Así es: después de Black Tongue y de Curl of the Burl, el nuevo adelanto de The Hunter, próximo e inminente disco de Mastodon, se titula Spectrelight, y es un contudente golpe en la mesa por parte de los de Atlanta, dejando bien claro que siguen siendo los amos en lo que al metal de nueva hornada se refiere, sobre todo en este arranque del siglo XXI. Un tema brutal y cargado de fuerza que hace que las ganas de disfrutar de su nuevo disco (sale a la venta el 26 de septiembre) se multipliquen por mil...
Es el último dia de clase en un instituto nipón y una profesora se despide de los alumnos con el anuncio de que deja la
escuela, y añadiendo una confesión: ha descubierto que su hija de cuatro años, ahogada en la piscina de la escuela, fue en
realidad asesinada por dos estudiantes de esa misma clase, y
añade que ya ha puesto en marcha su venganza contra ellos...
Las grandes películas no necesitan demasiadas presentaciones. Ellas solas se abren camino de forma contundente desde el principio de la narración. Incluso a veces captan la atención y despiertan el interés simplemente con un par de pinceladas argumentales, y en el caso de Confessions ( 告白, Kokuhaku) su simple pero rotunda sinopsis supone un interesante punto de partida para una historia brillante, intensa, emotiva, conmovedora y perturbadora a partes iguales, sin dejar de lado en ningún momento un férreo contacto con la realidad más aplastante y, tristemente, de rabiosa actualidad en este tiempo que nos ha tocado vivir. Además, os podeís hacer una idea de la enjundia del film si os digo que fue la película elegida por la Academia de Cine Japonés para representar al país del sol naciente en la edición de los Oscars de este año 2011. Aunque finalmente no pasó el corte de la Academia de Hollywood, en Japón sí que consiguió el premio a Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión y Mejor Editor en la 34ª edición de los premios de la Academia de Cine Japonés.
La película comienza con la confesión mencionada en la sinopsis por parte de la profesora Yuko Moriguchi, interpretada con un aplomo y una frialdad imperturbable por una espectacular Takako Matsu. Esa primera media hora del film, que no deja de ser una introducción para disponer las piezas en el tablero y a partir de ahí desarrollarlo todo, es un brillante ejercicio narrativo de una calidad y una clase cinematográfica increible. Lo podríamos escindir del resto de la película y disfrutarlo como si de un mediometraje se tratase sin que su calidad y potencia narrativa perdiera ni un ápice. Pero no, no deja de ser una introducción a partir de la cual procesar y digerir el resto de la historia, narrada desde el punto de vista de cinco personajes, incluyendo a la profesora Moriguchi además del de los dos implicados en el asesinato de su hija, la madre de uno de ellos y el de una compañera de clase que tendrá mucho que decir en la brillante historia, que gana en matices y giros impactantes desde las perspectivas de estos personajes. Los tres jóvenes protagonistas (Ai Hashimoto como Mizuki Kitahara, Yukito Nishii en el papel de Shuya Watanabe y Kaoru Fujiwara como Naoki Shimomura) bordan sus papeles adolescentes transmitiendo en todo momento los diferentes estados por los que transitan a lo largo de la historia.
Confessions es un oscuro relato de venganza (¡y qué venganza, oiga!) y una historia que intenta indagar en las motivaciones que pueden llevar a los jóvenes de hoy en día a cometer crímenes y fechorías, al mismo tiempo que supone una profunda y dura reflexión sobre la escasez de valores en la sociedad actual (me da igual que hablemos de la sociedad nipona o de la española, no encuentro diferencias de peso...), incluyendo una clara y meridiana crítica a las leyes que amparan y protegen a los menores ante cualquier delito y les ofrecen poco menos que carta blanca para violar las leyes del civismo, sabedores de antemano que su castigo será, en todo caso, efímero y liviano. Además, es una historia que lejos de caer en exageraciones e hipérboles, se encuentra totalmente anclada a la más dura realidad e incluso podríamos añadir que, como se suele decir, "la realidad siempre supera a la ficción". El sistema educativo actual, el bullying en los centros de enseñanza, la estructura y el rol de la familia en la sociedad del siglo XXI... Confessions toca muchos aspectos y nos cuenta muchas cosas sin llegar en ningún momento a sobrecargarnos.
Técnicamente perfecta, es digna de elogio la lírica y elegante puesta en escena, muy videoclipera por momentos, y la perfecta sincronización entre las imágenes y la excepcional banda sonora, totalmente melancólica y turbadora, convirtiendo la película en una especie de pesadilla totalmente realista en la que la narración avanza a golpe de flashbacks, escenas oníricas o momentos en los que la intensidad se acentúa con un brillante e inteligente uso de la cámara lenta. El precioso e inédito tema de Radiohead que suena durante el film (Last Flowers) no es más que la guinda para un trasfondo musical inmejorable.
En definitiva, un peliculón como la copa de un pino, grata sorpresa que cambia totalmente el concepto preinstalado en mi procesador cinematográfico interno sobre el cine oriental y toda una experiencia para los sentidos y el alma con una historia de esas que te cogen, te zarandean, te golpean y te aturden pero que a la vez te hacen pensar y te dejan con un extraño sabor de boca al terminar. Tanto GuardiaOscura como Sonia Unleashed y Angel de Alas Negras ya la había visto y más o menos coinciden en la valoración final. Para mí, película imprescindible no del 2010 ni del 2011, sino de todos los tiempos, y va directa a mi Hall of Fame particular.
