Por lo demás, un sinsentido total que pese a su escasa hora y veinte minutos de duración, se me hizo especialmente pesada y aburrida. Para ver a tipos duros con chaleco de cuero quemando rueda y ajustando cuentas de verdad, me quedo con los Hijos de la Anarquía, que no tardarían ni un minuto en acabar con estos tipos de Hell Ride. Tarantino, no hagas más favores de esta índole y a lo tuyo, que es escribir y dirigir.



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