Lola es la chica buena del instituto que invita a Brent, el macarra de turno al baile de fin de curso, declinando éste la invitación. A partir de ahí, Lola decidirá prepararle a Brent un fiesta privada y muy particular...
A esto le llamo yo debutar a lo grande. Es la primera vez que el australiano Sean Byrne (nacido en Hobart, Tasmania) se pone tras las cámaras para dirigir un largometraje y ha conseguido un film bastante redondo, lleno de virtudes y con apenas defectos, convirtiéndole en un director muy a tener en cuenta para los próximos años. Además, The Loved Ones fue seleccionada en su día para multitud de certámenes como el Festival de Cine Internacional de Toronto, donde ganó el premio a la Mejor Película dentro de la sección Midnight Madness en la edición de 2009, o en nuestro Sitges, donde también causó sensación.
El film es una efectiva y acertada amalgama de subgéneros encuadrados dentro del cine de terror no exenta de frescura y desparpajo, lo que la convierte en una historia sorprendente a pesar de que ciertos pasajes nos pueden llegar a recordar a otras películas. Así, es inevitable echar la vista atrás y tener presente a La Matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), todo un clásico dentro del cine de terror, cuya esencia está presente en el film de Sean Byrne en forma de familia extremadamente demente, incluyendo un paralelismo entre el Abuelo Sawyer del film de 1974 y "Ojos Claros" (Bright Eyes), un personaje similar presente en The Loved Ones. Además, la historia acontece durante un evento muy socorrido a lo largo de la historia del cine, tanto dentro del cine de terror como en otro tipo de géneros: la noche o baile de graduación en el instituto, momento y lugar prolíficos para que se sucedan todo tipo de situaciones. Por último, la violencia exhibida en el film puede llegar a recordar a producciones modernas encuadradas dentro de ese nuevo subgénero denominado "torture porn", del que Hostel (2005) y Hostel 2 (2007) son dos buenos ejemplos de violencia y tortura no exentos de éxito en taquilla.
Pero nada de lo anterior asegura el éxito en una película de género, y Sean Byrne se saca de la manga varios recursos que multiplican la valía del film y lo catapultan hasta colocarlo bastante alto, quizás no en la categoría de película de culto instantánea, pero sí hasta convertirla en una de las apuestas más originales y efectistas de los últimos años. Para empezar, la descripción psicológica de los personajes y el retrato que el director/guionista hace de cada uno de ellos es uno de sus puntos fuertes. Pocas veces se suele profundizar de esta manera en la psique de los protagonistas y, cuando eso ocurre, la propia historia lo agradece. Brent (Xavier Samuel) es un muchacho atormentado por la culpabilidad después de la muerte de su padre en un accidente de tráfico e inmerso por completo en un camino de autodestrucción que le está corroyendo por dentro. Tendrá la mala suerte de rehusar la invitación para ir al baile de graduación que le hace una estudiante bastante tímida y apocada, lo que tendrá consecuencias fatales para él. Y aquí es cuando hay que hacer una parada obligatoria en el personaje de Lola Stone, interpretado por Robin McLeavy, auténtica estrella de la función e inmediato psychokiller icónico desde la primera vez que da rienda suelta a su sádico desequilibrio en pantalla. Su actuación es impecable, haciendo que la fina línea que separa la inocencia de la locura sea prácticamente imperceptible. Lola es un personaje tan inestable y con un potencial psicópata tan grande que realmente resulta inquietante y turbador. Un aplauso enorme para Robin McLeavy, prácticamente una desconocida hasta ahora.
Pero la cosa no queda ahí, aunque sí en familia, porque el otro gran personaje de la película es el padre de la criatura, el señor Stone o simplemente Daddy, interpretado por John Brumpton y demostrando que de tal palo, tal astilla. Borda el personaje de marido psicópata y padre totalmente sumiso y rendido a la voluntad destructiva de su hija Lola. Además, queda claro en varias ocasiones que entre ellos parece haber algo más aparte de una simple y tradicional relación paterno-filial.
Básicamente, ellos tres contituyen los pilares interpretativos de una historia con grandes dosis de violencia y tortura física, aderezada prácticamente en todo momento con pinceladas de humor negro. Además, el maltrato psicológico va totalmente ligado a la tortura que nuestra joven y desquiciada princesa inflinge a su víctima. Sin duda, escenas como la del taladro forman ya parte de mi subconsciente cinéfilo de género, además de otras muchas en las que la psicopatía de Lola queda perfectamente reflejada, con sangre e incluso algo de gore presentes en dosis ajustadas pero efectivas. Y por si fuera poco y justo cuando ya atisbamos un supuesto desenlace en la historia, el guión de Sean Byrne nos agarra por el cuello y da un salto hacia un lado, resultando una disposición totalmente nueva en una historia de elementos de corte tradicional sin aparentemente capacidad de sorpresa. Quizás adolezca de un final ligeramente anticlimático y convencional y de algunos pasajes narrativos algo lentos y desubicados en apariencia, pero constituyen pequeños defectos que paso totalmente por alto después de la intensidad y el "buen rato" que The Loved Ones me hizo pasar. Totalmente imprescindible, un pequeño clásico del cine de terror de los últimos años, muy necesitado de valentía y gente dispuesta a arriesgarse con ideas frescas e innovadoras.
Por cierto, podeís echar un vistazo a lo que opina sobre esta película Perse (Angel de Alas Negras), que la vió en su día y me la estaba recomendando a base de bien...